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9 de diciembre de 2019





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Lobo u hombre
El único derecho al que el hombre nunca renunciará es: a preservar su existencia y cuando esta corre peligro, ya sea, por ineptitud del Estado, o por su extrema crueldad, el pacto se considerará violado.
Noel Álvarez/Noelalvarez10@gamil.com

26 Nov, 2019 | "El hombre es un lobo para el hombre". Este aserto lo pronunció el filósofo británico Thomas Hobbes. Su principal inquietud era el problema del orden social y político: ¿cómo los seres humanos pueden vivir juntos en paz, sorteando el peligro de provocar conflictos entre ellos? De allí emana la razón fundamental de ser del Estado, que descansa sobre la premisa de preservar la seguridad de sus habitantes, respetando sus ideas, sean estas de cualquier índole.
Esa condición, donde coexistirían la violencia; la sana convivencia y la paz, sería solo un anhelo remoto, llamado por Thomas Hobbes "estado de naturaleza". El filósofo planteó una alternativa: es como dar nuestra obediencia a un soberano irresponsable, a una persona o grupo facultado para decidir cada tema social y político”. De lo contrario, lo que nos espera es un «estado de naturaleza» que se asemeja mucho a una guerra civil.
La justificación del poder soberano, de un rey, de un autócrata, no ahora justificado por la vía de la legitimación divina, sino, por la vía del empirismo y un racionalismo conservador, pero a fin de cuentas un racionalismo que quiere rescatar a la monarquía y su autoridad, sin entrar al tópico religioso. El hombre y su comportamiento, composición física y mental representan un complicado entramado de sentimientos, pasiones, iras, frustraciones, temores, ambiciones que lo animan a vivir en eterna competencia, a vivir inseguro y en una desconfianza subyacente, en un estado de guerra latente.
Algunos pensadores señalan que en Thomas Hobbes y Juan Jacobo Rousseau se encontrarían las raíces del sentido e importancia de la teoría contractualista, mediante la cual las sociedades convergieron en la necesidad de formalizar un acto, una abstracción, a la que ambos denominan "El Contrato", el cual luego se materializó en la idea del "Estado". El contractualismo es una corriente de filosofía política y del derecho, que piensa el origen de la sociedad y del Estado como un contrato original entre humanos, por el cual se acepta una limitación de las libertades a cambio de leyes que garanticen la perpetuación y ciertas ventajas para el cuerpo social.
El "contrato" solo importa para Hobbes en el sentido que este representa el camino para derrotar a la anarquía, la cual se desprende desde el comportamiento mismo del ser humano, que siempre estará dominado por sus miedos, pasiones y demás sentimientos espurios. Ese pacto conformará la base de un orden legal que tendrá como fin, la paz, entendida esta, como el respeto de las propiedades, las ideas políticas y la garantía de una de las pertenencias inalienables de cada ser humano: su vida.
Una muestra del pensamiento político en general de Hobbes, es el tema sobre "El estado de naturaleza", y se pregunta, que si este es de ¿paz o de guerra? Para el pensador inglés, “consiste en la permanente guerra, ya que el hombre es el lobo del hombre". Para evitar esa situación, Hobbes dice que, “los hombres ceden su derecho de auto gobernarse para sujetarse a una persona o a una asamblea, pero bajo el entendido de que todos los hombres así lo harán”.
"El hombre ha nacido libre, y en todas partes se halla entre cadenas", escribió Juan Jacobo Rousseau. El fin para el cual el hombre considera útil renunciar a todos sus derechos del estado de naturaleza es la preservación de su vida, ya que, en este, sin el "pacto" entre los ciudadanos de una nación, "la vida no vale nada''. El único derecho al que el hombre nunca renunciará es: a preservar su existencia y cuando esta corre peligro, ya sea, por ineptitud del Estado, o por su extrema crueldad, el pacto se considerará violado. En consecuencia, el individuo tendrá el derecho de recuperar su “estado de naturaleza”, el cual utilizará para defenderse como mejor le parezca, es decir, para ejecutar actos de legítima defensa en contra de quien intente agredirlo, sea este el Estado o algún particular.
Los inevitables abusos de poder, el control inmoderado ejercido por uno solo, requerirán ser acotados, la idea de la separación de poderes es una de las lecciones más próximas que se tienen. En los tiempos que corren, parece estar cumpliéndose una de las sentencias de Hobbes en su obra Leviatán: "Sin el poder del Estado no habrá arte ni letras ni sociedad (...) y, lo peor de todo, miedo continuo y peligro de muerte violenta, y la vida del hombre será solitaria, pobre, maligna, brutal y corta”.
En Venezuela estamos viviendo momentos muy críticos, por un lado, el avance y control de extensas fajas de terreno por parte de la delincuencia interna y por otro, la impunidad con la que actúan guerrilleros y paramilitares, dentro de nuestro territorio, sin dejar al soslayo, la profunda descomposición de los cuerpos policiales y militares, este perverso coctel, nos conduce a una inquietante conclusión: nos encontramos ante un profundo resquebrajamiento del poder del Estado que nos conduce directamente a una situación de “somalización” del país, ante la cual, no es descartable que el individuo reclame la devolución de su estado de naturaleza, delegado en un Estado que no fue capaz de administrarlo.




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