Porlamar
9 de diciembre de 2019





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Yo sueldo mi sueldo
Para disfrazarse en carnavales, o dar una serenata había que sacar permiso en la cabecera del municipio Gómez; y hasta los salarios eran establecidos desde allá.
Mélido Estaba Rojas | melidoestaba@gmail.com

27 Nov, 2019 | Cuando “Los Hatos” se libró de los imperialistas del Norte (me refiero a Santa Ana) el pueblo bailó y celebró por cada rincón, con parrandas que parecía que nunca iban a terminar ¡Ave María Purísima! Jesús, el de Chico Goya; Hirám, el de Graciela; y Chaelo, el de Carmita, fueron los dirigentes de aquel gentío que recorría las dos calles gritando vainas que nadie entendía.

Hablaban de reconversión monetaria, dinero sin órgano (o sea: inorgánico), guerra económica, gas directo, protectores y qué sé yo…! Tío “Colás” –mano é rana- el mejor tirador de cohetes que ha dado nuestro pueblo, tuvo que trabajar sobretiempo metiéndole carburo y “ñinguitas de aceite quemao” a las perolas de leche Klim, para disparar aquellos cañonazos que producían las tapas al volar por entre los yaques y cautaros mientras Maximino Bauza, le gritaba “mételes bastante carburo, Colás, pa´que hagan mucho ruido y el imperio nortero sepa que somos vergatarios”.

Altagracia, que entonces era distrito Sucre, debía acatar las normas emanadas desde el Norte, a tal extremo que los faltones iban presos para Santa Ana; y una patrulla comandada por Julián, armado con su machete tres canales y un tabaco entre los dientes, estaba en la obligación de venir cada quince días a hacer recorridas para ver cómo nos estábamos portando.

Para disfrazarse en carnavales, o dar una serenata había que sacar permiso en la cabecera del municipio Gómez; y hasta los salarios eran establecidos desde allá. Por cierto: en esos tiempos había un almacén llamado “Santa Ana Import”, ubicado en plena esquina de la plaza, que se dedicaba a la importación. Mi progenitora – muy católica, ella- suponía que ese nombre correspondía a una advocación de la Virgen María, se convirtió en su devota y le pedía encarecidamente por nosotros: “Ay Santa Ana import, cuídame a mis hijos y líbralos de todo mal”.

El pueblo comenzaba a adquirir su personalidad y la jornada más rentable era “repellar” la “culata” de una casa, porque había que buscar unas cuantas parihuelas de paja en el cerro grande, y preparar la mezcla de “embarrar”, sacando charco por los lados del “cuero e´puerco”, tarea en la que destacaron “el ñeco de Elvira”, “morocho, el de Claudio”. “Goyo” Pedrito, Luis Mapoyón, Cosme, y “Chón”, el de pueblo nuevo.

Dimas “el caimán” Mata, fue uno de los primeros jateros que se aventuró a viajar hasta El Tigre, a buscar chamba juvenil en “La Socony”, y cuando pasó por el “kilómetro 52” ya iba hablando con acento maracucho (¡Mirá Vos!) creyendo que estaba en el Zulia. Primero que “el caimán”, ya por Anzoátegui habían transitado nuestros paisanos, Pedro “gago”, el jugador de truco más hábil de aquellos rumbos; y Andrés “papayaco”, reconocido como sindicalero del diálogo (expresión muy de moda entonces) quienes conocieron de sueldos formales y demás pagos en compañías petroleras.

“Perrunga”, un jatero habilidoso, que manejaba la primera máquina de soldar, traída por Alfonzo Mata desde Tucupita, se jactaba diciendo en su lenguaje popular: “yo sordo” lo que me pongan por delante, y “papayaco” en procura de manejar bien la expresión verbal, le corregía públicamente “¡Aprende hombre, que no se dice yo sordo sino yo sueldo!”.

“Perrunga”, mostrándose confundido gramaticalmente, se preguntaba: “Si es como papayaco dice, entonces ¿Con los aumentos de sueldo que nos encasquetan desde El Norte, para yo asegurar lo que gano, tengo que decir que yo sueldo mi sueldo?…¡No comprendo, compay, yo soy muy tapao!”




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