Porlamar
22 de enero de 2020





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El Niño Jesús renace entre las hojas de topocho
El artista plástico Robin Ávila crea nacimientos con los tallos secos de la Musa Paradisiaca. Son biodegradables y sólo emplea materiales reciclados.
Karelys Inciarte |@kareinciarte

Foto: ARCADIO MILLAN

Además de sus pesebres y vírgenes, Robin Ávila se inspira con paisajes margariteños. Sus pinturas acrílicas y al frío las sella con barniz automotriz transparente, para garantizar la durabilidad de sus trabajos. / Foto: ARCADIO MILLAN

24 Dic, 2019 | Cuando la hoja del topocho se seca y se extrae toda hasta su tronco, el material que siempre fue considerado desecho es aprovechado por los artesanos margariteños para elaborar distintas creaciones. Robin Ávila las procesa para crear sus nacimientos. Con sus trabajos, el tradicional pesebre venezolano huele a plátano.

Envuelto en un tamalito, el Niño Jesús corona la escena que es acompañada por la Virgen María, San José, la mula, el buey y la Estrella de Belén. El clásico escenario que recrea el nacimiento de Jesús, heredado por San Francisco de Asís, es producto de un encargo escolar que se convirtió en un ejercicio artístico y de renovación de las tradiciones.

La tarea no salió de su casa, según recuerda Ávila: “Una amiga me pidió que le hiciera un pesebre con materiales reciclados para su hija, como proyecto escolar. Yo comencé a buscar y al cortar la mata de topocho (una especie de Musa Paradisiaca) pensé que podía aprovechar esta fibra, que es maleable”.

INSPIRADO POR LAS “MUSAS”

Foto: ARCADIO MILLAN

HECHO EN MARGARITA. / Foto: ARCADIO MILLAN

Una mata de dátil con la imagen de la Virgen del Valle da la bienvenida a quien visita la casa de Robin Ávila. El nacido en Porlamar asegura que su formación en la plástica se debe a su paso por la escuela de Arte Villasmil, en Caracas. “Yo trabajo mucho el arte naif (ingenuo)”, asegura, mientras señala una de sus obras, que abarcan cada espacio de su cotidianidad.

Todo el material del pesebre o portal recreado por Ávila es biodegradable: ramas secas, cordeles, hojas de topocho, corteza y alambre de cobre se retuercen y modelan hasta que forman la figura de los personajes bíblicos más conocidos de la historia.

El pasaje, que es tradición para los venezolanos, ocupa un sitio especial en muchas casas que lo mantienen hasta el día de la Candelaria, el 2 de febrero, cuando oficialmente se termina la celebración de las fiestas por la Natividad del Señor. Este es el primer año que pone a la venta su versión del pesebre de topocho.

Y aunque reconoce que ya había visto trabajos hechos con otras fibras es primera vez que trabaja con esta musa.

RECICLANDO SUEÑOS

Foto: ARCADIO MILLAN

LOS PESEBRES DE ROBIN AVILA. / Foto: ARCADIO MILLAN

“A mí me conocen por estas vírgenes” dice mientras su dedo señala una mesa multicolor, llena de tablas con una muñequita de cuello y manos alargados, que representa su visión de la Patrona del Oriente venezolano.

De la playa extrae las maderas, que luego de pasar un periplo flotando, llegan a la orilla para ser pintadas y barnizadas con la santa imagen. “Este perchero lo hice con los restos de un peñero. Aquí es donde iban los remos”... dice mientras resume 30 años dedicados a intervenir objetos utilitarios con un toque artístico. Y lo hace con un tono tan ameno, que bajo su mirada John Lennon y Celia Cruz pueden verse en Maiquetía recorriendo los pisos coloridos hechos por Carlos Cruz Diez y la Mona Lisa se come una catalina en la bahía de Pampatar.

En las redes

En Instagram @robin.avila.98 que es su galería virtual En su casa-taller ubicada en la calle Fermín, a 50 metros de la Panadería y avenida 4 de Mayo, frente al edificio Orfega, quinta Roimar.




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