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9 de abril de 2020





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Los lunares negros de la revolución roja
Esas imperfecciones se han intensificado en los veinte años de gobierno revolucionario y el daño ocasionado convertido a Venezuela, entre otros sitiales, en una de las naciones más peligrosas del planeta.
Ángel Ciro Guerrero / angelcirog@hotmail.com

14 Feb, 2020 | El país ya no aguanta tanta desidia y galopante irresponsabilidad por parte del oficialismo. Caso concreto: los servicios públicos. Su manejo es, probadamente, pésimo. Ninguno funciona con la eficacia requerida, salvo la corrupción más grosera en todos sus niveles.

Si usted quiere adquirir una bombona de gas doméstico, pague a conveniencia del que la expide, incluso el que la baja del camión cobra por entregarla.
Los que venden agua potable, -que no la producen, que no la embalsan, que no la tratan, y que a Coche y Margarita llega vía acueducto submarino desde tierra firme-, tampoco llenan los camiones cisternas, tarea que lleva a cabo la manguera que maneja el obrero de Hidrocaribe, pero con el cuento de la carestía de los repuestos, no abusan sino atracan. Cobran con reprobable especulación e ilegales costos, que sobrepasan los 40 dólares, a las comunidades que requieren del aprovisionamiento del preciado líquido porque se están muriendo de sed en barrios o en urbanizaciones.

El caso del transporte urbano e interurbano es igualmente terrible. Los conductores, además de groseros, son frontalmente violadores de toda ordenanza, desde las elementales normas del tránsito a las de la educación. Es vulgar su manera de tratar a los pasajeros, sobre todo a los de la tercera edad, a liceístas y escolares. Aumentan las tarifas cuando quieren, sin importarle si quebrantan o no las que tímidamente les fijan las autoridades.
De la luz eléctrica, ¿qué decir? Apagones a cada rato, que queman aparatos que Corpoelec nunca restituye y el gobierno, para disimular su irresponsabilidad de no haberle hecho caso, hace dos décadas, a los técnicos de la democracia que le dejaron los recursos y los planes de mejoramiento del sistema, por respuesta culpa a la oposición, ya que las iguanas y rabipelaos se desaparecieron por miedo a quedar presos.
No hablemos de la escasez de alimentos y de medicinas.

Tampoco de la inseguridad que tiene a todo el mundo contra la pared, en la calle, en el trabajo o en la casa. Ver la flota de camionetas llenas de robocop armados hasta los dientes cuidando al general, al ministro o al presidente de cualquier instituto, es una afrenta para el pobre de a pie que silba para espantarse el propio miedo al asalto, al atraco, al disparo o a la puñalada,
Esas imperfecciones se han intensificado en los veinte años de gobierno revolucionario y el daño ocasionado convertido a Venezuela, entre otros sitiales, en una de las naciones más peligrosas del planeta.

Esos son algunos de los muchos lunares negros de la revolución roja, que Maduro y Cabello, los dos jefes, no han podido extirpar por lo ocupados que se encuentran disputándose la verdadera jefatura y no en resolver los pequeños grandes problemas que les están separando de la gente, incluyendo las que, frente a la cámara y para no perder los bonos, gritan con fingida euforia “¡traidores nunca, leales siempre!”.




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