Porlamar
19 de septiembre de 2020





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Poemas nacidos en cuarentena
La mujer que tanto exaltas no te pidió ese altar que construiste, ni está obligada a verte porque lo hayas hecho. Ella mira tantos rabos como los que vez tú, ni hablar de lo que comenta con sus amigas, y no es malo aquello, es de carne y hueso
Juan Ortiz juanortiz051283@gmail.com

14 May, 2020 |

Tú y tus deseos de cuento de Disney

La mujer que amas e idolatras,
te ha visto y lo sabe.
Ellas saben más de lo que crees.
Ella eructa tanto o más que tú,
va y defeca tanto o más que tú,
también orina tanto o más que tú,
y se divierte al hacerlo parada,
como tú;
y sí, es hermosa y provoca de todo,
pero no deja de ser humana
y de tocarse bajo sus sábanas tanto o más que tú.
La mujer que tanto exaltas no te pidió ese altar que construiste,
ni está obligada a verte porque lo hayas hecho.
Ella mira tantos rabos como los que vez tú,
ni hablar de lo que comenta con sus amigas,
y no es malo aquello,
es de carne y hueso,
es su vida,
su rollo.
Y sí,
tiene tantas ganas como tú,
pero quizá no contigo,
¿o creías que está obligada por el cuadro que pintaste o el poema que le hiciste o todo lo que compraste?;
es como tú,
ella le para a quien le despierta hambre.
Y no es que ella no quiera comerte, puede que sí,
puede que no,
pero no es adivina,
y entre tanto piropo escondido que lanzas,
alguien con tanta hambre como ella va y le dice para comer,
sin tapujos,
sin melodramas,
y ella accede;
y no,
no es mala,
consiguió lo que deseaba,
y tú nunca saliste de tu mente,
de esa película de Disney.
---------
De las partidas y los supuestos

Si mi felicidad acabara con el suicidio de una gaviota furibunda en mi pecho,
o algún otro arte poético de irse,
tarde o temprano,
me amarán hasta los que me odian,
y no faltarán canciones buenas que me nombren,
frases magnánimas,
y lágrimas que jamás hubiesen pensado tocar tierra por mí.
Si mi felicidad acaba en partida inusitada,
una bala perdida,
a puñal en la esquina oscura,
un infarto rotundo,
algo repentino,
divino,
por simplemente dar una connotación que nada tiene que ver,
seguirán los trenes a todos lados,
como pasa con el resto de los idos.
De suceder esto,
puede que mis letras repercutan en los muros,
en corazones de carne y de concreto,
y quizá otra mujer me ame después,
y la voz será mi casa,
el papel,
una pared,
un recuerdo recurrente cuando se vea a un alcatraz llegar,
o a la sal,
como siempre,
visitar a la boca que es orilla y Norte de tantos barcos,
puerto y puerta para irse en el aliento.
Apuesto el descanso adonde sea que sea blanco y azul,
leve sepia y poco verde;
cualquier lugar de respirar y salpresar hasta los huesos,
un sitio de descomponerse tranquilo
y ser bocado de gaviotas y demás aves de estómago libre y viajero;
un sitio donde no falten los cangrejos al banquete;
con ellos, el mar recibe denso,
metálico,
y su silencio de silicio gris arena cala en lo callado de la oscuridad,
en el frío del frío de cuando se mira al sol desde adentro de la bestia que es el agua.
Allí,
donde se es abortivo tras cruzar la superficie,
en la orilla,
los barcos suelen decir que hay retornos para todos,
regresos elocuentes,
tranquilos,
en trozos y sin culpas,
vueltas para ser felices sobre caracolas blancas.
Puede ser que mi muerte
—venga de donde venga—
termine en una vida extraña,
o en una suerte de muertes consecutivas cuando perezcan los que se atrevan a recordarme.
Este es el riesgo más fuerte de hacerse memoria,
la posibilidad de permanecer entre esta estirpe tan de mentira,
y quedarse al lado del deseado y necesario descanso.
---------
De sus artes, no sé nada

De sus artes, no sé nada.
Me paseé por ellas por necesidad,
más que por querer ser culto;
por comer y vestir,
más que por nombre y trascendencia.
Me sorprende,
en sobremanera,
haber logrado algo en mi paso,
si es que puede llamarse "logro".
Si alguien quiere alguno,
tómelo,
vístase con él,
y cálese la ladilla de la envidia y sus estuches.
No me paren mucho,
no se ofendan,
no vine a quitarle nada a nadie,
ni puestos,
ni nombres,
ni trayectorias,
solo he hecho lo que se me dijo:
"Gánate la vida,
aprende un oficio".
En fin,
yo,
de tosco,
de orillero,
de pueblerino,
vine a aprender para cumplir con la simple tarea de comer y vestir,
y las otras necesidades básicas.
Lo demás,
se lo cedo a quien lo necesite.
¿Para qué ser parte de esta historia?
Tras comprender todo,
lo mejor es no habitar ni los recuerdos.
No hay nada para celebrar,
resumo mi estadía en matar el hambre,
el frío,
la sed,
el deseo,
lo demás está clarito en Eclesiastés 12:8-14.
---------
Regálale un orgasmo,
y será ella quien te compre flores.
-------
No esperes mucho de mí

No esperes mucho de mí.
Al verme al espejo
me espera en reflejo la misma especie,
con la misma mierda en las vísceras
y la vida repleta de cagadas.
No esperes mucho de mí,
en mi espejo me aguarda una humanidad
igual de falible y mortal
que la tuya.
-------
"Quédate en casa y resguarda tu vida, olvida por un instante el ganarte la vida"
(Con mucho amor y empatía por todos los trabajadores del día a día, por mis hermanos emigrantes que han dado lo mejor, Dios nos bendiga)
Desde niño me dijeron que el hombre debía ganarse la vida.
Entonces recogí latas,
remendé redes,
vendí pescado,
me hice artesano,
ajedrecista,
guitarrista,
escritor y profesor.
Con cada oficio sumé centavo a centavo,
segundo a segundo,
minuto a minuto,
hora tras hora,
más allá de las 8 reglamentarias,
mucho más allá,
porque la vida era cara en aquel entonces...
claro,
no más que ahora
con esto de la inflación.
Así hice toda la vida,
trabajar para ganármela,
yo,
un hombre de sal y mar,
de pueblo de orilla gobernado por pescadores;
y sí, funcionó.
Comí y bebí,
vestí y calcé con mis segundos y horas,
y entendí con ello que con cada oficio le ganaba al hambre y al frío
y a las miradas fieras de los hombres cultos y con traje,
y a la lástima de los no tan cultos,
pero con muchos reales.
Ganarse la vida era perderla entre oficios,
salvo que tuve la dicha de amar cada una de mis labores.
Hoy por hoy me cambiaron las reglas.
Me han dicho:
"Quédate en casa para que resguardes tu vida y la de los demás",
y lo entiendo,
comprendo mucho aquello,
pero ahora no asimilo cómo ganarle al hambre y al frío.
En casa,
paradójicamente,
resguardo mi vida y la pierdo.
El hambre visita,
y el frío,
y mis manos inquietas por recoger latas,
por componer un pescado,
no se hallan.
Y el hombre culto,
el de arriba,
el que tiene la vida ganada sin ganarla, no hace nada,
y el que no es culto, pero tiene real de cuna me mira con lástima desde su mesa llena de platos sin esfuerzo...
Que alguien me explique.
No entiendo.
Yo te quiero cuidar a ti y a los míos,
pero los ahorros se van,
el casero visita,
el de la luz,
el del agua,
y el de la bodega no acepta mis súplicas...
la familia desaparece conmigo por no ganarme la vida,
mientras intento,
al mismo tiempo,
resguardarla.




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