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6 de marzo de 2021





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El negocio del coronavirus
Saquemos cuenta. En cualquiera de las estaciones autorizadas para vender el combustible, el surtido máximo para los privilegiados que tienen permiso para cargar sus vehículos es de 20 litros, lo cual puede hacerse en menos de cinco minutos.
Marcos Tineo Malavé tineo.marcos@gmail.com

29 May, 2020 | Dicen en Japón uno de los factores primordiales en la mayor crisis global hasta que llegó el coronavirus, que las crisis generan oportunidades y eso es precisamente lo que se está evidenciando actualmente en nuestro país, pues gracias a la pandemia hay una gente que se está “forrando” de papeles verdes. Y si le parece, lector, que estoy exagerando, lo invito a que revise algunas situaciones que paso a referirles.

En primer lugar, el dólar paralelo, el único que consiguen aquellos que tienen “músculo” financiero, se disparó desde inicios de la pandemia y actualmente gira alrededor de los 200 mil simones. La primera exacerbación de una situación que ya había aparecido es la venta generalizada de los productos teniendo como moneda de cambio la divisa yanqui. Hasta los productos que venden los Clap se pagan con dólares. Lo cierto es que, en virtud de la disparada de la divisa gringa, todos los precios de todos los alimentos se volaron hasta las nubes.

Pero ese no es el único factor que genera hiperinflación. La gasolina se ha convertido en un monstruo de mil tentáculos pues ha desarrollado una relación holística, toda vez que además de convertirse en un negocio para quien tiene el control de su distribución, genera múltiples negocios alternos, ninguno limpio, por cierto.

Saquemos cuenta. En cualquiera de las estaciones autorizadas para vender el combustible, el surtido máximo para los privilegiados que tienen permiso para cargar sus vehículos es de 20 litros, lo cual puede hacerse en menos de cinco minutos. En una gasolinera con 8 surtidores (como la de la redoma de Los Robles), surtir a 100 carros, que es el límite diario, debería tardar poco más de dos horas. Vale preguntarse porque ese proceso tarda entonces entre seis y siete horas.

Sucede que, al margen de la cola, en la estación de servicio son surtidos otros carros con la autorización de quienes controlan el proceso. Cree usted, lector, que ese privilegio es gratuito o es que los que controlan el combustible son hermanitas de la caridad. A mí me parece que es lo segundo ¿Y a usted?

Otra situación que se desprende de la distribución selectiva del carburante es lo que está pasando con algunos pescadores (no puede decirse que son todos). Como se sabe a estos trabajadores se les surte gasolina mezclada con aceite, combinación para ser usada por los motores marinos. Pero por allí hay gente que, llevada por el desespero, está comprando este combustible a razón de uno a 1,50 “lechugas por litro para usarlo en sus autos a riesgo de dañarle el motor. Para algunos pescadores, la reventa del combustible es mejor negocio que arriesgarse en el mar.

Así, podríamos seguir enumerando oportunidades de “negocios” surgidos a raíz de la pandemia (el transporte público, el irrespeto al toque de queda, medicamentos, la venta de efectivo, etc., etc. En conclusión, en Venezuela, gracias a la eficiencia del sistema, hemos logrado desarrollar y multiplicar lo que descubrieron los nipones luego del final de la segunda guerra mundial: las oportunidades de negocio que surgen en medio y por virtud de una crisis




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