Porlamar
2 de julio de 2020





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“El Ceresole venezolano”
Muchas personas levantaron sus voces de repudio, a las que uno la mía. La Embajada de Alemania, el país de dónde salió la idea de la “solución final”, el exterminio de los judíos, le salió al paso.
Carolina Jaimes Branger /@cjaimesb

19 Jun, 2020 | Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, el General Dwight Eisenhower visitó los campos de exterminio nazis. En su libro “Cruzada en Europa” relata que muchos de los oficiales no soportaron ver aquellos horrores. Sin embargo, él decidió que tenía que verlos para documentar absolutamente todo. El primero de los campos que visitó fue el de Ohrdruf, cerca del pueblo de Gotha, un anexo del campo de concentración de Buchenwald, el primero en ser liberado por los estadounidenses:

“Visité todos los rincones del campo porque sentí que era mi deber estar en una posición, desde entonces, para testificar de primera mano sobre estos hechos, en caso de que alguna vez creciera en alguna parte la creencia o la suposición de que la brutalidad en las historias de los nazis era solo propaganda. No sólo visité los campos del horror, sino que tan pronto como regresé al cuartel general de Patton esa noche, envié comunicaciones a Washington y Londres, instando a los dos gobiernos a enviar de inmediato a Alemania un grupo aleatorio de editores de periódicos y grupos representativos de las legislaturas nacionales. Sentí que la evidencia debería presentarse inmediatamente ante el público estadounidense y británico de una manera que no dejara lugar a dudas cínicas".

Esa “duda cínica” de la que hablaba Einsenhower se presentó de nuevo. Esta vez en Venezuela y en boca del nuevo “rector suplente del CNE”, Luis Fuenmayor Toro, quien dijo, según Entorno Inteligente, que “la inexistencia del Holocausto está más que documentada. No hay sino que leer “La mentira de Ulises”, de Rassinier, “El Mito de los seis millones”, de Hoggan y el libro de Ilan Pappe, para saberlo. Holocausto hay hoy en Palestina; en vivo y en directo”.

Muchas personas levantaron sus voces de repudio, a las que uno la mía. La Embajada de Alemania, el país de dónde salió la idea de la “solución final”, el exterminio de los judíos, le salió al paso. En un Twitter del 16 de junio, expresa:

“Rechazamos de manera categórica cualquier relativización sobre el Holocausto perpetrado por el régimen totalitario nacionalsocialista y que costó la vida de seis millones de judíos europeos. Su negación, especialmente por parte de figuras públicas, no puede sino ser repudiada”.

Sólo un ser despreciable puede decir esas cosas. Y suponiendo que fuera cierto que hoy en Palestina exista un holocausto, como él dice, no significa que en el pasado no los hubo. El hecho de que hoy existan injusticias, genocidios, y otros horrores no borra los anteriores. Un amigo mío dice que él es “el Ceresole venezolano”. La verdad es que la comparación con el conocido antisemita y asesor de Hugo Chávez viene como anillo al dedo.

Yo pasé un mes en Israel en 2011. Y puedo decir con propiedad que los palestinos dependen de los israelíes. Trabajan con y para ellos. Si no estuvieran los israelíes, los palestinos fueran muy, muy pobres. Y espero que algún día lleguen a un acuerdo de dos países, dos gobiernos, una capital. Pero... ¿negar el Holocausto?... ¿Negar esa página negra de la historia de la Humanidad cuando todavía hay sobrevivientes y existe documentación de absolutamente todo?... Definitivamente, el fanatismo es uno de los pilares de la estupidez.

Aplaudo el tuit de la Embajada de Alemania y las reacciones de rechazo de tantos sectores de la sociedad. Y me preocupa que un individuo como Fuenmayor Toro sea “parte” del CNE o de cualquier otra institución. Porque si niega el Holocausto, puede hacer cualquier otra cosa (y si los rumores que sobre él circulan son ciertos, ya ha hecho unas cuántas).

¡Qué asco siento!




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