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2 de julio de 2020





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Modo adeco
Hoy quien lideriza el grupo que busca destronar a Ramos Allup ha sido cómplice de Allup en traiciones, trampas y zancadillas dentro de ese partido: Bernabé Gutiérrez.
Pedro Salima /psalima36@gmail.com

25 Jun, 2020 | No le falta razón a Ramos Allup cuando se queja de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia en cuanto al pleito interno de Acción Democrática. A lo largo de tantos años de existencia, los afectos han construido un método propio para ponerle fin a cualquier querella interna.

El método ha resultado efectivo para poner fin a asuntos escabrosos. Las peleas adecas siempre se han resuelto a punta de pistola, cabillazos, silletazos, expulsiones, traiciones, zancadillas, compra y venta de voluntades y recursos similares. Venderse al mejor postor ha sido una postura irreductible desde que su fundador Rómulo Betancourt traicionó los principios de aquella AD de raíz marxista para abrirse de piernas ante los Estados Unidos.

Este mismo Betancourt, una vez que llega a la Patria, tras la huida de su viejo compañero de aventuras golpistas, el General Marcos Pérez Jiménez, se encarga de acabar con la Junta Patriótica, organización unitaria que protagonizó la caída del dictador. Cómo Presidente persiguió a los comunistas, también lo hizo con la juventud de AD que luchó contra la tiranía militar. De ese partido expulsaron a Prieto Figueroa, luego de desconocer el resultado de unas elecciones primarias ganadas por el Maestro. AD tuvo un famoso caudillo, cuyas bellaquerías hicieron de un portero un renombrado personaje, el Negro Encarnación, quien cerraba o abría el paso según el capricho del caudillo Alfaro; hasta que le impidió el paso a la sede de Acción Democrática al propio caudillo. A Alfaro lo destituyeron como candidato en 1998, sin notificarle.

El gran confabulador de esta jugarreta, fue Henry Ramos Allup.

Hoy quien lideriza el grupo que busca destronar a Ramos Allup ha sido cómplice de Allup en traiciones, trampas y zancadillas dentro de ese partido: Bernabé Gutiérrez.

Allup, con toda razón, reclama el derecho a traicionar, dar cabillazos, caerle a estatutazos, asestar silletazos, comprar voluntades, mandar a dar carajazos sin la participación del honorable Tribunal Supremo de Justicia. Decencia, para nada. Respeto, no se usa. Democracia interna, ¡ni de vaina!




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