Porlamar
7 de agosto de 2020





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La vaina es en serio
Todo se derrumba y los proyectos deben cambiar objetivos y procedimientos para subsistir en el nuevo orden que está naciendo, mientras la ciencia busca apresuradamente la vacuna que corte la efectividad de la enfermedad.
Mélido Estaba Rojas melidoestaba@gmail.com

23 Jul, 2020 | Por lo menos nos quedará el consuelo de haber sido protagonistas o espectadores -en primera fila- de esta imprudente curiosidad mundial que nos invadió sin aviso, y algunos hasta gozarán la posibilidad de echarles cuentos a los muchachos, que se reventarán de la risa por los “inventos de los viejos sin oficio”, así como lo hicimos nosotros cuando nos contaron del ciclón, el paso del cometa, el mal del vómito negro o la fiebre española que no daba tiempo ni de llevar a enterrar los muertos. ¡Si hombre¡ La naturaleza reclama sus espacios e impone normas, como para recordarnos que es ella la que manda y ordena, a pesar del poder infame del dinero y el don alucinante de las propiedades, que levanta las quimeras del dominio.
Parecía tan difícil –casi imposible- que nos viéramos metidos en este berenjenal. Quién iba a imaginarlo: igualito a una cinta misteriosa de terror, con título repintado, de aquellas que pasaban en el cine “popular Altagracia”. Cuando en mi casa “jatera”se ponía el mundo chiquito, uno decía “yo me voy corriendo pa´el cerro grande, o me asilo en la mar de Las Arenas” y todo estaba resuelto. Pero hoy no hay forma ni manera de escapar, de salir huyendo del océano de amenazas, desengaños y frustraciones que acompañan al mal. Nada nos salva, hermano, porque la desgracia disfrazada de virus nos persigue con su sonrisa de flojera, amparada en su capacidad para meterse por los huecos más chiquitos y salirse por las rendijas más grandes. ¡La vaina es en serio¡…No existe la capacidad precisa de asombro o defensa frente a lo único que nos faltaba para completar la desdicha, y debemos conformarnos a la espera de la marejada infame que dibuje sus tres letras, como en las películas. Todo se derrumba y los proyectos deben cambiar objetivos y procedimientos para subsistir en el nuevo orden que está naciendo, mientras la ciencia busca apresuradamente la vacuna que corte la efectividad de la enfermedad. ¿Se acuerdan de las cuñas publicitarias que hablaban de productos que “van de boca en boca”, o de los dulces “para chuparse los dedos”?. Los perfumes y enjuagues bucales para acercarse más y consolidar besos y abrazos, quedarán en el recuerdo. Los drones serán las nuevas herramientas para labores colectivas como la agricultura, y las empresas aseguradoras deberán meter en sus coberturas obligatorias a los derivados del coronavirus.
Dicen algunos especialistas del tema, que el virus seguirá matando, aprovechando la indiferencia de los incrédulos, que ignoran tapabocas y normas de preservación, hasta que su instinto de conservación le dicte que no debe matar más organismos sino convivir en ellos, debilitándolos pero sin acabarlos como en el caso de otras enfermedades. Sufrirá mutaciones y persistirá seguramente como endemia, que el hombre combatirá con la vacuna, que esperamos ver pronto en el mercado. Demostrado está que el asunto tiene dimensiones alarmantes, y que la vida cambió. Así que el título no miente.




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