Porlamar
7 de agosto de 2020





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La gracia celestial de Salomón
Salomón González, Ministro de Dios y excelente cristiano, no deja atrás sus raíces de “jatero” para echar uno que otro cacho y reírse de los que le cuentan sus allegados (tipo “Nato” el de Pastor, su primo hermano).
Mélido Estaba Rojas melidoestaba@gmail.com

26 Jul, 2020 | En aquellos días liceistas de “sueños soñadores” era extremadamente difícil imaginarse el proceder de un ser como ese: despegado de las prontitudes infames de los desencuentros mundanos, sembrado en un halo de entendimiento que cobijaba su sonrisa eterna y pontificia alejada del disfrute, y presto al acercamiento bondadoso a pesar de sus achaques de muchacho escuelero, que desentendía la maldad y hacía enaltecer los valores de la igualdad social con su lenguaje tímido y medio “tartamudo”. Y ahora, con la ignorancia que siempre me ha bañado, cuando me entero de las vainas del mundo, despierto de mi sonambulismo y grito: “¡Caramba… (por no decir una grasería) pero si Salomón es cura desde que nació!”. Había que ser bien tapao para no entender los designios y la voluntad del Señor, el mismito que orientó los pasos de este “jatero”, por los caminos de la humildad y entrega a las causas bondadosas.

Pero lo más que atiza mi envidia es que Él nunca hizo alardes de su convicción con palabreríos o poses de dirigente, sino que se mantenía imperturbable en el sentido de la razón, sin buscar justificaciones, mientras que los otros muchachos nos la tirábamos de sabelotodo y avispaos. Ahora, cuando no puedo devolverme de mi vereda de pecador incorregible, me pregunto que de dónde le vino a mi amigo Salomón la virtud de esos dones; que por qué no me enseñó el secreto de la verdad cristiana, mientras yo me curtía en el bochinchito de la guachafita margariteña, por los pasillos inolvidables del “Juan de Castellanos” en Juan Griego, o el “Risquez” de La Asunción. Pero es que no se necesitaba ser muy adelantado para entender cuál era la misión de este cristiano, en el mundo, que todavía no se había desordenado. Ese mismo mundo corría, pasaba anegándole los pies y Salomón lo contemplaba, con ese convencimiento y pasividad, propia de los seres predestinados para formar parte de la cultura de la comprensión humana, mientras nosotros cuidábamos el filo de pantalones “Ruxton” y camisas “Paramount” para que las muchachas de La Salina y Guaimaro nos pusieran el ojo.

Este sacerdote revive la esencia del sentido exacto en la caridad, que tanto requerimos por estos días. Lo que tanto llama la atención y nos hace ver la inmensa sensibilidad de Dios, es que este ser se haya cultivado tan exitosamente en tiempos difíciles cuando la vocación no buscaba el camino sino que esperaba pasiblemente la llegada de las lecciones de Cristo. Gran justificación resulta esta premisa de mi observación, para agradecer al Altísimo la dicha de tener entre nuestros pobladores a este representante del Poder Celestial, que vimos crecer junto a los muchachos de entonces, y que ahora luce como sol de esperanza con sus oraciones para alentar los males del pueblo que lo quiere y respeta, porque es enseñanza en el tiempo.

Salomón González, Ministro de Dios y excelente cristiano, no deja atrás sus raíces de “jatero” para echar uno que otro cacho y reírse de los que le cuentan sus allegados (tipo “Nato” el de Pastor, su primo hermano).

Sus cincuenta años de vida sacerdotal seguramente son un aliciente para que El Creador tenga un poquito de compasión por nosotros los pecadores, y que aliente las vocaciones de los gracitanos para que busquen el camino de este muchacho, que es uno de los exquisitos ejemplos de la caridad y entrega a los preceptos del Cristianismo. ¡Amén!




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