Porlamar
28 de octubre de 2020





EL TIEMPO EN MARGARITA 25°C






Compartiendo las letras de Levannys Figueroa
La Isla de Margarita cuenta con gente joven muy talentosa en el ámbito de las letras. Hoy traje de invitada a uno de esos casos, Levannys Figueroa. Esta escritora cuenta con una narrativa muy bien lograda en varios géneros literarios. Hace poco terminó su primera novela, la cual sé que en un tiempo dará de qué hablar. Por si fuera poco, también maneja muy bien la poesía y el cuento. En esta oportunidad, nos comparte un relato corto de terror que helará a más de uno. Espero que disfruten tanto de su lectura como yo.
JUAN ORTIZ

24 Sep, 2020 | "Avalancha Caníbal"

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Estábamos en la acera, a media noche, mientras visualizábamos sus rostros cubiertos de sangre. Nadie entendió bien de qué se trataba, pero todos los que seguíamos limpios —sin rastros de aquellas manchas carmesí—, comprendimos que debíamos salir corriendo. Era un juego tácito: los del rostro ensangrentado querían algo de nosotros; algo vivo y caliente: nuestra piel; quizá querían comerla; a esas alturas no estábamos seguros, pero lo que nos trasmitían era una energía aterradora.

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Era la típica escena de cazadores y presas. Nos persiguieron calle abajo intentando alcanzarnos. Muchos se quedaron atrás, y se podía escuchar cómo unas fauces que parecían ser humanas los engullían cual suculento bistec. Teníamos miedo; ser devorado no es una buena forma de morir. Mientras corríamos, era posible escuchar los corazones de todos, en sus respectivas cabezas, latiendo bajo presión a toda marcha, igual que un motor.

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Ellos eran más, eran más rápidos y mejores entrenados para cazar y correr. Nosotros éramos presas. Un “craj-craj” se oía a la distancia: eran los huesos de alguien, rompiéndose. Poco a poco, nuestro número descendió, hasta que solo quedé yo, en medio de la avalancha caníbal. No quería ser desgarrado por sus fuertes dientes, no quería sentirme tan frágil; así que tomé las últimas fuerzas que me quedaban, y mordí mi lengua.

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No fue ni tan fácil ni tan rápido como pensé que sería, pero el sabor de la sangre me inundó de inmediato, proporcionándome un delicioso y agudo dolor. Todo mi cuerpo se relajó ante la presión, y me tambalee en medio de la carretera oscura, iluminada tan solo por un pequeño foco a diez metros de mí. Mi mundo comenzó a girar demasiado rápido, y una sensación maravillosa me invadió. No supe que era hasta que volví a succionar la sangre que salía de la herida en mi lengua.

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Pueden haber dicho que morí esa noche, porque al levantarme del suelo, una vez terminada la sangre y de forma histérica, corrí hacia el grupo ensangrentado. Ahora tengo una nueva familia.

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DMorningstar




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