Yo tuve ahí un amigo
Opinión

Yo tuve ahí un amigo

Emigdio Malaver G. /emalaverg@gmail.com /@Malavermillo

23 Nov, 2023 | El sol era una puñalada que se clavaba en el corazón verde del paisaje y lo hacía sangrar. “Es casi diciembre, y los rayos del astro rey no quieren doblegarse ante la proximidad del frio del clima propio de esta época”, se dijo el periodista Juancho Marcano, quien venía de Pampatar a punto de mediodía subiendo el portachuelo de la Tacarigua de Margarita, que está rodeado de cerros que muestran reflejos mustios, producto de la sequía.

El reportero llegó hasta su casa, junto a su esposa que lo acompañaba, y ahí, como siempre, estaba su perro Pipo, con la cola que se le quería salir por la contentura y de ver entrar al garaje el viejo malibú del periodista, que estacionó su automóvil, se bajo del mismo y abrazó a su fiel canino y le dijo que le había ido muy bien, pues tenía tiempo que no iba a bañarse a la playa.



Pipo lo escuchó y luego preguntó: ¿Y cómo es ese pueblo de Pampatar?

- Es uno de los pueblos costeros más bellos que tiene el estado Nueva Esparta, Pipo, y aparte de eso tiene una hermosa bahía, que provoca ir todos los días y quedarse un largo rato y así relajarse y olvidarse de ciertos problemas que de una u otra forma sufrimos los humanos en esta tierra.

- ¿Y cómo es bañarse en la playa?

- Mira, Pipo, eso, aparte que es un placer, tú sientes que el agua del mar te inyecta energía y hay ahí una vitalidad, como si la fuerza de ese anchuroso océano, estuviera en tu cuerpo. Algún día, voy a tener que llevarte y tú mismo compruebes qué se siente en un baño de mar.

También quería contarte que en ese pueblo cerquita de la playa, yo tuve ahí un amigo llamado Eladio Marcano, quien siempre me demostró afecto y en tiempos de la pesca de sardinas, me llamaba y yo me llegaba hasta allá y me daba tantos pescados de esos, que yo venía para el pueblo y empezaba a repartir entre los conocidos; lamentablemente ya no está entre nosotros, y hoy me recordé mucho de él, pues estuve cerca de donde colocaba su piragua, pues ahí tuve la oportunidad de compartir unos tragos con él.

El perro escuchó a Juancho y como lo vio melancólico y cansado, optó por no preguntar más, y el periodista pasó hacia la casa para darse un baño y sacarse el agua salada.

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