Porlamar
13 de mayo de 2021





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La Plaza de Paraguachí: Recuerdos imborrables (Y II)
Aquellas casas antiguas, unidas una a otra en perfecta línea, que parecían como si un ilustre pintor hubiese trazado su pincel, con gran maestría, para lograr su obra perfecta.
Tarcisio Rodríguez│tarcisior_rodriguez@hotmail.com

27 Abr, 2021 | Aquella barbería, ubicada en plena plaza, enfrente a la iglesia, y cuyo dueño era "Chabola" Caraballo. Él le dio un toque de modernidad al oficio, utilizando local cerrado, silla giratoria, máquina eléctrica para el corte de pelo, ventilador de techo y otros implementos. "Chabola" le hizo un nuevo corte de pelo al tiempo porvenir.
Aquel dispensario, construido en la época para atender los problemas de salud de la comunidad; y donde Alfredo Alventosa, médico residente, no tenía un horario determinado. Él iba a la casa del paciente, cuando la patología lo requería.
Aquella casa, paralela a la casa comunal, donde Andrés Hernández Murguey fabricaba la famosa bebida "Gaseosa Espartana". Esto constituyó un hito en la comunidad. Él le dio un sabor exquisito al paladar de aquel tiempo.
Aquella sala de cine, "Paraguachí", un hecho de trascendental importancia en la comunidad, donde la gente acudió a divertirse; todavía no había aparecido la T.V. El propietario, don Ángel Malaver, quien invirtió sus prestaciones sociales, producto de una empresa que lo empleó, cuando tuvo que migrar de su terruño. Él fue un comerciante visionario e inspirador de otras muchas personas, que se dedicaron al oficio.
Aquellas casas antiguas, unidas una a otra en perfecta línea, que parecían como si un ilustre pintor hubiese trazado su pincel, con gran maestría, para lograr su obra perfecta. Sus puertas y ventanas de una verticalidad exagerada, propia de la época, que le daban un aspecto mágico.
Aquellas dos bodegas, epicentros del encuentro cotidiano, donde las familias iban a comprar sus bastimentos, para las necesidades del hogar. Dámaso Rodríguez y Francisco "Chico" Nicasio fueron sus dichosos propietarios. Las bodegas estaban ubicadas de forma diagonal, de la plaza, en esquinas perfectas. Estas dos bodegas guardan, en la geografía del alma de la comunidad, una bella historia. ¡Cuánta añoranza!
Aquella oficina de correo, inicio de la comunicación a distancia, que tuvo su asiento en la casa de "Canuto" Farías, donde Cerelda Farías, su hija, era la receptora de las cartas y los telegramas. Aquellas cartas siguen viajando por aire, tierra y agua, para llevarle un mensaje a García.
La Plaza de Paraguachí, gratos e imborrables recuerdos guardo de ti, en cada despertar de un nuevo amanecer. Sigo acariciando tu piel para que tu paisaje se eternice en el tiempo, y tu belleza se duerma en el delirio de mis sueños. Es mi infancia que se aferra a mi vejez, para seguir avivando mi nostalgia.




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