Porlamar
29 de julio de 2021





EL TIEMPO EN MARGARITA 28°C






Te nombro, Tierra de la sal
Buscar quien comprenda esta sed de tu orilla hasta el ahogo,
es empresa perdida,
por eso dejé de hablarlo en diciembre,
bajo las treinta y seis lunas
Juan Ortiz

15 Jul, 2021 | Al dormir, te nombro,

Tierra de la sal.

Quien te pronuncia con lengua de mar, sabe lo que dice,

sabe que la sangre es otra cosa cuando se viene de ti.

Tus hombres,

nación de los navíos,

son de agua dura,

de un coral que recuerda lo dulce si la vida duele.

Exclamarte al llegar la sombra

alumbra de gritos azules dentro,

y soy un caracol invadido de cangrejos de sueño;

parezco mentira,

ni yo me creo la sal que llega,

pero así es tu nombre donde gobierna la lágrima.

A veces creo que fue necesario incrustar este naufragio Sur adentro,

como una suerte de recrear la soledad de Márquez teniendo lejos lo que en algo te recuerde,

suelo creerlo,

sí;

todo para saber si podía amarte después de lo que creí posible,

y lo he corroborado,

sin yaques,

cardones ni tunas,

sin un guasábano que me hinche y me mate por momentos,

nada de espinas,

ningún hueso de árbol verdadero…

intentos,

solo eso,

concreto armado sobre una tierra incompatible,

amable,

pero difícil,

más que nosotros.

Buscar quien comprenda esta sed de tu orilla hasta el ahogo,

es empresa perdida,

por eso dejé de hablarlo en diciembre,

bajo las treinta y seis lunas;

mil palomas por una gaviota,

y ni así,

aquí eres panorama inédito,

causa para hallarse en libros complejos que no caben sino en la memoria.

Al dormir, te nombro,

Tierra de la sal,

y recuerdo tu gentilicio,

trastorno la noche con otra muchedumbre oscura,

siembro una palmera en la nada,

escarbo guacucos en las costillas,

guamos,

botutos,

guácaras en el apellido,

acuchillo corocoros en el aire y me baño con su muerte de carne azul reviviendo lo asesino que era en la lancha de Martín Valiente;

un mondeque por mil merluzas empaquetadas,

y ni saben de qué hablo,

y los perros se salvan del hígado maldito,

y yo rememoro al pollo del mar,

la cizalla terrible,

la cama de limo seco y redes anticipando el sueño.

Trato de no hacerlo,

pero te nombro,

Tierra de la sal,

y traigo a mí todos tus muertos,

tus paredes de libertad hasta donde alcance

y un cielo de alcatraces que me recibe sin pecado,

como un Cristo absoluto alado

que sabe bien de donde vengo.




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