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25 de septiembre de 2021





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¿Dónde están los reales?
Es inaudito que la capacidad de asombro de nuestros ciudadanos esté tan “vulnerada” que no hay escándalo alguno que nos conmocione como sociedad.
José Gregorio Rodríguez Jotaerre577@gmail.com

23 Jul, 2021 | Una de las elecciones presidenciales más competidas en Venezuela en tiempos de la IV República fue la de diciembre de 1978. Eran los momentos estelares del bipartidismo de Acción Democrática (socialdemócrata) y Copei (socialcristiano), partidos políticos que ejercían el control social y político del país a discreción.

Hasta ese momento, desde que el 23 de enero de 1958 cuando cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el país había conocido cuatro presidentes electos. Rómulo Betancourt, AD (1959-1964); Raúl Leoni, AD (1964-1969); Rafael Caldera, Copei (1969-1974) y Carlos Andrés Pérez (1974-1979).

La campaña electoral de 1978 marcó el inicio de una exagerada inversión en metálico de los principales candidatos presidenciales en los medios de comunicación preponderantes para la época: radio, prensa escrita y televisión.

También fue astronómica la inversión de los candidatos en asesores electorales extranjeros. Se conoció que el norteamericano David Garth, participó en la campaña del candidato presidencial copeyano, Luis Herrera Campins y el también estadounidense, Joe Napolitan, quien hizo lo propio con el candidato adeco, Luis Piñerua Ordaz.

El principal tema de la campaña presidencial, fue la corrupción, fenómeno que en la época de ese primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, permeó a su antojo en la sociedad venezolana.

El “reduccionismo” de los asesores norteamericanos de campaña convirtió en eslogan el tema de campaña. Luis Piñerua, quien escogió el camino de desmarcarse del gobierno de Pérez en esta materia y ofreció encarcelar a los corruptos, fue identificado con una palabra: Piñerúa ¡CORRECTO! y, Luis Herrera Campíns, con una pregunta ¿DÓNDE ESTÁN LOS REALES?

Todo esto viene a mí memoria, no sólo porque se “me cayó la cédula”, sino porque cada día pienso con más fuerza, que nuestra sociedad para examinar el comportamiento de nuestra actual clase política, debe indagar exhaustivamente en el comportamiento aprendido en sus “casas matrices”.

Es inaudito que la capacidad de asombro de nuestros ciudadanos esté tan “vulnerada” que no hay escándalo alguno que nos conmocione como sociedad.

No me voy a referir al señor Rafael Ramírez y su “legado” en materia de corrupción en Pdvsa, no por ahora.

Quiero detenerme un momento a comentar la actuación del ex diputado a la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, no en todos los actos de corrupción que se le atribuyen, que son unos cuantos. En esta oportunidad, me quiero referir específicamente al tema de una parte de la supuesta ayuda humanitaria para Venezuela, en este caso los $507 millones de dólares de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en ingles).

Es que de acuerdo con un documento de la USAID titulado: “Procesos mejorados y requerimientos del implementador necesarios para los desafíos y riesgos de fraude en la respuesta de USAID con respecto a Venezuela”, sólo el 2 % de la ayuda humanitaria de USAID llegó a manos de quienes la requerían, mientras que el 98 % restante tuvo usos distintos a sus objetivos originales. Este informe que se conoció a principios de este mes, apenas si ha sido comentado por el señor Guidó o alguno de sus más cercanos colaboradores.

No es cualquier cosa lo que allí se afirma, por ejemplo en lo que respecta a la administración de esos fondos:

“Los 507 millones de dólares entregados por USAID fueron manejados por seis naciones, los cuales se distribuyeron entre varios operadores divididos en dos tipos de asistencia: asistencia humanitaria (260 millones) y asistencia para el desarrollo (247,4 millones). La asistencia humanitaria fue administrada por la Oficina de los Estados Unidos para Asistencia a Desastres en el Extranjero –AFDA, en inglés– (113 millones) y por la Oficina de Alimentación para la Paz –FFP, en inglés– (147 millones). Para el manejo de los fondos correspondientes a la asistencia para el desarrollo se implementó una distribución que involucraba a cinco operadores: Oficina para América Latina y el Caribe (134,9 millones), USAID Colombia (77,1 millones), USAID SAR (23,8 millones), USAID GDL (10 millones) y USAID ESC (1,6 millones)”.

Igualmente el informe denuncia algo política y diplomáticamente mucho más grave, al referir que en el año 2019 las políticas del Departamento de Estado de EEUU, fueron en primer lugar, “aumentar la legitimidad de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela” y en segundo lugar, “aumentar la presión sobre Nicolás Maduro, para que renunciara como presidente, por lo cual ese año la USAID no pudo realizar un seguimiento efectivo a los recursos asignados.

Este es sólo uno de los tantos casos de manejo indebido de recursos por los que más temprano que tarde deberá responder el ex presidente de la AN, sólo que en esta ocasión será ante los organismos de justica estadounidenses, quienes deben probar ante el mundo si es verdad aquello de la libertad plena de los poderes públicos en ese país y actuar en defensa de los dineros de los contribuyentes estadounidenses y preguntarle al señor Juan Guaidó ¿Dónde están los reales?




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