Porlamar
25 de octubre de 2021





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Auxilio*
“¿Qué hago contigo? ¿Me dejarás liberarte? Sabes que no quiero matarte. ¿Cómo hacemos?”. La cucaracha volaba tanto y tan cerca de mí, que por instantes sentí que iba a aterrizar en mi cabeza.
ladendalal@hotmail.com / http://dalalelladen.blogspot.com / YouTube: Dalal El Laden

27 Sep, 2021 | Después de leer esto, no sé qué pensarás de mí. Fue ahora, antes de entrar a la cocina. Escuché la voz de un niño gritando “¡Auxilio! ¡Ayúdenme! ¡Auxilio!”. Lo primero que pensé fue que él se había quedado atrapado en el ascensor. Lista para ir a rescatarlo, abrí la puerta del departamento, pero, de pronto, toda voz calló.

“¿Qué habrá sido?”, me pregunté, sin embargo, mi hambre me hizo olvidarme de todo. Abrí una lata de atún, piqué cebolla y tomate y, con la poca mayonesa que me quedaba, mi sándwich quedó perfecto; al darle el tercer mordisco, la vi: desde algún lugar habrá olido mi cena y, sin dudarlo, entró, desde mi ventana, directo hacia mí y mi atún.

Foto: CORTESÍA

Dalal El Laden autora del libro "Hasta donde me permita la vida" (2017). / Foto: CORTESÍA

Protegí mi sándwich: por más compasión, mi hambre no me permitía compartirlo con nadie. “¿Pero comerá esto? ¡No creo!”, yo me decía mientras notaba que la luz le incomodaba a ella, ya que se movía desesperadamente, siempre hacia mí y mi atún, al que--por sí o por no- volví a cubrir con mis manos hasta que pude extender mi brazo izquierdo y buscar un plato para terminar de taparlo bien.

“¿Qué hago contigo? ¿Me dejarás liberarte? Sabes que no quiero matarte. ¿Cómo hacemos?”. La cucaracha volaba tanto y tan cerca de mí, que por instantes sentí que iba a aterrizar en mi cabeza. La escoba estaba a dos pasos, pero la cucaracha ya sabía mi deseo. Abrí la puerta. “¡Auxilio! ¡Ayúdenme! ¡Auxilio!”. Otra vez el niño. Vi el plato protegiendo mi cena. Escuché mi estómago pidiendo comida. La cucaracha volaba sin descanso. “¡Ayúdenme, por favor!”. Salí del departamento. Llamé a mi vecino. Liberamos al jovencito que, moviendo sus manos, para un adiós nervioso, nos dio las gracias.

“¡Ayúdame!”, escucho otra voz. La cucaracha sigue volando. Sus alas quieren tocar mi cabello. Necesito comer. Veo la escoba, estoy a un paso de ella... no puedo seguir. Reabro la puerta del departamento. Con los pelos de la escoba, me acerco a la cucaracha, para indicarle el camino a su liberación. Y sale, sin dificultad, sale. Ceno, y mi felicidad, por yo no haberla matado y por finalmente haber comido mi sándwich, me recuerda el movimiento de sus alas, para un adiós nervioso, dándome las gracias.

*Del libro "Hasta donde me permita la vida" (2017), de ensayos y relatos, de Dalal El Laden.




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