Porlamar
25 de octubre de 2021





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¿Por qué tan seria?*
Soy mujer. Hago uso de mi libertad. Pero callé. Me vi como estaba: sola en esa calle sin nadie. Callé. Y callada continué hacia mi destino, disimulando algo así como “aquí no está pasando nada”.
Dalal El Laden ladendalal@hotmail.com / http://dalalelladen.blogspot.com / YouTube: Dalal El Laden.

4 Oct, 2021 | Soy mujer. Hago uso de mi libertad. Me gusta ejercitarme, por lo que acostumbro caminar. Al caminar, mi corazón me recuerda que estoy viva. Al caminar, mi mente se despeja: siempre, de repente, cuando menos las espero, de no sé dónde me llegan palabras que plasmo sobre la palmera, sobre la arena, sobre el asfalto; también sobre las olas.

Soy mujer. Hago uso de mi libertad. Si quiero ir a algún lugar, no necesito tener compañía para hacerlo. Así como disfruto estar con las personas que aprecio, también disfruto mi soledad, mi propia compañía.

Soy mujer. Hago uso de mi libertad.

Foto Cortesía: https://images.app.goo.gl/XxEVbjSSKKSj1wjo8

Soy mujer. Hago uso de mi libertad. / Foto Cortesía: https://images.app.goo.gl/XxEVbjSSKKSj1wjo8

El sábado pasado necesitaba imprimir un documento. A una cuadra para yo llegar al local, vi cómo dos uniformados detuvieron a dos muchachos. Tranquila seguí mi andar, sin embargo, “por cualquier cosa”, decidí cruzar a la otra acera.

Soy mujer. Hago uso de mi libertad.

Antes de que uno de los uniformados revisara los bolsos de los dos muchachos, éste les ordenó que levantaran sus brazos, y el vapor sobre el asfalto -que no sé cómo no derritió mis suelas- me hizo sentir el hervor en las palmas de sus manos pegadas a la pared.

Soy mujer. Hago uso de mi libertad.

El uniformado que permaneció en su moto, en lugar de estar pendiente de su “trabajo”, me vio insistentemente. “Nada más falta que me lance un piropo”, pensé. Su compañero seguía sobre los muchachos; antes de dejarlos ir, también revisó los bolsillos de sus shorts.

Soy mujer. Hago uso de mi libertad.

El de la moto no dejaba de verme y yo insistí en disimular, para hacerle creer algo así como “aquí no está pasando nada”. “Nada más falta que me lance un piropo”.

Soy mujer. Hago uso de mi libertad.

Justo al yo empezar a cruzar a la otra acera, el mismo uniformado sobre la moto, sin dejar de detallarme asquerosamente (y disculparán ustedes, queridos lectores, pero no encuentro una mejor palabra), me preguntó: “¿Por qué tan seria?”.

Soy mujer. Hago uso de mi libertad. Pero callé. Me vi como estaba: sola en esa calle sin nadie. Callé. Y callada continué hacia mi destino, disimulando algo así como “aquí no está pasando nada”.

Soy mujer. Hago uso de mi libertad. Callé, pero ahora que puedo exijo mi derecho que, como persona, como mujer tengo de poder usar totalmente mi libertad, empezando por poder caminar libremente por la calle, sin que nadie me acose, mucho menos un uniformado.

Soy mujer. Hago uso de mi libertad. Y todo esto lo pienso mientras camino y mi corazón, aun ante tanto desánimo, me recuerda que estoy viva; mientras camino y todo esto lo plasmo sobre la bandera que intenta adornar el paisaje de este descolorido quiosco, tan descolorido como cada valor perdido en la gran

mayoría de los venezolanos; valor perdido que decolora, cada segundo más y más, esta bandera, la bandera de mi país.

*Del libro "Hasta donde me permita la vida" (2017), de Dalal El Laden.




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