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9 de diciembre de 2021





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Will Smith llegó a sentir asco y náuseas en su etapa de frenesí sexual
En todos esos encuentros casuales, Will esperaba -y hasta rezaba- para que la mujer en cuestión fuera la que le ayudara a volver a sentar cabeza, un sueño que nunca se materializó en esos años.
Redacción | @elsoldmargarita

 Foto: ARCHIVO

Wil Smith. / Foto: ARCHIVO

24 Nov, 2021 | Miami. El actor Will Smith no deja de sorprender al mundo con las confesiones tan íntimas que contiene su primer libro de memorias, 'Will', en el que se sincera sobre temas tan variados y chocantes como su deseo de matar a su padre para vengar a su madre de tantos años de violencia sufrida, o sobre las "múltiples" relaciones sexuales que mantenía con su esposa, Jada Pinkett, en sus primeros años de noviazgo.

El capítulo de la biografía que ha emergido ahora vuelve a ahondar en su vida sexual, aunque en su etapa previa a su actual matrimonio con la también intérprete. El que fuera protagonista de la mítica serie 'El Príncipe de Bel-Air' ha revelado que, después de que su entonces novia Melanie le abandonara y le rompiera el corazón, se embarcó en una frenética dinámica de relaciones sexuales de una sola noche que, no obstante, desembocaron en una clara aversión fisiológica al sexo, reseña Bang Showbiz.

El artista ha asegurado que en esa época se mezclaban su adicción al sexo, entendida para él como una forma de buscar consuelo y amparo ante su desengaño amoroso, con el profundo desagrado que sentía una vez finalizada la actividad, que le llevaba incluso a sentir náuseas y ganas de vomitar. "En los meses siguientes [a su ruptura con Melanie] me convertí en una especie de hiena. Mantuve relaciones con muchas mujeres, lo que me hacía sentir tan culpable en mi interior, que acabé desarrollando una reacción psicosomática al orgasmo. Literalmente me daba arcadas y hasta ganas de vomitar", ha expresado.

En todos esos encuentros casuales, Will esperaba -y hasta rezaba- para que la mujer en cuestión fuera la que le ayudara a volver a sentar cabeza, un sueño que nunca se materializó en esos años: "Cada vez que lo hacía, miraba a Dios esperando que esa hermosa desconocida fuera la persona que de verdad me amara, la que hiciera que todo ese dolor desapareciera. Pero invariablemente acaba retorciéndome y más destrozado. Y la mirada en los ojos de esas mujeres no hacía más que profundizar en mi agonía", ha lamentado en otro extracto del libro.




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