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25 de enero de 2022





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El beisbol es un poema con música de batazos
Quien mejor habla de beisbol es la pelota. Cuando Papa Dios no quiere ver beisbol, llueve.
Juan Vené | @juanvene5

Foto: ARCHIVO

El beisbol es un poema con música de batazos. / Foto: ARCHIVO

29 Dic, 2021 | Coral Gables, Florida (VIP-WIRE).

En el principio de los tiempos, la gente se angustiaba tratando de inventar el deporte. Les hacía mucha falta.

El deporte se adelantó al esperanto.

El mundo sin deporte sería como la vida sin música.

La gente del deporte está reunida en convención permanente en todo el mundo.

En el beisbol anota el hombre, en otros deportes, la pelota.

Quien mejor habla de beisbol es la pelota.

Cuando Papa Dios no quiere ver beisbol, llueve.

El novato se abre paso a través de las huellas que van dejando los veteranos.

Todavía hay una terrible discriminación... Jamás juegan con pelotas negras.

El narrador va contando lo que ve, y sus oyentes adivinan lo que él siente.

La televisión saca al beisbol del estadio y lo lleva de paseo por todo el mundo.

Cuando el lanzador suelta la pelota, comienza el destino.

La recta alta y adentro tiene peligro de boxeo peso pesado.

Mientras la pelota va y viene descansa el chief umpire.

Los umpires tienen que ser perfectos en el día inaugural de la temporada, e ir mejorando después en cada juego.

En películas y telenovelas son imprescindibles los villanos, en el beisbol son imprescindibles los umpires.

La pelota vuela de jonrón impulsada por la energía que provoca el escándalo del público.

Cada carrera anotada es un paso hacia la felicidad.

Cuando conectan triple, todos en el campo están apuradísimos.

Los roletazos van bordando el infield.

Durante el double play la acción es un ballet con música en cámara rápida.

¡Triple play!... Es decir, ¡out todo el mundo!.

El foul es una pelota que le tiene miedo a los fildeadores.

Para los peloteros, el público es lo mismo que el combustible para el jet.

Los fanáticos son abejas de un panal llamado campo de juego.

El estadio es un monstruo que se traga a los fanáticos, los procesa, los digiere, les permite divertirse, y después, a las tres o cuatro horas, los expele.

Los campos de Grandes Ligas son las escupideras más grandes del mundo.

Cuando uno va al beisbol todos los días, las semanas son de siete domingos.

Si uno se porta bien en el estadio, juegan unos innings extras.

El anotador oficial es el historiador desconocido.

El pitcher y el cátcher, como el cura y el monaguillo nunca deben enojarse.

El juego de pelota es una misa sin curas.

La Bandera Nacional en el estadio simboliza a la Patria feliz porque se hace deporte.

Cada inning es una historia que nadie sospechó.

Albert Einstein y Pablo Picasso hubieran sido buenos bigleaguers.

Gracias a la vida que me ha dado tanto, incluso un lector como tú.

ATENCIÓN.- Te invito a leer el archivo de “Juan Vené en la Pelota” en internet, por “el deporte vuelve a unirnos”.




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