Porlamar
27 de septiembre de 2022





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"Sinsentido"
Al rato llega el espectro de las tres y no halla qué hacer,
porque se supone que debía estar dormido para que el recuerdo de mañana fuese un supuesto.
Juan Ortiz Instagram: @Juanortiz_c Twitter: @Juanortiz_12 Facebook: Juan Ortiz en Letras YouTube: Poesía de la sal, por Juan

14 Sep, 2022 | Y entonces digo estar cansado

—eso le leo al cuerpo—,

pero camino kilómetros la casa,

me aprendo los espacios que no sabía del baño,

me hago una especie de adorno móvil en la sala;

reviso mi reflejo de hace unas horas en la ventana

—llueve a cántaros—

y desmiento así mi conjetura inicial:

me siento inquieto,

con ganas de ir más allá de mí.

Esta vez digo estar ansioso

—eso le leo al alma, ahora más cerca de tanto andar de un lado al otro—,

sin embargo, el corazón no late diferente,

está como yo,

sin anhelar más que el siguiente respiro,

un diluvio que borre el mundo de nuevo...

lo único raro,

realmente,

es que el sueño no se presenta.

Al rato llega el espectro de las tres y no halla qué hacer,

porque se supone que debía estar dormido para que el recuerdo de mañana fuese un supuesto.

Está empapado por el aguacero,

le doy un paño y le señalo el sillón de la esquina.

Se parece a mí de joven,

metódico e insistente,

con rasgos tristes,

bastardos,

así que le pregunto de dónde es

—para que no queden dudas y pueda descansar luego sin incógnitas redundantes—

y me sorprende saber que venía de mi pueblo;

ahora entiendo la sal de sus pisadas,

el mar de la estela fría tras su partida,

la mirada rota de horizonte blanco.

Quedé peor que antes,

no debí indagar.

Voy por café para calmar su sed

y de retorno me encuentro con él hablando conmigo,

tiritando,

contándome lo mismo de minutos atrás,

así que no veo motivos para molestarnos

y regreso las tazas a su sitio

para que la devoren los santos que nunca llegaron a los altares de mi vieja.

Allí, en la cocina,

de vuelta,

estoy yo preparando los amargos granos,

¿cuánto habré tardado que ya no soy yo dos veces?

No me encuentro ahora,

todos están haciendo lo suyo

y yo estorbo,

no es ni cansancio,

ni ansiedad,

es algo parecido a la sin razón de la historia,

de los días, en sí,

pero en un diminuto alquilado espacio.

Ambos,

incluso el visitante,

están calmados,

pero yo,

el tercero,

ya no quepo.

No quiero abrir la puerta,

quizá llegue de comprar el fiambre del desayuno;

también temo revisar el patio,

puede que ande viendo al gato solitario de siempre oler el hilo fino del humo de cigarro del vecino,

y entonces seríamos muchos,

un caos innecesario:

más vacíos poblarían la existencia.

Buenos Aires, 14/09/2022




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