Porlamar
28 de septiembre de 2022





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"Desasosiego" y "La vela sobre la mesa"
Satie refuerza la melancolía con su "Gnossienne N° 3",
y comprendo todo al no ver la sombra del fuego en la pared.
Juan Ortiz Instagram: @Juanortiz_c Twitter: @Juanortiz_12 Facebook: Juan Ortiz en Letras YouTube: Poesía de la sal

22 Sep, 2022 | "La vela sobre la mesa"

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La vela sobre la mesa invita a escribir,

me obliga a cerciorarme de que estoy,

de ser,

mirarme en el papel a ver si consigo lo que busco en el blancuzco suelo manchado con la sombra de mi mano,

con el grafito de mi innecesario lápiz.

Satie refuerza la melancolía con su "Gnossienne N° 3",

y comprendo todo al no ver la sombra del fuego en la pared.

La misma mosca de las siete

—de hace una semana ya—

sobrevuela la hoja,

casualmente la mártir hoja.

Es grande y gorda,

puedo notar que lleva tiempo alimentándose de los restos de un perro que murió días atrás en el frente de la casa.

Planea sin pudor su desnudez con sus grandes ojos escarlata sobre el único lugar donde creo ser libre,

bate sus alas llenas de podredumbre,

se burla en su asquerosa y simple finitud,

y,

harto,

no puedo contener estallarla contra la mesa.

La sangre queda justo en el apartado de "Sucesos" del <>,

con el resto de cadáveres del fin de semana

—"Ironías", me digo, y río un poco en mis adentros—,

morbo y más morbo para lograr captar a los anunciantes necesarios que permitan atrasar un poco su destino irremediable:

el traslado definitivo a la web.

Los restos no se mueven,

no hieden,

solo dan el asco heredado de niño.

"Las cosas seguirán como deben,

con o sin nosotros,

Murphy insistirá en su reinado,

tranquila",

le digo,

sin ánimos de que escuche lo que en vida también hubiese ignorado.

La vela sobre la mesa insiste en invitar a escribir,

y yo ando vacío de la existencia

—lo normal—,

ya no hay moscas,

y no sé qué pasará la hora que viene.

Juan Ortiz

Buenos Aires, 16/09/2022

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"Desasosiego"

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La puerta del baño está arreglada,

el grifo ya no gotea,

no debería afectarme por nada;

pero ocurre:

sigo ansioso.

Hay comida en la nevera,

ya se pagó el alquiler y la escuela,

no debería preocuparme por nada;

pero pasa:

el vacío persiste.

Una mujer de oro corresponde mi amor,

deshacemos la cama como cuando jóvenes,

hemos aprendido a valorar el silencio,

no debería desvelarme por nada;

pero sucede:

el insomnio visita.

Procuro el bien de mis hermanos,

tiendo la mano al desvalido,

y ya no lo hago por llegar al cielo o por huirle al Diablo,

simplemente me dejo llevar por la raíz de mi madre en mi corazón de sal;

no debería cuestionarme,

pero las preguntas "¿Qué es esto?", "¿Dónde estamos?", insisten.

El espejo me dice tanto,

hay cada libro en las diminutas y simples marrones hebras de mis iris,

que quizá eso me complica todo.

No debería verme tanto,

leerme tanto,

la locura está allí,

a un parpadeo.

Quizá deba dañar el grifo,

descuadrar la puerta,

atrasarme en los pagos,

hablar de más luego de coger, de decir "Te amo",

mandar a la mierda a los falsos y lambones,

hacerme el desentendido con el mendigo de la esquina,

¡cagarla!,

sí,

mucho,

vivir como el común denominador,

no buscarle tanta explicación a la vaina,

hacerme el loco para no ser uno,

y luego de tanta humanidad:

morir sin que me fije siquiera,

como si nunca hubiese ocurrido,

pasado,

sucedido nada.

Buenos Aires, 20/09/2022




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