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Una mejor oposición
Como quiera que inmediatamente después de las fiestas de carnaval, el próximo 22 de febrero, se cumplen 4 años de los sucesos de Cúcuta, en Colombia, queremos referirlos para recordar cómo empezó esta parte de la historia de la política nacional.
José Gregorio Rodríguez Jotaerre577@gmail.com

16 Feb, 2023 | El llamado golpe blando o golpe suave es una estrategia de acción no violenta, ideada por el politólogo y escritor estadounidense Gene Sharp, a finales del siglo pasado, y ampliamente utilizada en el mundo durante la última década. Sharp señaló en una especie de “manual” que, "la naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado (...) Nosotros combatimos con armas psicológicas, sociales, económicas y políticas".

La primera etapa es promover acciones no violentas para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad, destacando entre ellas denuncias de corrupción, promoción de intrigas o divulgación de falsos rumores.

La segunda etapa consiste en desarrollar intensas campañas en “defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos”, acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el Gobierno en el poder.

La tercera etapa se centra en la lucha activa por reivindicaciones políticas y sociales y en la manipulación del colectivo para que emprenda manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones.

La cuarta etapa pasa por ejecutar operaciones de guerra psicológica y desestabilización del Gobierno, creando un clima de "ingobernabilidad".

La quinta y última etapa tiene por objeto forzar la renuncia del presidente de turno, mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente, se prepara el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.

Esta manera de derrocar gobiernos que le son incómodos a los EEUU, fue la que impulsó el ex presidente Donald Trump, durante su pasantía por la Casa Blanca, para el caso venezolano.

Si usted lee minuciosamente el “manual” de Sharp, se dará cuenta que se cumplieron casi todos los pasos sugeridos por el autor.

Sólo que nunca imaginaron que en algún país del mundo la dirección opositora fuera tan incompetente, el gobierno tan recursivo y mucho menos calcularon que el pueblo fuera tan digno.

Para Venezuela, Donald Trump y sus colaboradores añadieron una sexta y “definitiva etapa” al manual de Sharp, la del gobierno “paralelo”, “interino”, “dual” o como lo quiera usted llamar, y tampoco lograron su objetivo.

Desde el 23 de enero del 2019, cuando Juan Guaidó se “autoproclamó” presidente, comenzó el experimento de “poder paralelo” a la institucionalidad democrática del país.

Poder ejecutivo “interino”, TSJ en el “exilio”, Ministerio Público en el “exilio”, funcionarios del servicio exterior acreditados en los países que reconocieron al gobierno usurpador, cuentas bancarias del estado venezolano existentes en la banca de los países que participaron en la maniobra, colocadas al servicio de la conspiración antirrepublicana, activos de toda naturaleza incautados en el extranjero y entregados para ser “administrados” por los golpistas. Las empresas Citgo, en USA y Monómeros en Colombia en mano de los usurpadores y parte importante de las reservas en oro del país depositadas en la Gran Bretaña, entregadas por el gobierno y el poder judicial de ese país, a los felones del poder político venezolano.

Además, con el respaldo de un paquete de más de 900 medidas coercitivas unilaterales; en materia económica, comercial, financiera y especialmente petrolera, persiguieron asfixiar el desempeño de la economía nacional, buscando una explosión social que nunca se produjo.

Al final del cuento quedaron aislados y disminuidos políticamente, pero lograron el más miserable de sus cometidos, el empobrecimiento colectivo de un país y la reducción in extremis de su desempeño económico.

Como quiera que inmediatamente después de las fiestas de carnaval, el próximo 22 de febrero, se cumplen 4 años de los sucesos de Cúcuta, en Colombia, queremos referirlos para recordar cómo empezó esta parte de la historia de la política nacional.

Efectivamente, el 22 de febrero de 2019, en Cúcuta-Colombia, con el apoyo financiero del magnate británico Richard Branson, fue convocado con el propósito de “bañar de pueblo” el ingreso de la mal llamada ayuda humanitaria a Venezuela, el concierto denominado Venezuela Aid Live, diseñado para que el mundo entero posara su mirada en la frontera colombo-venezolana por esos días. El espectáculo musical, era la excusa para adornar lo que esperaban sería una secuencia de numerosas deserciones en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y de masivas manifestaciones populares de respaldo. Calcularon con datos equivocados que “quebrarían” la indoblegable voluntad de los oficiales y soldados de nuestra FANB de defender junto a la Policía Nacional Bolivariana y a la inmensa mayoría del pueblo venezolano la soberanía de nuestra patria y el legado de dignidad de nuestros próceres independentistas. Creyeron que nuestros oficiales y soldados pertenecen a la misma especie de muchos políticos de la vieja oligarquía político-partidista venezolana y de sus herederos de estos tiempos, para quienes el dinero, el lujo, el placer y las francachelas representan el poder. Nuevamente la subestimación orientó su accionar y como de costumbre se quedaron con los crespos hechos.

Ni el concierto fue masivo, ni lo que presupuestaron recaudaría se acercó al monto finalmente alcanzado. Sin contar con las denuncias de extravío de fondos que “adornaron” la presentación de cuentas.

Lo que fue aún peor, la presunta ayuda humanitaria que habían proclamado “pasarían” a Venezuela desde Colombia en gigantescas gandolas lograron movilizar, quedando luego al descubierto que la mayor parte de la carga eran; guayas, pitos, máscaras y clavos, como componentes de miles de kit para las guarimbas que masivamente pretendían promover en Venezuela.

Comenzaron así cuatro años de angustia, sufrimiento y desmejora de la calidad de vida de los venezolanos, promovidos por muchos de los que hoy reaparecen como si no hubieran roto un plato, con el “nombre cambiado” convocando unas elecciones primarias para elegir el candidato presidencial que pretenden sea electo entre la mayoría de quienes son los protagonistas de las numerosas, consecutivas y devastadoras derrotas experimentadas por la oposición venezolana.

Ojalá la sabiduría acompañe al pueblo opositor, logren realizar su consulta y finalmente logren elegir un candidato presidencial que confronte desde el campo de las ideas y de una oferta positiva de país.

Definitivamente, Venezuela merece una mejor oposición.




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