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15 de abril de 2024





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El margariteño Fidel Rodríguez Velásquez ha sido premiado por la Renaissance Society of America
La Sociedad Renacentista de América —o RSA, por sus siglas en inglés— ha anunciado a los ganadores de sus becas para este 2023. Para honra de la isla de Margarita, entre los seleccionados está nuevamente el antropólogo puntapiedrero Fidel Rodríguez Velásquez.
Juan Ortiz

Foto: Cortesía

Fidel Rodriguez. / Foto: Cortesía

5 May, 2023 | El margariteño Fidel Rodríguez Velásquez ha obtenido un nuevo premio, esta vez recibió el Paul Oskar Kristeller Fellowships otorgador por la Renaissance Society of America (RSA).

La Sociedad Renacentista de América —o RSA, por sus siglas en inglés— ha anunciado a los ganadores de sus becas para este 2023. Para honra de la isla de Margarita, entre los seleccionados está nuevamente el antropólogo puntapiedrero Fidel Rodríguez Velásquez.

El coterráneo ganó su puesto gracias a su propuesta: "Enredados por las perlas: Agentes, política y trabajo en la construcción del temprano mundo moderno" (“Entangled by pearls: Agents, Politics and Labour in the construction of the Early Modern World”). Fidel se encuentra actualmente adscrito al Programa de Posgrado de la Pontificia Universidade Católica do Rio de Janeiro (PUC-Rio), su actual alma mater, donde en pocos meses concluirá sus estudios de doctorado.

Esta es otra joya que se suma a la corona de este joven talentoso y constante, ejemplo del tesón y el empuje de los habitantes de nuestra ínsula. Ante este nuevo reconocimiento por su labor, Fidel comentó en sus redes: “... Un espaldarazo importante para seguir pescando perlas en los archivos”.

Luego de enterarme de la buena nueva, me puse en contacto con él y le hice unas preguntas que hoy comparto con ustedes:

¿Cómo te sientes con este nuevo logro?

Es un regocijo enorme, ¿sabes? Yo siempre digo con mucho orgullo que vengo de un pequeño pueblo de pescadores, que crecí en una isla y que parte importante de mi infancia y juventud se desarrolló en relación con el mar y con nuestra amada Isla de Cubagua. Ganar un premio de una organización que reúne a miles de académicos de todo el mundo es una gran satisfacción. No obstante, sin dudas, lo que más me llena de orgullo es poder hacerlo investigando sobre la historia de nuestra isla y de los trabajadores del mar. Cuando leo las fuentes de manuscritos de los archivos europeos que hablan sobre el pasado de Cubagua y Margarita, no puedo evitar pensar en los pescadores con los que conviví.

Es notable que tienes una honda relación con nuestra gente de mar, ¿hay algunos pescadores que recuerdes?

Venimos del mismo lugar, hermano, de la misma orilla, no vincularse con los pescadores era imposible, y, por supuesto, no podíamos perder esa dicha. La cercanía, la pesca y los pescadores me dio enseñanzas enormes. Cómo extraño esos momentos, sobre todo los que pasé en Cubagua con mi padre.

Mi relación con “Cuagua” como decimos en la isla, estuvo mediada en muchos sentidos por él, por Fidel Hermenegildo, y mi madre, Victoria del Valle, así como por mi tía Maritza Rodríguez y mi tío Efigenio Velásquez. Siempre que íbamos a ese paraíso nos quedábamos en la ranchería de mis tíos, lugar que, por cierto, es un testigo material de la historia de la pesca de esa orilla histórica, porque fue de las primeras construcciones levantadas allí durante el siglo XX. Perteneció en un principio a Natividad Velasquez, padre de Efigenio, uno de los grandes pescadores y dueño de trenes de la isla.

En Cubagua conocí y compartí de cerca con muchos pescadores que ya no están entre nosotros. De entre ellos recuerdo con especial cariño a Victor Julio Salazar, a Mario Salazar y a Andrés Salazar. A mi memoria viene claramente cuando presencié muchas veces cómo Víctor Julio, mirando el mar desde tierra, podía saber de qué especie era el cardumen y cuántos kilos iban a pescar. Una habilidad y un conocimiento de la faena que siempre me dejó impresionado. Mi investigación, aunque es sobre el siglo XVI y XVII, coloca en el centro a los trabajadores del mar. Casi siempre, cuando estoy en algún archivo pensando en estos trabajadores, mi mente se llena de sus nombres, sus destrezas marineras, sus cuentos, estoy allí con ellos, como si el tiempo no hubiese pasado. Con Mario y Andrés pude después tener largas conversaciones cuando ya era antropólogo, y sobre ellos espero poder escribir un trabajo en el futuro próximo.

¿Algunos profesores de la isla de Margarita que te influenciaron?

Decir nombres es siempre una tarea difícil, porque uno corre el riesgo de no mencionar a personas valiosas. Sin embargo, no atreverse a decirlos también sería no dar el valor debido, no dejar constancia de su paso por nuestras vidas. Yo no puedo negar que hay seres que me apoyaron tanto que permanecen constantemente en mi recuerdo.

En principio debo decir que soy egresado de la mención de Zootecnia Marina de la Fundación la Salle de Ciencias Naturales, una institución que brindó a los jóvenes de mi generación una educación de la más alta calidad, con laboratorios de punta y docentes comprometidos, pero, sobre todo, con una profunda formación humana.

En La Salle nació mi pasión por la investigación de la mano de dos profesores: Nancy Salazar y Juan Capelo. Con ellos di mis primeros pasos en el festival juvenil de la ciencia que organizaba la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (ASOVAC) —no sé si aún se celebra—, y nos trajimos el primer lugar para la Isla de Margarita y para Punta de Piedras. También es importante mencionar a dos personas que conocí muy brevemente, pero que fueron siempre una inspiración: el Hno. Gines —fundador de la Fundación La Salle y pionero de los estudios antropológicos en Venezuela— y Fernando Cervigón —fundador del Museo Marino de Margarita—. Cuando estudiamos en Zootecnia ellos eran nuestros héroes, leíamos sus publicaciones y queríamos ser como ellos.

¿Algunas palabras para tu pueblo?

Mi Padre Fidel Hermenegildo Rodríguez solía decirme: “Hijo, no te pongas límites”, y yo le quiero compartir esa frase a mi gente, en especial a los que hoy viven y crecen, como yo lo hice en Punta de Piedras, en la calle Miranda, entre Barrio Negro y Nueva Cádiz. Muchos no creen en nosotros porque somos de un pueblo humilde, de gente que trabaja en el mar, y esto se los digo por experiencia, pues alguien supo decirme una vez: “¿En verdad tú eres de Punta de Piedras?, pensé que no podía salir algo bueno de ahí”. Y sí: hay una animadversión, un clasismo recalcitrante que aún persiste. Hagamos oídos sordos a esos personajes y seamos nosotros los primeros en darnos valor. Sintamos orgullo de nuestro pueblo y sus ciudadanos, de nuestros profesores y de nuestra historia.

¡Somos uno de los asentamientos primigenios del continente!, se los dice alguien que vio el nombre de Punta de Piedras en un documento de 1528 : ¡qué sensación tan maravillosa! En esa fecha nuestro pueblo era una pequeña ranchería de pesca de perlas. Comúnmente, la gente prefiere recordar a las perlas como un símbolo de los reyes europeos, pero, cuando las veo, para mí son siempre un símbolo del trabajo en el mar, un ícono de la pesca, una remembranza de los pescadores indígenas y africanos que bucearon en las profundidades marinas para traerlas al mundo. Su labor en aquel entonces fue titánica, y lo sigue siendo ahora, pues muchos de mis amigos de la infancia persisten en la loable faena, así como también gran parte de los habitantes de Punta de Piedras.

Gracias por el espacio Juan.

Que siga la buena labor, Fidel Rodríguez Velásquez

Sigue adelante, querido Fidel, orgullo de tus padres, Victoria y Fidel, y de tu gente de Punta de Piedras. En este espacio Transeúnte tienes un sitial especial, y desde aquí siempre se te desea lo mejor.

Pueden ver los pormenores de la noticia en el sitio oficial de la Renaissance Society of America.

https://www.rsa.org/page/RSAGrantwinnerslist




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