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13 de julio de 2024





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La Iusética y Bukele
La sinrazón de todo esto radica en la injerencia de intereses políticos y económicos. Vaya usted a saber cuantos negocios turbios se agazapan allí aunque pretendan brillar como hermosos y sentidos reclamos por la justicia.
Juan José Bocaranda E

23 Ago, 2023 | Quiero referirme en esta oportunidad a los ataques de algunos individuos y de ciertos sectores contra la gestión gubernamental que en su país viene desarrollando el Presidente Bukele. Ataques que considero absurdos, porque ni siquiera merecen el calificativo de injustos, pues tanto la justicia como su contraria, toman en cuenta la razón. A diferencia del absurdo, que casi siempre implica un tanto de estupidez.

En efecto: constituye un absurdo, es decir, una estupidez, defender los derechos de las bandas de malhechores que han oprimido, vejado, maltratado, explotado, robado y asesinado impunemente a la población indefensa. No menos absurdo y estúpido,

ver casi normal que los malos pisoteen la dignidad de las personas buenas, dignas, honradas y trabajadoras. Actitud esta, protagonizada por la ONU, la OEA y por ciertos gobiernos que con ahínco y calor sospechosos, defienden lo indefendible y atacan lo correcto.

La dignidad humana se basa sobre dos principios. Uno, de carácter absoluto: la fuente o razón de ser de la dignidad es la existencia como persona. Otro, de carácter relativo, condicionante: las personas merecen que se les reconozcan los derechos humanos en la medida en que ellas reconozcan y respeten los derechos de los demás.

En otras palabras: la dignidad humana siempre se conserva, pero no otorga el privilegio de violar la dignidad ni los derechos ajenos.

De lo contrario, no existiría el derecho a la defensa, y los malhechores tendrían patente de corso para abusar, arrebatar y matar libre e impunemente.

En el caso de El Salvador, acusan a Bukele de violar los derechos humanos y de tratar cruelmente a los detenidos. Pero, por falta de autoridad moral, quienes lo hacen se abstienen de tocar el punto canceroso, a saber, la obra maligna de las bandas criminales que han sido un azote sangriento contra un pueblo honesto y trabajador. Treinta años de alcahuetería gubernamental y política, a lo largo de los cuales nadie se condolió de la población, debido a intereses abominables e inconfesables.

Ni la ONU ni la OEA han protestado con verdadero convencimiento, tampoco, contra la violación de los derechos humanos en otros países, donde los mandatarios violan los derechos mas elementales, sin que se hagan sentir con el debido acento, los reclamos de aquellas organizaciones.

La sinrazón de todo esto radica en la injerencia de intereses políticos y económicos. Vaya usted a saber cuantos negocios turbios se agazapan allí aunque pretendan brillar como hermosos y sentidos reclamos por la justicia. El lucro, por una parte, y la demagogia por la otra, forjan una tenaza poderosa aunque nada convincente, viniendo de quienes viene. Porque todos sabemos que, para aparentar verdadero interés por la justicia social, se encompinchan con aquellos sectores mas indeseables de la población que el propio Marx llamaba lumpenproletariado. Son justamente la gente de esta clase de espíritu los que ansían que retornen los salvatruchas a un país ahora tranquilo y pacificado y antes ocupado por la maldad.

Y en cuanto a los maltratos que alegan los amantes de los facinerosos, digo que no se debe confundir maltrato con severidad. En el sistema carcelario que viven los facinerosos, es indispensable una disciplina rígida, en todo caso nada brutal en comparación con el ambiente de terror que los cuatreros imponían día y noche a sus victimas inermes.

Con gente acostumbrada a la violencia y el abuso, hay que ser duros, aunque sin violar los derechos humanos, claro esta.

Para mi, representa un deber moral defender un gobierno como el de Bukele, porque, colocando las cosas en orden, está implantando el bien y contribuyendo al despertar de los derechos humanos, como lo propone la Iusética.

El Salvador fue uno de los 48 Estados firmantes de la Declaración de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948. Luego, como reconocedor de los Derechos, admitió que la Moral y el Derecho se conjugaron, generando la existencia, hasta ahora subyacente, del Estado Ético de Derecho.

Al parecer, pues, El Salvador, haciendo honor a su nombre sagrado, esta destinado a ser el primer país donde rijan la Ley Moral, el Principio Superior de Perfección del Orden Moral y el Principio Ético de Derecho, en fin, el Derecho Nuevo que habrá de salvar el planeta para que rija el Bien por el Bien.

Dios quiera que ese hermoso país no solo siga enarbolando la bandera de la Justa Justicia, con la paz que ahora puede vivir, sino que también sea antorcha de ejemplo para que en los demás países del mundo se selle la puerta donde mora el mal y se abran las puertas para que brille el Bien.




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