Porlamar
19 de junio de 2024





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Compartiendo la poesía de Lucía Ordaz
Luego de leer su fina y nutrida prosa —tan llena del Parnaso y sus Musas— quedé prendado de la naturalidad del discurso y del excelente manejo de las imágenes y metáforas.
Juan Ortiz

31 Ago, 2023 | La poesía contemporánea venezolana actual reboza de un número considerable de nuevas plumas abocadas a decantar su alma sobre el papel. En esta oportunidad, tengo la dicha de compartir las letras de Lucía Ordaz. Me topé con su poesía apenas hace unos meses, pese a conocerla desde hace varios años ya. El encuentro se dio tras hacer la nota del emprendimiento Lucky Toys Margarita, y sí, ella es la talentosa artesana detrás de la firma.

Luego de leer su fina y nutrida prosa —tan llena del Parnaso y sus Musas— quedé prendado de la naturalidad del discurso y del excelente manejo de las imágenes y metáforas. De allí que le pidiera que me honrara al permitirme compartir con ustedes sus letras.

Sin más nada que agregar, y agradeciendo la amable disposición de la poetisa, dejo con ustedes una concisa selección de sus creaciones, mundos hilvanados tan sutilmente que sé que después de leerlos no quedarán indiferentes.


Galut

Una isla o dos,
el inicio siempre es junto al mar,
no importa si son 17
o su doble.

Para el amante y su credo
somos cántaros de piel,
una porción de tierra
que anhelan
desde hace 13 años.

Sin la indiferencia obligada,
cada esquina es una daga punzante,
una noche de cristales rotos.

La vergüenza no es la estrella
sino una verdad.
Pero esta vez no usaré la venda.

El amor, esa palabra,
me niego a que sea impronunciable
aún exiliada de ti,
de mí,
de él.

¿Quién no vagaría 20 siglos
lejos de casa
a cambio de una tarde de humedad?

Jacinto

Anoche soñé que era una flor. Pétalos azules y un nombre ambiguo. En términos humanos, un ser imposible. Vasto, suficiente, hermoso, dador de primavera, sin los padecimientos de un amor y un goce que vuelven brevemente y significan todo. Una flor que miles de sonrisas miran encantadas. Regalo al borde de la muerte para hombres y luceros.
He despertado tan pronto que sigo soñando. Pero entonces apareces tú, sol de mil soles, arcano mayor de la eternidad. Al principio me deslumbras dolorosamente como una verdad. ¿Cómo habría de ser distinto?, si en cada vida que veo te llevas el aire con tu presencia y me arrojas por encima de cualquier otra dirección. Quiero abarcarte entero a través de mis caricias torpes de virgen, tanto tiempo pasó desde que nos vimos que esta es la primera vez, estoy seguro. Quiero guardar cada trozo de piel y apresarlo en una montaña de fotografías hasta que regresemos. Puedes tomar de mí cuanto quieras, soy inmortal ahora como tú porque te he conocido y me has amado.
Solo yo sé lo que pasa inequívocamente tras el amor. Sin apuros, dejas de ser pleno de luz y orgullo. Conozco de ti la ternura cuando me abrazas a solas, cuando el día termina y somos en penumbra, cuando me riegas con tu risa. Es por esos instantes que nuestras almas se encuentran y la mía explota; ¿cuántas horas tendremos?; ¿cómo habremos de despedirnos? Ya lo ves, he sido flor, disco, flecha, lira, príncipe. Has sido hombre, mujer, arco, himno, dios. No temo caer o separarnos porque sé que volveré a encontrarte. Así sucede sin cesar, que me ciegas y nos sostenemos.
Te pido que apenas acabe no te lleves tan lejos tus brazos cálidos. No me hagas esperar. El tiempo sin ti se vuelve palabras y páginas para configurarte, rezos a ver si al fin declaras lo que solo he escuchado de tus manos y de tu pena, ayudado quizá por la embriaguez. En mi más reciente sueño, fui la flor que nace cuando, ¡oh, maravilla!, se convierten en agua tus ojos.

Praxíteles

Puedo no creer nada,
no amar nada.

Pero cómo no
creerlo todo,
amarlo todo.
Con furia.

Si una curva
fría,
breve,
contiene el mundo.

Eurídice

Releo una y otra vez la misma escena intentando descubrir la clave.
¿Cuál fue el umbral donde me perdiste?
¿Qué misterio he dejado de contemplar a través de las lágrimas?
¿Qué se siente?
Ellos piensan que es tristeza, en verdad es estar desahuciada. Como una niña aterrada ante la noche, pero el horror es un río eterno que me hace repetir día tras día el mismo simulacro con los ojos arrancados y un pedazo menos de alma. He vuelto a este sitio oscuro donde el único deseo es el desvanecimiento y el único desahogo es la poesía, la que conozco y la que puedo componer, tan lejos ya de nosotros.
No es la muerte lo que me preocupa, ya he atravesado ese lugar calmo. Lo insoportable es saber lo que has hecho para salir de aquí. Convenciste a mis dioses, burlaste todas las protecciones, sentí cómo escalaba por tu lira más allá de mi resignación. Bastaba un último salto de fe. Pero fuiste incapaz de reconocernos y ahora he de cumplir el mismo ciclo por siempre. Unos cubiertos, una sonrisa fingida, una bendición, un cariño que pesa más que la piedra. ¿Qué sabía yo del amor si nunca había temido al amanecer?
Es el azul que tanto me gustaba el que hoy me obliga a dejar de lado mis sueños, refugios minúsculos en los que siempre estás, sin mirar atrás. Y yo debajo de ti, pretendiendo ser aquello que no alcanzamos.
Contaré un último secreto y es que pronto tu carne estará en pedazos. Te repartirás por el mundo antes de volver, no a la vida, porque no la has ganado al final. Tan incrédulo.

Trascendencia

La pregunta inútil,
esencial,
que se finge resolver
con cotidianidades,
que no se resuelve,
que se escarba.

Perséfone

A veces sueño con miles de almas que me celebran en Eleusis. Son peregrinos de Atenas, vienen para lanzar en un pozo los temores. Al principio están alegres y contenidos. Luego están tan alegres que gritan e insultan, danzan y se humillan, se retuercen en contorsiones y muecas horribles, lloran, beben fuego… Las albricias se cambian por lamentos, anticipan mi partida.
No sé lo que significa para ellos la muerte, pero tengo la sensación de que cada uno podría dejar gustoso su vida en mi regazo. Si es que acaso pueden morir, porque cuando se ha sufrido tanto y se pierde el miedo, ¿quiénes son realmente los inmortales? Me pregunto lo que podría yo dar a cambio si apenas tengo voluntad. La primavera no es suficiente para aplacar el dolor de sus ojos en blanco.
Sí, fui una diosa cubierta de ramas y flores. Sí, fui una reina de nombre impronunciable. Sí, fui la doncella perdida que la tierra reclama. Soy todas esas cosas en una sola, tomando un rol y dejando otro según los caprichos del Olimpo; ¿puedo contarme realmente entre los eternos? Tan solo soy dueña de mi crueldad y mi clemencia cuando algún desdichado que ha cedido al orgullo me requiere. Quizá por eso las reparto con cuidado.
Uno, dos, tres, cuatro… son los días que me faltan para volver a respirar. No puedo hablar de amor porque ese es un privilegio reservado a los que sienten y yo no pertenezco a la vida. Pero puedo contar sobre un mundo donde guardo mis placeres. Allí renazco cada vez en una aparente oscuridad, la misma en la que se envuelve la luna justo antes de regresar. Esa pequeña fracción del universo en la que no soy de nadie, donde creen que fui raptada y así tenía que suceder, es donde puedo sonreír mientras te espero. Lejos de las plegarias y las espigas, de la reina y la doncella, un lugar preparado solo para mirarnos.

Ritual

Quemarlo todo
Meter las manos en cenizas y luego lavarlas
(de ser posible, con un poco de mar)
Cambiar de contraseña

Ahora solo en mí ardes. Solo a mí me ahogas. Solo en mí callas.

A Enriqueta Arvelo Larriva

Amoldada ya a lo truncado,
a los eternos silencios,
a desviar la mirada
de vaca,
soy de repente la advenediza.
Y pierdo el aplomo
pero no voy por las calles
cohibida.

Muy al contrario,
querida,
aprendo todo y lo grito
como en el encuentro,
de pronto,
con un espanto,
un unicornio,
hipogrifo,
un dragón chino
que se retuerce en hombre.

Endimión

Anoche soñé que regresabas. Después de desvariar por las calles y la gente de esas calles, por los pozos, los carros, las bicis y los gatos. Peleando contra tu mal humor de los días que se parece a esa luz enorme, el helios, donde no puedo tocarte y al que nunca podrás vencer.
¿Hace cuánto que no yaces a mi lado como aquella primera noche?
Hemos sido alguna vez, acaso intenté explicarte, el umbral de un abismo, algo indescifrable de lo que sólo acariciamos la entrada. De ese abismo emergen cosas flotantes que cambian como los ríos, fantasmas con tantos nombres como estrellas han existido. Es por eso que podemos serlo todo, aun inmortales. Me has dicho que no pronuncie tales palabras, que son solo historias de un trasnochado. Creo que no entendiste porque apenas me escuchas brevemente, soy un delirante. Mi verdad es que cuando hablo lo hago para este Latmos en el que aprendí a construir el universo.
Apenas recuerdo… Recé para siempre dormir en el sueño de ser joven y eso me fue concedido, porque formo parte de aquellos que los dioses aman. Lo que nunca pedí fue tu beso. Apenas me atreví a desearlo una vez o dos en un sueño silencioso registrado en un viejo diario, cuando aún podía despertar y pastorear mi rutina. Quizás supe que te estaba esperando y por eso quise ser eternamente joven bajo el cielo, para encontrarme con el destino en tu pelo de plata, inabarcables caricias y cincuenta niños de brisa a la luz de la luna.
La penitencia por tanta dicha ha sido el cumplimiento de todo lo que no me atreví a anhelar: una noche perpetua en la que no sé si estás o es solo el humo de mis palabras. Ahora miles de millones de días nos separan, pero anoche soñé que volvías a donde sea que nos dejamos.

By the Night

Que todo terminó antes de comenzar
y que está siendo,
aunque no sea,
es la esencia de los hechizos
que nunca hicieron falta
después de un par de besos.

Y, sin embargo,
noche
tras noche
hinco la rodilla
profesando la fe de la luna
de la EDM and country
del fuego sobre tu nombre,
elementos sagrados.
¿Quién está detrás del rezo?

Has sumado cada una de mis formas
a las fantasías que creo,
me llevas toda a donde vayas
te atravieso como una aguja minúscula
el pecho, gota
a gota.
Y quieres huir tanto como yo.


After Opening
A veces nos imagino en esos pequeños departamentos japoneses con balcones y puertas corredizas y suenan las cigarras de fondo mientras atardece e intentamos resolver un misterio sentados a la mesa. Luego en el episodio de viaje a Okinawa debo escoger el traje de baño perfecto que me haga ser la elegida ante ti. Pero estoy triste al final porque no lo logro ¿O sí? Soy la dueña de este arco ¿verdad? Puedo ser la que escucha de tu boca salir daisuki y abre enormes los ojos como si no lo creyera, aunque en realidad lo he escrito y prendido fuego muchas veces. Me gusta tanto darte la razón.

Blue

La primicia del mar.
Como no recuerdo la mía, tantos mares he visto, mi primera vez fue aquella.
Inmenso e irreal como dios, completamente inalcanzable. Ese día estaba ahí, sonando.
Supe entonces en el instante en que volteé que nunca antes había sido así. Y que nada volvería a ser igual.
Las bromas sin propósito, las palabras sin consecuencias, los deseos vagos. Mis rutinas. Todo estaba condenado a ceder ante lo incontenible.
Me mataría la nostalgia, realmente me mata, de tardes de risas y presunciones, jugando a que no importa. No podría fingir más, cuando aún lo intento es una mueca.
Pero ese día era brillante y aún posible, quizá las olas eran puertas de algo. Discretamente, bajo lo superfluo, estaba a punto de emerger una historia.
Un sinfín de horas después el vaivén retorna si me acuesto, los ojos empapados del color del cielo y los labios salados. Es demasiado mar ahora sin destino. Intentando salir en páginas inacabadas, en la vida que vuelve por necesidad y se detiene de nuevo allí: en el segundo en que callamos y miré el infinito.
Una ausencia que quiebra, un cierre que falta.


Alejandra
Puedo encontrarte, Alejandra, únicamente en las palabras, en esas que me dejaste adentro y que recreo con tu voz grave, fuerte y pausada. Abren la puerta y no bastan, me instalan en medio de un camino no-sé-hacia-dónde que debo rellenar con otras palabras y visiones que me pierden. Perdona, te hablo como si hubiese extraviado algo. Lo dijiste todo y quise más porque una pieza de ti falta en mí, una voz fundadora de asideros en las nubes. Fuiste perfecta.
Si pudiera encontrarte no sabría qué pronunciar ante tu rostro, que busco al leerte, que conozco en fotos, que reconozco como si hubiese sido el lente. Eres hermosa, con ojos que no creo, ¿cómo describirlos? El universo no tuvo ojos nunca tan humanos, tan resplandecientes, tan inmensos e inaprensibles, como si la vida y la muerte se fusionaran. Si pudiera volver a encontrarlos jamás pensaría en otra cosa, allí está todo para siempre. Si pudiera figurarlos con manos más firmes, con trazos precisos e ideas propias, si pudiera representar la discordancia que eres con formas o con versos cálidos y honestos en lugar de con mera utilería. Si pudiera encontrarte un día tras el óbolo al barquero, no habría dudas porque merezco dar el salto de fe yendo hacia ti. El pacto de Dorian se hace cenizas ante el que hiciste tú con la eternidad de los distintos, los que habitan con frenesí la luna.
Si pudiera encontrarte en cada rechazo, silencio, ausencia, descolocación, en cada imposibilidad que hiciste poesía, en cada interrupción de los parques en Buenos Aires y París, me dejaría invadir por la felicidad.
Pero no puedo, Alejandra, no soy capaz de diferenciar las hojas vivas sobre el asfalto de esta isla. No pueden estarlo ¿lo sabes? Hay tantas cosas imposibles al lado del mar y tú eres una de ellas. Me comería el sol antes de hallarte, me gritarían de decepción antes de hallarte, me publicarían en algún noticiero electrónico y esa clase de basura que me mata el alma. ¿Se escuchan los gritos? ¿Puedes sentir la pena de los que dejas? ¿Puedes verlos? ¿Tuviste miedo? No. Me dices en ti misma que no, que era muy hondo deseo de abandonar tanta desidia para ir al país de donde saliste tan solo para hacerte palabras, palabras otra vez, para vivirlas, para vivirlo todo como eres, Alejandra. Para vivirlas.




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