Porlamar
15 de abril de 2024





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¿Por qué la gente llega a ser grande?
Pero en mis tiempos de juventud, la Semana santa cambió y los muchachos de una u otra forma buscábamos la forma de ir para la playa, pues ya la creencia de que la gente se convertía en sirena o en pescado, se había demostrado que era mentira
Emigdio Malaver G. /emalaverg@gmail.com /@Malavermillo

29 Mar, 2024 | Tiempos de semana Santa. El sol, en esta era, siempre ha protagonizado la película del clima que se proyecta. El calor es un actor que por costumbre ha hecho el papel de sofocar a los habitantes que buscan refrescarse. Así es y ha sido siempre.

El periodista Juancho Marcano, buscó un lugar, cerca del jardín, y colgó su hamaca, y ahí se dispuso a leer un libro de Earle Herrera sobre su pueblo: San José de Guanipa, un texto que, si la persona ha nacido en El Tigre o El Tigrito y lo lee, debe respirar el aire de la nostalgia por los cuatros costados y más aún con la excelente escritura del mencionado autor que retrata muy bien su lugar de origen, su clima y sus personajes.

El perro Pipo cerca del periodista y observando toda la tranquilidad, tanto del clima como de la calle, buscaba el momento de preguntar y cuando lo halló, lo hizo: “¿Juancho cómo era antes la semana Santa?”

El reportero marcó la hoja del libro, lo cerró y viendo a su perro, manifestó: “Pipo, la semana Santa de mis antepasados, para hacer un poco de historia, era bastante religiosa y por eso en jueves y viernes santo, no se cocinaba, sino se recalentaba; no se trabajaba en el conuco y no se iba a la playa, pues había la creencia de que la gente que iba esos días a bañarse al mar, se convertían en sirenas. Por eso la gente buscaba más lo espiritual y el retiro religioso y se llegaban hasta La Asunción y ahí iban a las procesiones y a las misas que hacían con motivo de la pasión, crucifixión y resurrección de Jesucristo.

Pero en mis tiempos de juventud, la Semana santa cambió y los muchachos de una u otra forma buscábamos la forma de ir para la playa, pues ya la creencia de que la gente se convertía en sirena o en pescado, se había demostrado que era mentira. Era una cosa qué no se explicaba, uno todo el año aquí y no iba a la playa, pero era nomás de llegar los días santos, “pa la playa mano”, como decían antes”.

El perro oyó al periodista y como lo entendió, como broma, le dijo: “Y ahora en estos tiempos, usted lee”. Y el periodista dijo: “Bueno, como ya no voy a la playa, voy a seguir un consejo de Jorge Luis Borges: “Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe”, acotó el periodista y volvió a las páginas del libro, y Pipo buscó recostarse debajo de los helechos.




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