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Yamandú Costa hizo vibrar las tierras albicelestes con sus siete cuerdas verde amarelas En cuanto a su producción, ya son más de 17 discos de su autoría, con cientos de obras propias, y tiene en su currículo el haber compartido escenario con artistas de la talla de Sylvain Luc, Bob McFerrin, Stefano Bollani y Antonio Zambujo, solo por nombrar algunas luminarias. Juan Ortiz
Juan Ortiz, Yamandú Costa y Facundo Rodríguez. / Foto: Cortesía Juan Ortiz 27 Feb, 2025 | El pasado domingo 23 de febrero del 2025, la vida me dio la dicha de poder ver en vivo a uno de los guitarristas que más he admirado en los últimos años: el maestro brasileño Yamandú Costa. Llevo escuchando su obra desde hace unos 17 años, y todo gracias a mi entrañable amigo Pablo Marval, quien me mostró algunos de sus videos. Lo primero que me abrazó al oír su guitarra fue el asombro por el virtuosismo de su interpretación, luego me invadió una admiración que hoy por hoy, tras conocerlo, no ha hecho más que consolidarse. Un poco sobre Yamandú Costa Hace cuarenta y cinco años, un jueves 24 de enero por la madrugada, el pueblo de Passo Fundo —Rio Grande do Sul, Brasil— vio nacer a una de las estrellas más icónicas de la guitarra contemporánea. La música desde la sangre La música era lo suyo desde antes de la concepción, fue lo suyo en el vientre de su madre y luego de su nacimiento, y es y será lo suyo por el resto de sus días. Lo antes descrito no resulta nada raro, pues es hijo de la reconocida cantante Clari Marson y del trompetista y guitarrista Algacir Costa —fundador del grupo Os Fronterizos en Brasil—. Ella, Clari, cuando lo tenía en la panza —y después de traerlo al mundo—, entonaba para él sus más preciadas nanas, acompañada por las cuerdas de Algacir. Este último, cuando el pequeño tenía apenas siete años —número cabalístico y significativo en su carrera—, fue quien se encargó de consagrarlo al arte del «violão» —guitarra en portugués—. Un maestro virtuoso para instruir a otro Como era de esperarse, el nexo entre Yamandú y el instrumento fue inmediato. Por cosas de la providencia, años después, le correspondió a un virtuoso argentino el consolidar los aspectos técnicos de la ejecución de Costa. Se trató, nada más y nada menos, que del maestro correntino Lúcio Yanel —padre de la escuela gaucha de guitarra—. De la mano de esta icónica figura, el brasileño se hizo de un estilo preciso, limpio, y muy pero muy expresivo, arraigado, innegablemente, a las corrientes musicales argentinas. Al escucharle, Yanel supo desde un principio que estaba con otro elegido, otro juglar venido de ese lugar donde convergen los genios para hacer resonar la madera encordada como solo pocos en la historia lo han hecho. São Paulo: el lugar de los comienzos Fue el Circuito Cultural Banco do Brasil, en São Paulo, el sitio que escuchó por vez primera un recital de Yamandú. Bastó esa sola presentación, con apenas 17 años, para que el joven Costa fuera tenido en cuenta como una de las luminarias recientes de la guitarra brasileña. Un camino signado por la creación Desde temprano, Yamandú comprendió que no vino solo a interpretar, no, vino a crear, vino a componer, vino a dejar una huella, un lenguaje muy propio en el mundo de la guitarra en el cual entremezcla el choro, la samba, el tango, el joropo, el chamamé, la chacarera, la polka, el jazz y cuanto estilo, ritmo y forma le sean posibles. Su talante musical es —como él mismo dijo en una entrevista— «transversal». El embajador de las 7 cuerdas Lo caracteriza su guitarra de siete cuerdas —de allí que le hice una pequeña escultura con ese peculiar motivo—. A este instrumento lo tocó por vez primera a los 16 años y desde entonces quedó prendado, al punto de que hoy por hoy no sale a ningún concierto sin él. Fue gracias a la influencia del virtuoso ejecutante Raphael Rabello (QEPD) que conoció esta variante del cordófono. 28 años de carrera formal consagrado a la música Y sí, desde su primera presentación en São Paulo, ya van 28 años. Aunque, como dije en un principio, son 45 en realidad, porque ya venía con Euterpe —musa de la música— incrustada en cada fibra de su ser. En ese transitar ha visitado decenas de países, y se ha presentado en los más importantes escenarios del mundo —Shanghái, Moscú, París…—. En 2021, a sus 41 años, ganó un Grammy como mejor disco instrumental por «Bachianinha: Toquinho e Yamandu Costa (Live at Rio Montreux Jazz Festival)». En cuanto a su producción, ya son más de 17 discos de su autoría, con cientos de obras propias, y tiene en su currículo el haber compartido escenario con artistas de la talla de Sylvain Luc, Bob McFerrin, Stefano Bollani y Antonio Zambujo, solo por nombrar algunas luminarias. A cada sitio al que llega, Yamandú se gana el cariño y el respeto de la gente, quienes, además de admirarle el arte, se quedan impresionados con su humildad y buen humor. Yamandú: un nombre con propósito Siempre he sido de los que piensan que los nombres marcan tu camino, y para cerrar este apartado, dejo esta pequeña referencia: el nombre Yamandú viene de la lengua amerindia tupi-guaraní, y significa «El precursor de las aguas del mundo». Creo que no hay un nombre más poético y preciso: el de las corrientes sonoras del sur.
Yamandú Costa junto a Facundo Rodríguez. / Foto: Cortesía Los 30 años del Torquato Tasso: el escenario perfecto La cita para el encuentro luego de casi dos décadas de seguir sus pasos fue Torquato Tasso, un icónico club de música ubicado a la altura de Parque Lezama, en Buenos Aires. Justo este mes, el local celebra 30 años de trayectoria como un puente entre las mejores y más variadas armonías y melodías y los melómanos asiduos de la ciudad. Puntualidad ante todo La convocatoria era a las 10:00 p. m., y la entrada al local era a partir de las 8:00 p. m., pero, como el puesto se daba por orden de llegada, me planté en el lugar desde las 6:00 p. m. Esperé un rato viendo las partidas de ajedrez en la plaza mientras se hacía la hora, y pude acomodarme de segundo en la fila. Puntualmente, los organizadores dieron paso a los asistentes, y mi accionar oportuno me permitió estar en primera fila. Y sí: estuve dos horas sentado esperando a que se hicieran las 10:00 p. m, sin embargo, había añorado escucharlo durante casi dos décadas, ¿qué importaban dos horas de espera para poder apreciar a escasos tres metros todo el desborde de su talento musical?, nada, ciertamente. El arribo del virtuoso: 17 años de espera acabados Llegadas las 22:00, el maestro descendió de su camerino por las escaleras posteriores del establecimiento y se dirigió a escena entre ovaciones, silbidos y voceríos repitiendo su nombre. Yo era uno de los que le aclamaban. La idiosincrasia, ante todo Como es costumbre —fiel a sus raíces—, Yamandú llegó con su traje gaucho negro, su largo pañuelo decorado colgado al cuello, sus sandalias —muy parecidas a nuestras alpargatas, pero tejidas— y su dama de 7 cuerdas. Le esperaban en escena su mate y su termo. Un comienzo descomunal y un desarrollo sin desperdicio Ya en la tarima, nos miró, se inclinó para saludar solemnemente, se sentó, no dijo nada, y recitó tres piezas contiguas con una pasión indescriptible. Al terminar la tercera obra, los aplausos duraron unos tres minutos sin descanso. Debo confesar que ver su interpretación en vivo superó con creces las grabaciones de YouTube y Spotify. Aquí hago una pausa breve para celebrar al sonidista y al encargado de iluminación: el trabajo que realizaron fue magnífico. Luego de esa primera tanda, el maestro dio unas breves palabras elogiando a la guitarra argentina y sus exponentes, recordando a su querido maestro Lúcio Yanel y a tantos otros grandes que han forjado su camino y le han inspirado. Después prosiguió, con el mismo temple, haciendo gala de un manejo total del bordoneo, las melodías, el tapado de mano izquierda y la fusión de ritmos de toda índole. Una grata sorpresa La noche transcurrió entre aplausos, mucha algarabía, alegría y risas —pues el maestro tiene un muy buen humor en escena—, hasta que, cuando había pasado una hora de show, Yamandú nos desveló una sorpresa: tenía un invitado, el joven maestro santafesino Facundo Rodríguez. Quizá lo más emblemático de esta «sorpresa» fue que las cuatro piezas que interpretaron posteriormente son parte de un disco que hicieron hace un mes y que les llevó unos pocos días grabar y producir. Para los que estamos en el mundo de los instrumentos de cuerdas sabemos lo complicado que es lograr esta proeza, sin embargo, en ese espacio propio de los virtuosos es algo del día a día. El desempeño de ambos en escenario fue sublime, una amalgama de emociones, ritmos, melodías, volúmenes y tesituras tan precisa que cualquiera hubiera jurado que llevaban años tocando juntos. Facundo, el grato invitado de la noche De la intervención de Facundo rescato su interesante técnica de mano izquierda con púa tomada con pulgar e índice y el arpegio hecho por los dedos medio, anular y meñique, algo poco usual en los ejecutantes de guitarra académica. Luego, en una breve charla, Rodríguez me comentó que la desarrolló con el maestro Rudi Flores. El destacado desempeño de este joven tampoco respondía a la casualidad. Así como Yanel vio en Yamandú —más de tres décadas atrás— la efigie del virtuoso, me atrevo a aseverar que Costa vio lo mismo en Rodríguez en ese breve compartir durante los días de festejo de sus 45 vueltas al sol. De allí la camaradería y la confianza como para invitarle a compartir escena. Eso no se hace con cualquiera; solo un genio reconoce a su igual. Facundo, con sus 34 años, lleva 29 de los mismo tocando el instrumento. Su padre lo incursionó en los caminos de la guitarra conjuntamente con su hermano Samuel desde la tierna edad de los cinco años. Las vueltas al sol subsiguientes, el pequeño formó parte de distintas agrupaciones de chamamé y otros géneros. Tiempo más tarde, se mudó a Corrientes, donde inició formalmente sus estudios profesionales de música. A partir de allí, y ayudado por el resalte de su técnica e interpretación, Rodríguez ha acompañado a insignes referentes del chamamé, como lo son los maestros Rudi y Nini Flores, Salvador Miqueri, Hector Chávez y Mateo Villalba. En su carrera, Facundo ha hecho giras por Argentina, Brasil, Paraguay, Francia, Bélgica y Japón acompañando a Rudi y Nini Flores. En 2015, se radicó en Buenos Aires, donde continúa sus estudios y forma parte del Quinteto de Nini Flores, agrupación con la que realiza conciertos en importantes espacios, como el Teatro Colón, CCK, Usína del arte y el Cabildo. En 2018, junto a su maestro Yanel, grabó el disco «Cocomarola en Guitarras», producción que le hizo ganador del Premio Gardel como mejor álbum de chamamé en el año 2019. Un concierto inolvidable Si bien todo resultó impresionante y cautivador en el concierto, rescato varios momentos que me marcaron muy particularmente. Entre ellos, cuando Yamandú interpretó «Guabina Viajera», del maestro Gentil Montaña. Si bien se trataba de una pieza común dentro del repertorio latinoamericano, al oír la sutileza con la que Costa ejecutó cada nota me fue imposible no trasladarme a la Isla de Margarita y escuchar al insigne maestro Rómulo Lazarde interpretándola —y sí: el mismo icónico personaje al que Gentil Montaña dedicó su obra «El margariteño», mi querido maestro Lazarde—. Dios no juega a los dados, y sé que la escogencia de esa pieza no fue mera casualidad. Otro tema hermosísimo fue «Clarita», un rasguido doble tocado por Costa y Rodríguez y dedicado a la señora Clari, madre de Yamandú. Había tanto ímpetu, tanta dulzura, tanto amor liberado entre los rasgueos, los bordoneos y las sutiles escalas… era poesía melódico-rítmica pura. No menos emotiva fue «Don Tito», obra que el dúo compuso al padre de Facundo Rodríguez. Los aires argentinos se entremezclaban firmes, imponentes, y la ternura podía evidenciarse en los ojos del hijo que recordaba sus inicios y del amigo que acompañaba a su igual para honrar la sangre del que a buen camino llevó a su estirpe. Si bien podría escribir siete hojas más describiendo los colores, olores, sensaciones, memorias y demás esencias de la existencia vividas esa noche, culmino evocando la pieza que dio cierre al concierto, la cual no pudo ser más hermosa, movida, alegre y significativa. Se trata de «Sarará», una obra tocada y cantada que Yamandú dedicó a su abuela y que, en sus propias palabras: «Representa la libertad de la musicalidad de frontera, también me recuerda a mi infancia. ¡El sueño de tener un caballo cuando era niño se convirtió en este tema musical!». Simplemente, sublime. Tras el último rasgueo, todos nos pusimos de pie y ovacionamos al maestro por más de cinco minutos. No cabíamos en nosotros mismos de la emoción. Simplemente: gracias a la vida por permitirme cumplir este anhelado sueño. Una grata conversa con los maestros Yamandú Costa y Facundo Rodríguez Debo confesar que esta parte de la nota no estaba prevista en un principio, pues tenía claro que la agenda del maestro Yamandú Costa es muy apretada. Sin embargo, gracias al querido Facundo Rodríguez, se pudo lograr. Tras hablar con el guitarrista santafesino, él hizo posible que el maestro respondiera con audios mis preguntas dos días después del concierto, y, pues, aquí se las dejo en conjunto, no sin antes desearles a ambos, desde este rincón transeúnte, que Dios me los bendiga y que me los lleve con bien al resto de destinos en esta y las próximas giras, Al maestro Facundo Rodríguez ¿Qué se siente acompañar en tarima y componer con uno de los máximos exponentes de la guitarra mundial? Son sensaciones, emociones difíciles de describir con palabras, pero podría decir de manera concreta que es «un gran sueño» todo lo que estoy viviendo este último mes, desde el encuentro en Porto Alegre, con la grabación del disco, la invitación a viajar y participar de su concierto en el sur de Chile y ahora en Buenos Aires. Son días de mucho aprendizaje, no solo profesionalmente, sino como persona; el maestro Yamandú es muy generoso. ¿Cómo describe la química musical con el maestro Yamandú? Siento que hacer música junto a él es un regalo de la vida. Nos conocemos hace tiempo, pero en los últimos 2 años frecuentamos un poco más y compartimos una linda amistad. Nos une la pasión por la guitarra y la música. Podría decir que la química es resultado de todo eso, de compartir el mismo sentimiento por la música y la vida misma. ¿Qué le pareció el público de Buenos Aires? Al público de Bs. As. lo conozco ya desde hace muchos años, aunque siempre se renueva, pero la magia de tocar siempre es la misma. Hacía varios años no tocaba en el Tasso, pero volver a ese hermoso lugar con esa gente maravillosa fue muy lindo. ¿Cuáles son sus próximas presentaciones? De manera sorpresiva recibí la invitación del querido Yamandú para seguir acompañándolo en la gira. El próximo destino es Paraguay, con dos conciertos en dicho país, luego vuelvo a Buenos Aires para presentarme en Café Berlín el día 5 de marzo, y después me espera la provincia de Misiones para continuar. ¿Algunas palabras para sus seguidores? Solo quiero agradecer a los amigos que siempre siguen y apoyan lo que uno hace, el acompañamiento incondicional del público es una de las satisfacciones más lindas de un artista. ¡¡Gracias!!
El maestro Yamandú Costa. / Foto Cortesía Al maestro Yamandú Costa ¿Qué le pareció el público de Buenos Aires? Yo tengo un cariño muy grande siempre por el público y por la ciudad de Buenos Aires. Volver acá para mí es como volver de alguna manera a mi tierra, me encanta estar aquí y cada vez me gusta más estar en estos predios llenos de cosas tan interesantes. ¿Cómo se compone y se graba un disco a dueto en 9 días? En verdad fue algo despretensioso que pasó, porque Facundo llegó a visitar el sur de Brasil, Porto Alegre, y yo estaba justo inaugurando mi estudio en mi casa en esa ciudad. Y empezamos a probar el sonido, y, bueno, se quedó un tema, luego otro tema, y con el pasar de los días empezamos a componer algunas cositas más, y cuando nos dimos cuenta teníamos cinco temas. Al llegar a ese número nos dijimos «¿Por qué no grabar 4 más y sacar un álbum?», y así se dio, no fue algo pensado, sino muy natural. ¿Cómo describe la química con el maestro Facundo? En verdad la química con Facundo se da mucho por nuestras escuelas, pertenecientes a la guitarra sureña, por la proximidad con la música del litoral, la cual me gusta mucho desde mi infancia. Mi papá era un apasionado de esta cátedra guitarrística. Entonces, toparme con Facundo es reencontrarme con mis primeras vivencias musicales. Creo, pues, que nuestra fuente de contacto, sin dudas, es la música del litoral argentino que llega hasta el sur de Brasil con mucha mucha fuerza. ¿Cuáles son las próximas presentaciones? Por los momentos, para continuar con mi gira latinoamericana, Paraguay. Y como estamos aquí cerca, invité a Facundo para una participación especial también allá. Luego retornaré a Brasil. ¿Cuándo lo volvemos a ver por tierras albicelestes? Todavía no sé cuándo volveré por aquí. Siempre espero que sea pronto, pues me gusta estar en la Argentina, es una felicidad muy grande. Tengo muchas ganas de ir a ciudades de este país que no conozco todavía, al norte, también al sur. Ojalá sea pronto. Unas palabras para sus seguidores Les dejo un abrazo para toda la gente que sigue mi música y me sigue por las redes sociales. Muchas gracias por el cariño de siempre. Seguimos sembrando sueños a través de este lenguaje universal maravilloso que es la música. (Pueden seguirlo en su Instagram @Yamandu.Costa.Oficial)
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