Porlamar
7 de diciembre de 2025





EL TIEMPO EN MARGARITA 28°C






Sommeliers Informales: el vino argentino contado sin corbata
Lo que hacen Sommeliers Informales es tender un puente entre esos dos mundos: reconocen la riqueza del vino argentino, su diversidad regional, su potencial como producto cultural, pero lo devuelven a un lenguaje llano, habitable, incluso irreverente.
Juan Ortiz

Foto: Cortesía

Nicolás Singer, el Maradona de los vinos y Gustavo Salvestrini. / Foto: Cortesía

4 Jul, 2025 | En los últimos años, algo interesante le está pasando al vino argentino: se lo está volviendo a contar. Pero esta vez, lejos de los manuales técnicos o los circuitos exclusivos, la narrativa nace en espacios más horizontales: redes sociales, charlas espontáneas, contenidos frescos que priorizan la experiencia, la historia detrás de la botella y el placer de compartir.

Ese giro no es casual ni superficial, responde a un cambio generacional y cultural. Nuevos públicos se interesan por el vino desde la curiosidad, no desde el saber enciclopédico, ellos quieren conocer, pero también participar. Y allí donde antes la figura del sommelier imponía una distancia, hoy aparecen proyectos que invitan a acercarse sin miedo a “decir algo mal”, “sin corbata”, aunque sin descuidar el saber.

Una tradición que sigue fermentando

Argentina no comenzó a producir vino para exportarlo ni para vestir etiquetas. Como recuerda Pablo Lacoste en El vino en la historia argentina (2021), la vitivinicultura tuvo, desde sus orígenes coloniales y su auge en el siglo XIX, un sentido profundamente social y regional. Las familias elaboraban vino para el consumo propio, para vender en almacenes barriales, para celebrar la cosecha. El vino estaba en la vida cotidiana, no en las vitrinas.

A lo largo del siglo XX, y sobre todo desde la década del 90, el país vivió una transformación productiva y cultural que posicionó al Malbec como cepa insignia. Pero también consolidó una industria que aprendió a mirar hacia adentro: a explorar su diversidad geográfica, a recuperar técnicas tradicionales, a apostar por los pequeños productores y a darle voz a quienes cuidan la vid desde la raíz.

Sommeliers Informales: comunicación sin solemnidad, pero con compromiso

En ese ecosistema cultural renovado nace Sommeliers Informales, un proyecto argentino que entiende que el conocimiento no tiene por qué ser solemne para ser riguroso. Desde sus redes sociales, este dúo formado por Gustavo Celestrini y Nicolás Singer comunica el vino con humor, creatividad y cercanía. Su propuesta no se limita a describir aromas o maridajes: pone en valor las historias detrás de cada etiqueta, la conexión con el territorio, y, sobre todo, la posibilidad de disfrutar sin sentirse excluido.

Una grata charla con los Sommeliers Informales: vino, redes y territorio

Como es costumbre en este espacio transeúnte, conversé con las mentes detrás del proyecto. En esta entrevista, busqué indagar en sus trayectorias, sus apuestas editoriales y su mirada sobre el presente del vino en Argentina. Aquí les dejo lo hablado, no sin antes recomendarles que les sigan en su Instagram: @Sommeliers_informales.

1. ¿Cómo nace Sommeliers Informales y qué los motivó a iniciar este proyecto en redes?

Sommeliers Informales nació en plena pandemia, en 2020. Con mi amigo Nicolás Singer comenzamos a juntarnos cada semana a probar una botella de vino diferente. En una de esas charlas surgió la idea de armar un wine blog, pero sabíamos que existían muchísimas cuentas similares. Por eso decidimos hacer algo distinto: comunicar el mundo del vino desde un enfoque descontracturado.

Comenzamos a comparar el vino con temas cotidianos: arte, fútbol, política, religión, actualidad. Decimos cosas como “este vino te pega como el ajuste de Milei” o “tiene más vueltas que Wanda e Icardi”. Así logramos acercar el vino a quienes no forman parte del ámbito especializado. Nuestro público no es el que ya sabe, sino el que quiere empezar. No hablamos desde la técnica sino desde una parodia con humor, y eso atrajo a mucha gente joven.

En estos casi cinco años no invertimos en publicidad ni compramos seguidores, y sin embargo construimos una comunidad orgánica que ya supera los 21.000 seguidores. Probamos más de mil vinos, siempre desde la curiosidad y el disfrute. La idea fue, desde el inicio, compartir y comunicar lo que tomamos de una forma creativa y accesible.

2. ¿Quiénes están detrás del proyecto y qué trayectorias confluyen en esta propuesta?

Somos dos personas: Nicolás Singer y yo, Gustavo Celestrini. Nunca revelamos demasiado quiénes somos, lo que ayuda a mantener cierto misterio. Nos gusta que la gente se sienta parte: todos pueden ser sommeliers informales.

Ninguno de los dos es sommelier profesional. Nicolás es administrador de empresas, trabajó en IBM y en áreas de tecnología. Yo soy licenciado en marketing y tengo una maestría FIFA Master en gestión deportiva. Trabajé en clubes como Boca, Newell’s y Argentinos Juniors, además de colaborar con AFA e YPF. Hoy conduzco un programa de streaming sobre fútbol. El proyecto es un hobby, aunque lo hemos monetizado con eventos y con el lanzamiento de dos vinos propios: Chateau Informal y El vino del Clericó. Vendimos todas las unidades.

3. El nombre “Sommeliers Informales” es muy elocuente. ¿Qué representa para ustedes esa “informalidad”?

La idea surgió en un brainstorming medio etílico con un amigo. “Sommelier” es una palabra muy técnica, casi solemne. “Informal” es su opuesto. Esa contradicción representa lo que hacemos: nos presentamos con remera, sin pose, sin palabras rimbombantes. No nos interesa impresionar, sino divertir y romper con la rigidez del mundo del vino. El nombre es nuestro manifiesto: comunicamos desde la cercanía, el humor y la espontaneidad.

4. ¿Qué objetivos se plantearon al comenzar el proyecto y cómo fueron evolucionando con el tiempo?

Desde el inicio, quisimos posicionarnos como los influencers del alcohol, particularmente del vino. Establecimos metas de crecimiento: 5.000 seguidores el primer año, 10.000 el segundo, y así sucesivamente. Con el tiempo, sumamos propuestas como las catas informales, donde el vino se mezcla con juegos y dinámicas divertidas.

También lanzamos vinos propios: un Cabernet Franc con estética francesa parodiada y un Sauvignon Blanc pensado para preparar clericó. El proyecto creció mucho, aunque el último año se ralentizó un poco por nuestras obligaciones laborales. Pero seguimos generando contenido genuino y manteniendo la comunidad activa.

Nicolás Singer y Gustavo Salvestrini.

5. En un país como Argentina, con fuerte tradición vitivinícola, ¿cómo perciben hoy el vínculo entre la sociedad y el vino?

Vemos una transformación muy clara. Antes, el vino era percibido como exclusivo, algo de élite. Hoy, cada vez más jóvenes se acercan, aunque sea desde el interés por pasarla bien. Vimos en Mendoza a chicos y chicas que quizás no tomaban vino, pero igual iban a las bodegas. Nuestra forma de comunicar acompañó esa apertura.

Sin embargo, hay obstáculos. El vino se volvió caro, y eso aleja a parte del público. Además, hay más conciencia sobre el consumo de alcohol, lo que también impacta. Aun así, sentimos que conectamos con una generación que no se sentía interpelada por los discursos tradicionales.

6. ¿Qué lugar ocupan las redes sociales en la difusión del conocimiento vitivinícola?

Hoy las redes son fundamentales. Una bodega sin buena presencia digital no logra atraer turismo ni posicionarse. Incluso vemos casos como el de Trapiche, que se asoció al Inter Miami de Messi para ganar visibilidad internacional. Las redes no solo venden: construyen identidad.

Al principio, desde el mundo del vino tradicional no nos veían con buenos ojos. Pero entendieron que propuestas como la nuestra también suman. Logramos que más gente tome vino, y eso beneficia a todos. Las redes permiten llegar donde antes no se llegaba. Son imprescindibles.

7. ¿Cómo seleccionan los contenidos que publican? ¿Tienen una línea editorial o responden más a la intuición, la coyuntura o la interacción con la comunidad?

Somos completamente intuitivos. Teníamos una agenda en Excel, pero quedó en el pasado. Si vemos un vino que nos interesa, lo probamos y publicamos. Si una bodega nos manda una caja, la reseñamos. Si vemos algo gracioso o curioso vinculado al alcohol, hacemos contenido.

No tenemos sponsors ni bajadas de línea, lo cual nos permite ser 100% sinceros. Si un vino no nos gusta, lo decimos. Y creemos que eso también explica nuestro crecimiento: la gente confía en nuestra palabra.

8. ¿Qué importancia le dan al territorio, a lo regional, dentro de su enfoque sobre el vino?

Es central. Argentina tiene una cultura del alcohol muy arraigada. Estuvimos en Napa Valley, la Toscana, Francia, España... y para nosotros, el Valle de Uco es insuperable. Si hiciéramos esta cuenta en otro país, probablemente no tendría el mismo impacto.

Acá el vino está presente en todo: asados, salidas, reuniones, festivales. Nuestra audiencia valora esa conexión y responde con entusiasmo. Nos sentimos afortunados de hacerlo en un país que vive el vino con tanta pasión.

Foto: Cortesía

Gustavo Salvestrini. / Foto: Cortesía

9. ¿Pueden contarnos alguna anécdota significativa que haya surgido gracias a la interacción en redes o en alguna actividad vinculada al proyecto?

Una de las anécdotas más graciosas fue la del segundo vino que lanzamos: un Sauvignon Blanc que llamamos El vino del clericó. El primero que hicimos fue un Cabernet Franc con estética francesa, algo paródico, y se vendió todo. Después no teníamos pensado sacar otro, pero con Nico somos fanáticos del clericó y siempre que hace calorcito pedimos uno, estemos donde estemos. En una playa, en el medio del campo, en una pulpería o en un bar perdido, pedimos clericó, y aunque no sepan bien qué es, los mozos improvisan y lo preparan.

Subíamos esas experiencias a nuestras redes y mucha gente nos preguntaba cómo se hacía el clericó, como si fuera una especie de poción mágica, al estilo Bugs Bunny en Space Jam. Nadie entendía que simplemente era vino blanco con fruta. Entonces dijimos: ¿por qué no lanzamos nuestro propio vino del clericó?

Así fue. Tercerizamos la producción en Maipú, Mendoza, diseñamos una etiqueta llamativa, y sacamos mil botellas. El primer verano vendimos unas 700 muy rápido. Pero cuando terminó el calor, quedaron 300 que no se movían. La gente pensaba que el vino solo servía para clericó, no entendían que en realidad era un Sauvignon Blanc que también podía tomarse solo, en cualquier época del año.

Fue un caso de “fracaso del éxito”: arrancó genial, pero después se estancó por una confusión de concepto. Igual, al final vendimos todo. Nos quedó como una experiencia muy divertida y un gran aprendizaje de cómo la comunicación influye directamente en la percepción del producto.

10. ¿Qué se viene para Sommeliers Informales? ¿Tienen nuevos desafíos, actividades presenciales, alianzas o ideas para expandir el proyecto?

A corto plazo, nuestro principal objetivo es seguir haciendo crecer la comunidad. Hoy tenemos más de 21.000 seguidores y queremos seguir sumando, asistiendo a ferias, organizando eventos y, sobre todo, realizando nuestras catas informales, que combinan juegos, humor y vino en cumpleaños, despedidas de soltero, y otros encuentros.

Nos encantaría cerrar alianzas con marcas o ser embajadores de algunas bodegas. Hasta ahora no hemos tenido sponsors, pero estamos abiertos a esas posibilidades. También queremos expandirnos más allá del vino: empezar

Sommeliers Informales: una copa que se vuelve espejo

Sommeliers Informales es un síntoma y, a la vez, una respuesta creativa al modo en que los argentinos están reconfigurando su relación con el vino. Gustavo Celestrini y Nicolás Singer, sin formación técnica ni pretensiones enciclopédicas, representan una nueva forma de comunicar: cercana, lúdica y honesta. En su propuesta, el vino se corre del pedestal para volver a la mesa, al encuentro, a la conversación entre amigos.

En este gesto, hay algo profundamente coherente con la historia del vino en Argentina. Durante siglos, el vino no fue un lujo, sino un bien cultural y cotidiano. Las familias lo producían, lo compartían, lo celebraban. Era parte del tejido social, no un símbolo de estatus. La transformación de los años noventa, con su búsqueda de excelencia exportadora y su sofisticación técnica, puso en valor la calidad de los vinos argentinos, pero también instauró cierto discurso excluyente, ajeno al consumo popular.

Lo que hacen Sommeliers Informales es tender un puente entre esos dos mundos: reconocen la riqueza del vino argentino, su diversidad regional, su potencial como producto cultural, pero lo devuelven a un lenguaje llano, habitable, incluso irreverente. No niegan el conocimiento, pero lo desdramatizan. No reemplazan al sommelier clásico, pero amplían la escena para que entren nuevos públicos.

En su relato, el Valle de Uco puede convivir con una parodia de un vino francés. Una etiqueta puede ser motivo de análisis sensorial o de un chiste político. Lo importante es que el vino deje de ser una barrera simbólica y vuelva a ser lo que siempre fue: un vehículo de encuentro, de identidad y de expresión.

El proyecto de Celestrini y Singer funciona también como un gesto de resistencia lúdica. Invita a detenerse, a probar, a compartir, a hablar. Y lo hace sin solemnidad, pero con una convicción clara: que el vino siga siendo parte de nuestra historia, y no solo un producto de exportación. Ellos lo entendieron desde el comienzo: si el vino habla de quienes lo hacen, también tiene que poder hablarle a quienes lo toman. Por eso, en su comunidad digital, todos pueden ser sommeliers. Y es que la pasión no necesita corbata: solo curiosidad, un poco de humor… y una copa servida.




Contenido relacionado












Locales | Sucesos | Afición Deportiva | Nacionales | Internacionales | Vida de Hoy | Gente Feliz | 50° Aniversario | Opinión


Nosotros | HISTORIA | MISIÓN, VISIÓN Y VALORES