Los hermanos describieron todas las características del camello. / Foto: CORTESÍA
3 Dic, 2016 | Cuatro hermanos, que eran unos rastreadores muy hábiles, vieron las huellas de un camello. Más adelante encontraron a un árabe que les preguntó si habían visto un camello que le había desaparecido; pensaba que seguramente se lo habían robado y no sabía qué hacer ni dónde encontrar a los ladrones.
Los hermanos preguntaron:
-¿Es ciego de un ojo y cojea de una pata?
-¿Tiene el rabo cortado?
-¿Lleva un saco de trigo y un odre de miel?
-¡Ese es! –exclamó el árabe-. ¿Sabes quién me lo ha robado? ¡Decídmelo, por favor?
-No, ni siquiera lo hemos visto -dijo uno de los hermanos.
El árabe pensó enseguida que los ladrones eran ellos y les llevó ante el juez:
-Han descrito tan exactamente a mi camello, que no pueden negar haberlo robado.
-El camello –dijo el primero- había comido la hierba de una parte sólo del camino y por tanto tenía que ser tuerto. Una huella estaba menos marcada que la otra y eso quería decir que cojeaba.
-Yo he observado – dijo el segundo. que los excrementos formaban un solo montón, en vez de estar esparcidos como es normal, y por eso he pensando que tenía que tener el rabo cortado.
-De acuerdo – dijo el juez- pero ¿cómo habéis podido adivinar también la carga que llevaba?
-Por un lado -dijo el tercero- habían caído granos de trigo que se llevaban las hormigas, y por el otro, las moscas estaban posadas sobre gotas de miel.
El juez absolvió a los cuatro y los tomó a su servicio, para que, gracias a sus excepcionales dotes de observación, lo ayudaran a descubrir a los malhechores.
