7 Sep, 2026 | Para que una economía crezca de manera sana y sostenida, las empresas, desde el pequeño comerciante en Porlamar hasta el mediano industrial, requieren condiciones fundamentales, como un marco institucional propicio para operar y financiamiento para crecer. En Venezuela, las decisiones de política económica vigentes han actuado precisamente como un freno de mano sobre ambos motores.
En primer lugar, nos encontramos con una política fiscal errática y punitiva que, en lugar de incentivar la formalización y el crecimiento del sector productivo, la presión tributaria acumulada entre tributos nacionales, regionales y municipales ahoga a la pequeña y mediana empresa (PyME), hasta el punto de que se afirma, que la carga impositiva alcanza una cifra porcentual superior al 60%. Esto, sumado a fiscalizaciones que con frecuencia resultan discrecionales, coloca al comerciante entre dos opciones dramáticas: trasladarse a la informalidad o cerrar puertas de forma definitiva.
En segundo lugar, se mantiene un estrangulamiento severo del crédito, a través de un encaje legal exageradamente elevado, sostenido por encima del 70%. El encaje legal es la porción de depósitos del público que la banca debe congelar obligatoriamente en el Banco Central y, al mantenerlo en niveles tan extremos, coarta la capacidad de la banca comercial para otorgar préstamos dirigidos a apuntalar los procesos productivos.
Sin crédito bancario, un agricultor no puede comprar semillas, un constructor no puede iniciar una obra y un comerciante no puede reponer inventario. Al no contar tampoco con acceso al financiamiento internacional, el sector privado venezolano se ha visto obligado a operar dependiendo únicamente de su escaso flujo de caja diario, lo cual, en el mejor de los casos le permite, mantener la inversión realizada pero nunca concretar planes de crecimiento.
Una economía no puede prosperar castigando a quien produce y negándole el crédito a quien desea trabajar. Si no se resuelven estos obstáculos, la producción no petrolera seguirá estancada en el terreno de la supervivencia.
