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EL TIEMPO EN MARGARITA 28°C |
El pasado no cierra sus puertas Tardo presente para los que esperan redenciones cada vez que agita sus banderas el evangelio político. Por falta de fe nos hemos quedado sin religión; en su lugar, la política de nuestro tiempo engancha en su carreta de ilusiones a la desvalida, mórbida masa que compra esos bonos de largo plazo, como quien compra la eternidad. Ramón Ordaz / rordazq@hotmail.com
15 Jul, 2015 | El presente se exhibe insuficiente, anémico; su árbol de hojas marchitas, empalidecidas, cayendo a expensas del fugaz viento del atardecer, en su peregrina sinfonía de luz afina apenas una sola esperanza: nutrir el suelo de nuevas criaturas. Tardo presente para los que esperan redenciones cada vez que agita sus banderas el evangelio político. Por falta de fe nos hemos quedado sin religión; en su lugar, la política de nuestro tiempo engancha en su carreta de ilusiones a la desvalida, mórbida masa que compra esos bonos de largo plazo, como quien compra la eternidad. Digo masa, y no sé si cabe el término humano, porque es amorfa, semoviente. Pueblo es otro cantar, algo que se autodetermina, que fluye desde la conciencia de sí, a la conciencia para sí, sea dicho en el lenguaje del marxismo cuando se refiere a las clases sociales. Cuando se pide incondicionalidad, rodilla en tierra, y se predica el acriticismo, porque esa dosis de “militancia” le calza bien a la nueva sociedad de cómplices, al velo de encantamiento que cubre al más impensable de los corruptos, no estamos en presencia de ningún pueblo, sino de un rebaño, el que trueca el pan cotidiano por un servicio a la “patria” que se traduce en marchas y contramarchas y, al final del camino, la majestad del cansancio. Cualquier tránsfuga o sátrapa que se blindó en el partido del poder y el poder del partido, hará hasta lo indecible para sojuzgar a la masa, no al pueblo, y repetirá con denuedo en la tribuna la cartilla que aprendió de memoria para seducir a las descarriadas ovejas. Nada más patético que el ejercicio electoral. En esas jornadas se somete a prueba el sujeto que excretan las élites del poder. Como no hay garantía de nada, a cada quien lo cubre un halo de sospecha, y para todo ganado cachilapo está una larga soga de ofertas, dicho en cristiano, cuánto vale tu voto, te lo compramos. A crudas gotas de petróleo se construye el “socialismo” en Venezuela, al tintineo de los realazos, porque tiempo no hay para crear conciencia. Cogitabundo presente el nuestro, y en eso estamos cuando del pasado una voz percute en nuestros oídos: “Eres el retrato de Toño, ¿no te acuerdas mí, soy Evaristo, el que compartió con tu padre el duro trabajo en las compañías petroleras en El Tigre”. Esto no puede ser, me dije, ¿este señor está vivo? El tiempo se contrae y une presente con pasado. Evaristo Almarza González, viejo cabecilla del MIR en la Mesa de Guanipa, cabeza caliente que en la trastienda del “tuerto” Fariñas y Francisco Latán organizaron sindicatos y huelgas petroleras en tierras de Anzoátegui. Locuaz, contundente, Almarza tenía mucho del enfático español y la audacia y arrogancia del margariteño que corría en sus venas por el lado materno.
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