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16 de octubre de 2026





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Guardieros de otras latitudes fueron artífices de la consolidación del pueblo
Pese al pronóstico en contra y la falta de una generación de relevo, los directivos de la Sociedad Pro La Guardia se las ingenian para presentar a la población y sobre todo a la juventud, propuestas culturales y deportivas para fomentar el engrandecimiento de esa comunidad.
Karla Marval Esteves

Foto: YULIANNYS GONZÁLEZ.Foto: YULIANNYS GONZÁLEZ.

7 May, 2016 / La migración de un grupo de guardieros, rompiendo las olas hasta llegar al Zulia para gozar de la buena fortuna que prometía la explotación de petróleo, rindió frutos no solo para sus familias, sino para todo el pueblo de La Guardia, en el municipio Díaz. Ese lazo que existe entre los margariteños se fortaleció estando lejos de casa, hasta que un grupo de hombres tomó la batuta para acercar a esa comunidad insular un poco de la bonanza generada en el Zulia.

La Sociedad Pro La Guardia nació el 19 de abril de 1936, con las firmes piedras fundacionales de estrechar fraternalmente la sólida unión entre los nativos de la heroica y amada Margarita; fomentar la enseñanza y la cultura y, sobre todo, colaborar espontáneamente por el engrandecimiento del lar natal, propiciar la beneficencia y hacer el bien entre la colectividad.

Hoy, a 80 años de su fundación, Orlando Hernández, actual presidente de la Sociedad Pro La Guardia, afirma que estos postulados se sienten y se ven en el recorrer de las calles de pueblo, aunque un poco desgastados. Fue por esta institución y sus afiliados que se logró cristaliza muchos proyectos para llevar calidad de vida a los guardieros en Margarita.

Cuentan que en esa Isla de los años treinta, el pueblo de La Guardia era de pescadores y criadores de chivos, la precariedad se reflejaba en el rostro de sus habitantes hasta que las primeras acciones de la Sociedad Pro La Guardia empezaron a ser visibles. Relata Hernández que gracias a los guardieros del Zulia que, en un trabajo coordinado con gente del pueblo, se gestionó y logró la construcción del acueducto del pueblo, así como el liceo y arreglos de la vialidad. Pero no toda la atención iba dirigida a la obra física para la comunidad; pues la solidaridad de los guardieros fue más allá con el envío de aportes monetarios, alimentos y medicinas.

El trabajo entre los vecinos de La Guardia y los guardieros del Zulia se fusionó y el 17 de octubre de 1942 se creó la Sociedad Pro La Guardia, seccional La Guardia. Años más tarde, el capítulo insular se convirtió en la sede principal, desplazando a la institución de Lagunillas, que pasó a ser una seccional. Tales trámites y decisiones nunca alejaron a sus miembros de la responsabilidad de asistir y programar las actividades en pro de su amado pueblo.

Ida Millán, de 75 años, actualmente directiva de la institución, lleva la tradición de la Sociedad Pro La Guardia en la sangre. Su tío, Teodoro Millán, fue uno de los firmantes en el acta constitutiva de esta iniciativa y su padre fiel integrante de la entidad, colaborador y un enamorado de La Guardia. “Tengo noción de la Sociedad desde que era pequeña.

Mi papá era guardiero y fue uno de los directivos de Cabimas. Desde los 5 años mi padre nos mandaba a vestir los domingos para ir a la sede”, recuerda Millán, quien afirmó que esa institución es su vida.

Ese lazo de fraternidad entre los guardieros ha perdurado en el tiempo, pero los fines propuestos por los fundadores de la sociedad se han ido amoldando a los nuevos tiempos. Ahora, cuando las autoridades locales y regionales asumieron su trabajo, existen nuevas instituciones sociales y ha mermado el aporte económico de los afiliados y entes públicos, la Sociedad Pro La Guardia se ha transformado. Hernández, su presidente, lamenta que desde hace varios años el sueño de los guardieros en Lagunillas se convirtiera en un enlace para lograr cambios y no en los generadores de ese proceso.

Pese a las dificultades y el pronóstico en contra, la institución, que llegó a llamarse Sociedad Benéfica Cultural Pro La Guardia, se mantiene activa en la gestión cultural. “La cultura siempre ha sido uno de los bastiones de la Sociedad Pro La Guardia, aun más que en el campo benéfico, por la situación actual”, adujo Hernández.

Desde siempre sus espacios han cobijado las iniciativas dancísticas, además de ser el lugar donde hacer encuentros en los cuales la música y bailes tradicionales son la atracción principal. Pero en vista de que se hace cuesta arriba propiciar eventos para fomentar la cultura, los directivos prestan desde hace 15 años sus espacios para que las danzas nacionalistas Carantamaura, que cuenta con 90 integrantes dirigidas por Oliva Vernaza, realicen sus ensayos.

La conexión con las expresiones culturales y deportivas sigue activa. Hernández cuenta como un logro el brindar a la población más joven la oportunidad de recibir clases de Kenpo, pues desde hace un par de años se desarrollan las prácticas de este arte marcial en la sede. Propuestas que junto a la Fundación Paso Firme, que trabaja por la comunidad con los jóvenes en el rescate de valores, impulsan, dinamizan y han sido las responsables de dar vida a la institución.

“Nos sentimos orgullos de estos muchachitos que ves allí (practicantes de kenpo), cuando vemos que van a competencias y llegan con sus medallas, eso es el orgullo de nosotros”, afirma Hernández, quien junto al resto de la directiva se confiesa un trabajador incansable por y para el pueblo; por lo que ver decaer esta institución sería doloroso. “Los directivos que quedamos aquí, los que de corazón queremos a la institución tenemos que mantenerla”.

Relevo

Orlando Hernández e Ida Millán forman parte de la directiva desde hace décadas. El trabajo social se ha convertido en parte de su día a día, pero ahora, cuando la mayoría de los que están activos pisan la adultez mayor o ya la alcanzaron, se dan cuenta de que no tienen una generación de relevo que asuma el trabajo en la Sociedad. En el transcurso de estos 80 añoshan adelantado iniciativas para incorporar a la juventud, pero tras algunos meses de trabajo abandonan el sueño que los guardieros en el Zulia institucionalizaron.

Hernández tiene 38 años de labor en la Sociedad Pro La Guardia, inició a los 18 años en la que ahora llama su casa, y por la que ha luchado en los últimos tiempos incluso con su propio peculio, al igual que los otros directivos. Nosotros “pagamos por el cargo que tenemos”. Por esto, Hernández cree que nadie quiere asumir el reto de dirigir una institución que pese a ser decretada Patrimonio Cultural del estado Nueva Esparta y del municipio Díaz, perdió el financiamiento.




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