2 Jun, 2026 | El debate climático en América Latina parece estar entrando en una nueva etapa.Durante años, la conversación estuvo dominada por metas nacionales, compromisos internacionales y promesas proyectadas a largo plazo. Sin embargo, el nuevoInforme Anual sobre Cambio Climático 2026, elaborado por Sustentabilidad SinFronteras junto a más de 30 especialistas de la región, plantea preguntas distintas:¿cómo demostrar que esas promesas realmente se cumplen? ¿Cómo monitorear ysostener las acciones climáticas en el tiempo?
Presentado en el Congreso de la Nación Argentina, en Buenos Aires, el documento
propone un cambio de enfoque. El desafío ya no parece ser únicamente aumentar
compromisos, sino desarrollar capacidad para implementarlos, medir resultados y
garantizar continuidad.
La presentación, moderada por la periodista climática Tais Gadea Lara, reunió a
autoridades, investigadores y representantes vinculados a la agenda ambiental
regional. Durante la apertura, la embajadora de Australia en Argentina, Sarah Louise
Roberts, recordó una idea que atraviesa todo el informe: ningún país puede
enfrentar por sí solo la crisis climática.
Entre los hallazgos más importantes aparecen dos elementos centrales. El primero
está relacionado con las nuevas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional
(NDC), los planes mediante los cuales cada país define cómo reducirá emisiones y
enfrentará los impactos del cambio climático.
El segundo se enfoca en un fenómeno menos visible pero cada vez más relevante:
el papel de provincias, estados y principales ciudades como espacios donde la
acción climática comienza a traducirse en medidas concretas. Aunque ambos temas
parecen separados, el informe muestra que están estrechamente conectados.
Más ambición climática, pero todavía insuficiente
Las NDC constituyen uno de los principales instrumentos del Acuerdo de París.
Cada cinco años los países deben actualizarlas bajo el principio de "máxima
ambición posible", lo que implica aumentar progresivamente sus compromisos
climáticos.
La ronda actual tiene una relevancia especial porque incorpora las conclusiones del
Balance Mundial realizado en 2023, que advirtió que el planeta aún se encuentra
lejos de una trayectoria compatible con limitar el calentamiento global a 1,5 °C.
Según el informe, hasta marzo de 2026 unos 135 países habían actualizado sus
compromisos climáticos. De ellos, 23 pertenecen a América Latina y el Caribe, lo
que representa aproximadamente el 70 % de la región. Entre las naciones que
actualizaron sus NDC figuran México, Brasil, Colombia, Perú, Costa Rica y
Venezuela.
El dato parece positivo, aunque el análisis muestra un escenario más complejo.
América Latina genera menos del 10 % de las emisiones globales, pero las
reducciones comprometidas por la región representan aproximadamente el 18 % de
los esfuerzos adicionales previstos a escala mundial.
Sin embargo, las diferencias entre países siguen siendo importantes. Mientras
algunas naciones presentan metas amplias para toda su economía, otras mantienen
compromisos más limitados o aún enfrentan trayectorias de crecimiento de
emisiones asociadas a sus procesos de desarrollo.
Venezuela: NDC actualizadas y bosques como activo estratégico
Para Venezuela, el informe deja una lectura particularmente relevante. El país
aparece entre las naciones latinoamericanas que actualizaron sus NDC durante el
actual ciclo de revisión, incorporándose al grupo de países que avanzaron en la
actualización de sus compromisos climáticos.
Como se recordará, el país presentó su Segunda Contribución Determinada a Nivel
Nacional (NDC) ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático (CMNUCC). El plan establece los compromisos de mitigación y adaptación
del país para el período 2025-2030, con el objetivo de reducir las emisiones de
gases de efecto invernadero y cumplir con los acuerdos globales.
Por otro lado, más allá de las metas nacionales, el informe identifica otro aspecto
que adquiere especial importancia para el país: el papel de los bosques dentro de
las estrategias climáticas regionales.
Los investigadores señalan que América Latina posee uno de los principales activos
ambientales del planeta debido a sus ecosistemas forestales. Los bosques no solo
almacenan grandes cantidades de carbono; también cumplen funciones asociadas a
la regulación hídrica, la conservación de biodiversidad y la estabilidad de
ecosistemas enteros.
En el caso venezolano, esta observación adquiere una dimensión adicional debido a
la presencia de extensas áreas boscosas distribuidas entre la Amazonía venezolana,
Guayana y otros ecosistemas forestales estratégicos. Su conservación podría
representar una pieza importante dentro de futuras estrategias nacionales de
adaptación y mitigación climática.
El informe muestra además que varios países latinoamericanos incorporaron metas
específicas sobre bosques dentro de sus nuevas NDC, incluyendo objetivos
relacionados con restauración forestal y reducción de la deforestación.
Los territorios subnacionales ganan protagonismo
El segundo gran hallazgo del documento muestra un cambio menos visible, pero
potencialmente transformador: el creciente papel de provincias, estados y ciudades
en la acción climática.
La explicación surge desde una realidad concreta: los impactos climáticos no se
manifiestan de la misma manera en todos los territorios. Sequías, inundaciones,
incendios y olas de calor afectan de forma distinta según las condiciones
ambientales, sociales y económicas de cada región.
Por ello, el informe sostiene que gran parte de la acción climática efectiva se
desarrolla en escalas locales. Sin embargo, también identifica una debilidad
importante: muchos gobiernos regionales cuentan con planes y diagnósticos, pero
todavía carecen de herramientas estables para medir avances y demostrar
resultados.
La principal conclusión del informe apunta precisamente hacia esa dirección: la
próxima etapa de la acción climática latinoamericana dependerá menos de acumular
nuevas promesas y cada vez más de construir capacidades para implementarlas,
evaluarlas y corregirlas.
La crisis climática continúa siendo global. Pero la evidencia muestra que sus
respuestas podrían ser cada vez más territoriales, con esfuerzos y estrategias
direccionados desde las regiones.
Brigitte Hernández Escalona
Periodista Especializada