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5 de octubre de 2026





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Construir sobre roca: 4 pilares para la recuperación real de Venezuela
Reconocer la magnitud del deterioro acumulado y los fallos de las políticas públicas actuales no es una postura pesimista; es el requisito obligatorio para diseñar soluciones verdaderas
Juan A. Tineo Malavé

28 Sep, 2026 | Para dejar atrás la ilusión del "rebote" estadístico y construir bases económicas sólidas, Venezuela y sus regiones deben sustituir los discursos triunfalistas por un plan de desarrollo sincero, realista y auditable. El país no puede resignarse a vivir de impulsos temporales ni de espejismos monetarios.

Un plan de reformas creíble para el país y para el estado Nueva Esparta debe articularse sobre cuatro pilares esenciales:

Reapertura del crédito y flexibilización monetaria: Es urgente reducir de forma progresiva el encaje legal a niveles razonables, orientados a la facilitación de inversiones productivas. Esto permitirá a la banca comercial volver a cumplir su función natural: financiar el capital de trabajo y los proyectos de inversión en sectores dinamizadores de alto impacto, capaces de generar efectos multiplicadores de inversión y empleo, como la construcción, la agricultura, el comercio y el turismo. La generación de encadenamientos productivos constituye un soporte estratégico de primer orden.
Reforma fiscal estimulante: El esquema tributario debe dejar de ser un castigo para convertirse en un aliado del productor. Se requiere simplificación de trámites, reducción de cargas punitivas y la erradicación de la discrecionalidad en las supervisiones.
Fortalecimiento de la producción nacional y exportación: Se debe apoyar la competitividad en rubros no tradicionales para diversificar la oferta de divisas, reduciendo la extrema vulnerabilidad del país frente a la renta petrolera.
Institucionalidad y garantías a la inversión: Ofrecer un marco jurídico institucional seguro, transparente y predecible que brinde confianza a los capitales privados, nacionales y extranjeros, para invertir a largo plazo y generar empleo calificado y bien remunerado.

Reconocer la magnitud del deterioro acumulado y los fallos de las políticas públicas actuales no es una postura pesimista; es el requisito obligatorio para diseñar soluciones verdaderas. El bienestar de las familias venezolanas y margariteñas en particular dependerá de la capacidad colectiva para trascender la ilusión y exigir un modelo productivo, diversificado e institucionalmente sólido.




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