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20 de octubre de 2026





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Turismo deportivo: la carrera por atraer inversiones que transforman ciudades
Detrás de cada competición importante se activa un complejo engranaje económico que moviliza hoteles, restaurantes, aerolíneas, comercios y servicios turísticos.
Por. Lidy Tatiana Rengifo Arévalo Economista - UCV

20 Oct, 2026 | El deporte trasciende al hecho de estar asociado al logro de medallas, estadios llenos y fines de semana de competencia para convertirse en uno de los factores dinamizadores de la economía del siglo XXI. En la actualidad, ciudades de todo el mundo compiten con la misma intensidad que los atletas para atraer eventos, franquicias deportivas e inversiones público-privadas, inaugurando una era en la que el turismo deportivo se perfila como el nuevo oro de las economías urbanas y regionales.

Detrás de cada competición importante se activa un complejo engranaje económico que moviliza hoteles, restaurantes, aerolíneas, comercios y servicios turísticos. El turismo deportivo se ha consolidado como una industria estratégica que gobiernos y empresas utilizan cada vez más para atraer inversiones, generar empleo y dinamizar el desarrollo local.

En este escenario, Barcelona se ha convertido en la referencia mundial del turismo deportivo. La ciudad española aprovechó los Juegos Olímpicos de 1992 como un catalizador para transformar su infraestructura y proyectar una nueva imagen internacional. Lo que comenzó como la organización de un evento deportivo terminó convirtiéndose en uno de los procesos de renovación urbana más exitosos de las últimas décadas.

La clave estuvo en una planificación de largo plazo que trascendió las necesidades inmediatas de la cita olímpica. La ciudad modernizó carreteras, sistemas de transporte, telecomunicaciones, espacios públicos y zonas industriales degradadas, al tiempo que fortalecía su oferta turística. La innovación, la investigación y el desarrollo (I + D), combinados con una estrecha colaboración entre el sector público y privado, permitieron la ejecución de inversiones orientadas a ofrecer hospitalidad, eficiencia y calidad tanto a atletas como a espectadores y visitantes.

Encauzada con una visión amplia, Barcelona pasó de ser una ciudad industrial mediterránea para convertirse en un destino turístico global y en un ejemplo de cómo el deporte puede impulsar la modernización urbana, el crecimiento y desarrollo económico. El legado de aquella transformación permanece vigente: las instalaciones olímpicas continúan siendo utilizadas para celebrar eventos internacionales, actividades comunitarias y competencias de alto nivel, fortaleciendo de manera permanente la identidad deportiva de la ciudad.

Nueva Esparta: archipiélago del alto rendimiento y la aventura. Efectivamente, la isla de Margarita reúne todos elementos para posicionarse como capital indiscutible del turismo deportivo en el Caribe Sur. Como hemos sostenido en anteriores oportunidades, Nueva Esparta posee condiciones excepcionales para asumir este desafío. Su geografía privilegiada, su clima favorable durante el año y la diversidad de escenarios naturales disponibles permiten desarrollar experiencias deportivas únicas en tierra, mar y montaña. Pocas regiones del Caribe concentran en un mismo territorio tantas posibilidades para actividades vinculadas con el alto rendimiento, los deportes acuáticos, náuticos, ciclismo, carreras de asfalto, triatlón y las competencias de aventura.

Para capitalizar esta tendencia global y transformar su modelo económico, la región insular necesita estructurar propuestas de valor sustentada en una sólida alianza público-privada. El objetivo debe centrarse, en primera instancia, en la identificación de oportunidades de inversión y garantizar estándares competitivos de infraestructura, conectividad, alojamiento, seguridad, organización y calidad de servicio para atletas, equipos, patrocinantes y visitantes.

Barcelona demostró que el deporte es una de las inversiones con mayor retorno reputacional y económico y singular pivote del urbanismo moderno. Para Nueva Esparta, asumir esta visión implica dejar de considerar el mar, el viento y sus paisajes como simples atractivos naturales, para reconocerlos como activos estratégicos capaces de impulsar una nueva etapa de desarrollo. La carrera ya cuenta con un modelo exitoso y un manual probado; lo que falta ahora es dar el silbato de salida.




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