Porlamar
24 de abril de 2018





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Hora de sensatez, capacidad y venezolanidad
Esta angustiante situación debe mover a la reflexión a los hombres y mujeres con sensatez y sin ataduras, de ambos lados, que los hay, para que se motiven y asuman, con sus capacidades y deseos de solucionar esta crisis, la responsabilidad de enderezar la patria, nuestra patria.
José Rodríguez Suniaga / cheitocarobo@hotmail.com

21 Abr, 2017 | Nos comentaba Doña Elodia que la actual coyuntura política que atraviesa el país no la resuelven los protagonistas que lideran los bandos en disputa. Las caras visibles que llevan la voz cantante, los que opinan y toman decisiones, no podrán jamás resolver el despelote en que se ha convertido esta contienda politiquera.

Ello porque existen en sus almas y corazones y así lo afloran en su actuación, demasiada pugnacidad, mucho odio, abundante revanchismo, exacerbado deseo de exterminar a la otra parte, superlativo afán de protagonismo y lo más grave y peligroso, más osadía que criterio, más ignorancia que inteligencia. De allí que cada bando esté entrampado en su propio juego y obsesionado por sus propios intereses y compromisos internos y foráneos.

Un liderazgo opositor y oficialista agotados en sus luchas intestinas, sin capacidad de acción y mucho menos, con deseo de procurar el bienestar colectivo. Nada le importa el padecimiento del pueblo, el viacrucis de los hombres y mujeres de a pie buscando comida y medicina. No les importa nada, solo su cuota de poder: mantenerla o alcanzarla según el caso.

Esta angustiante situación debe mover a la reflexión a los hombres y mujeres con sensatez y sin ataduras, de ambos lados, que los hay, para que se motiven y asuman, con sus capacidades y deseos de solucionar esta crisis, la responsabilidad de enderezar la patria, nuestra patria.

Es cierto que la mayoría de los venezolanos anhelamos conseguir libremente los alimentos diarios, las medicinas y la seguridad necesaria; pero no es menos cierto también que aspiramos lograrlo sin violencia, sin represión, sin violación de los derechos ciudadanos y constitucionales, sin incendios, sin destrucción de los bienes de la nación, sin muertes, sin prácticas criminales propias de otras latitudes, sin terrorismo… en fin, en paz y en democracia.

Por ahora está bueno, hasta el próximo zaperoco.




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