Porlamar
14 de diciembre de 2018





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La maniobra de Kristeller
Pues bien, cuando el parto es feliz nadie reclamará nada, pero si se producen lesiones en el producto (el niño o la niña), o en la madre, entonces vendrán los reclamos por mala praxis médica u otras tantas argumentaciones cuando los resultados no son satisfactorios.
Crisanto Gregorio León

12 Abr, 2018 | Según el Dr. Ángel Martínez, La maniobra de Kristeller consiste en aplicar una presión simultánea a la contracción sobre el fondo uterino, para ayudar al descenso de la presentación. Pese a que en su concepción clásica está proscrita en la obstetricia moderna, en muchos centros se sigue realizando, con sumo cuidado, de forma habitual, para ayudar a la última parte del descenso de la presentación fetal.

Generalmente se realiza apoyando el antebrazo o la mano abierta con fuerza sobre el abdomen, sólo durante el pujo, y coordinado con el mismo, para aumentar la presión. También suele usarse en la cesárea para favorecer la extracción fetal.

Pues bien, cuando el parto es feliz nadie reclamará nada, pero si se producen lesiones en el producto (el niño o la niña), o en la madre, entonces vendrán los reclamos por mala praxis médica u otras tantas argumentaciones cuando los resultados no son satisfactorios.

He querido usar esta denominación propia de la medicina para aplicarla a muchos casos que en la vida se presentan y que las circunstancias reales nos indican que las cosas no saldrán como se esperaban y entonces nos subimos en el abdomen del problema y hacemos que nazca nuestra esperanza, nuestro deseo, nuestra fortaleza, o una gran injusticia y hasta a veces una gran desgracia que satisfará a algunos pero encolerizará a otros y / o malogrará el futuro. El problema estriba cuando nuestros deseos, y nuestras aspiraciones son marcadamente injustos, desproporcionados en relación con la equidad y grotescos en detrimento de la tranquilidad de muchos a quienes se les pretende engañar y se les burla en sus derechos y en su dignidad. Al hombre y a la mujer, por naturaleza no les gusta perder, porque a nadie le gusta perder. Pero cuando por obra del propio hombre y de la mujer el destino está marcado y las cartas están echadas, entonces muchos no hacen sino aplicar una maniobra de último recurso para obtener el éxito, para obtener la victoria por encima de lo que sea, sin importarles para nada la evidencia, la elocuencia de los acontecimientos, la realidad palpable, que no deja lugar a dudas sobre la certeza del porvenir. Hermoso ciertamente es traer al mundo un nuevo ser, para que asista al acontecimiento de la vida -independientemente de nuestra opinión sobre el mundo y sus valores-, pero apresurar en la vida sucesos que lejos de alumbrar un tierno rostro, por el contrario desencadenaría una suerte de desdichas, es y será siempre un catalizador a desgracias que la humanidad no quiere más. Es un juego peligroso colocar al destino a pendular sobre temerarias y malignas expectativas y aplicarle para estos efectos La maniobra de Kristeller. Recordaba de mi Profesor de Medicina Legal, el Insigne Dr. Ángel Emiro Govea, su acertado análisis sobre la existencia de personas políticamente audaces pero profesionalmente incapaces. Y al respecto reflexiono sobre quienes tienen la habilidad para envolver a los demás en discusiones banales, estériles, de aparente trascendencia, mientras solo y simplemente se las ingenian para desviar la atención del asunto medular.

Es prudente no olvidar lo sucedido en Bizancio, cuando los sabios empeñados en una pueril discusión sobre si los ángeles tenían o no sexo, desprevenidos fueron conquistados por los romanos














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