Porlamar
20 de noviembre de 2019





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Mateo Manaure - Uracoa de Monagas
Mateo Manaure es una naturaleza de aquí. Un quejido. Una llaga sembrada en la piel de esta tierra. Ya duele. Esta aquí y estoy sintiendo el fuetazo y eso que no soy de aquí. ¡Cómo sería si por nacimiento lo fuera!.
Perucho Aguirre

14 Jun, 2019 | Está aquí, viendo los colores que dejó y que jamás se le han diluido en el tiempo. Mateo se fue con la integridad del pueblo monaguense y hoy, aquí, entre nosotros irradia lo que se llevó y engrandeció, nos ha traído las luces de Paris como han hecho muchos. Él nos llega con los ojos salobres del rio abierto y hospitalario; con la finura del moriche, con la nube preñada de rocío y de esperanzada lluvia; es el hombre.

En la condición rejuvenecedora de la tierra que uno se lleva cuando parte, pero que confidencialmente uno no traiciona; porque ese ramalazo que llevamos del indio no puede mancillarse, cuando se ha sabido entender la lección del antepasado.

Cuando la gloria llega, no para regodeo ni miserableza; sino mas bien para darlo todo, jugarlo todo, en una conjunción hermosa y reconfortante de tierra y patria. Mateo Manaure, tiene la característica del indio del sur y de la sabana. El ascendrado color y matiz de ese hombre que nació con las voces de los mujidos y con el relinchar de caballos.

Eso fue aquí en Uracoa. La Uracoa que partió a Paris a beberse el néctar misericordioso de las legiones europeas. Y no fue en vano.

Allá se defendió de los enigmas del color. Lo jugo a todo. Mateo Manaure está victorioso aquí en su pueblo; en el pueblo que le ha sido gentil; en el pueblo que está esperando que alguien le muestre la escuela que fundó para hacer renacer la esperanza en la juventud y en los valores. Espera que alguien le toque las campanas de ese hijo hidalgo que no conoce.

Aquí esta Mateo Manaure: en estos renglones no voy a escribir sobre su estilo y obra, porque soy de los que veo los cuadros y obras de algún destinado por la naturaleza, como lo ve cualquiera: opino según lo que me dicta la sensibilidad.

Por eso no puedo decir cuál es su obra. Pero, si me permito hablar del genio que hace una escuela y modela cada vez más las lecciones que han de servir para la posteridad de los hombres. Mateo Manaure, merece la ilustre claridad y conciencia de su pueblo. Él se lo ha pagado y esto debe preocuparnos a todos.

Sé que él esta dichoso y conmovido porque una casa de estudios lo trae, para que hable y nos dé una clasecita o por lo menos para que nos diga que vamos hacer con los colores.

Mateo Manaure es una naturaleza de aquí. Un quejido. Una llaga sembrada en la piel de esta tierra. Ya duele. Esta aquí y estoy sintiendo el fuetazo y eso que no soy de aquí. ¡Cómo sería si por nacimiento lo fuera!.

Esta es mi palabra Mateo, llévatela en el pedazo de tierra que ahora te ve; pero por favor, cuéntaselo algún día a Uracoa, tu famoso surco de pinceles en constante rejuvenecimiento. ¡Bienvenido seas, buen hombre¡ Y aquí está con su nombre para siempre en El Museo de Arte: Mateo Manaure… ¿Azul?




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