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29 de octubre de 2026





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Crecimiento sin bienestar: el espejismo de las cifras y el freno a la economía regional
Las estimaciones de crecimiento elaboradas por el IIES-UCAB, sobre la base de datos preliminares del Banco Central de Venezuela (BCV) y reportes gremiales, confirman una clara desaceleración entre 2025 y 2026 en los sectores clave para la dinamización insular
Por: Juan A. Tineo Malavé Economista – Dr. en Planificación Instagram: tineomalavé - Email: tineomalavejuan@gmail.com

28 Oct, 2026 | A lo largo de los últimos años, el debate económico en Venezuela ha estado dominado por una narrativa oficial que insiste en resaltar las bondades de la recuperación. Para este 2026, las proyecciones señalan que la economía nacional registrará, por sexto año consecutivo, una tasa de crecimiento positiva cercana al 6,2% del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, detenerse en este porcentaje sin contextualizarlo es caer en una trampa estadística. A pesar de esta racha expansiva, la actividad económica real sigue estando abrumadoramente rezagada: se mantiene un 62% por debajo de los niveles previos a 2014. No estamos presenciando una prosperidad consolidada, sino un rebote insuficiente desde el fondo de un abismo histórico.

Este espejismo macroeconómico se evidencia con fuerza al examinar el comportamiento sectorial, especialmente en aquellas áreas que sirven de impulsor para regiones con vocación comercial y turística como el estado Nueva Esparta. Las estimaciones de crecimiento elaboradas por el IIES-UCAB, sobre la base de datos preliminares del Banco Central de Venezuela (BCV) y reportes gremiales, confirman una clara desaceleración entre 2025 y 2026 en los sectores clave para la dinamización insular:

§ Alojamiento y servicios de comidas: Pasa de crecer un 9,7% en 2025 a un tímido 2,8% estimado para 2026.

§ Comercio y reparación de vehículos: Se frena al pasar de 7,7% a 6,0%.

§ Construcción: Aunque mostraba un repunte del 28,0%, pierde impulso y se desacelera hasta un 15,0%.

Esta pérdida de empuje en los sectores dinamizadores no representa una simple fluctuación estadística; en una economía insular, es el progresivo apagado del impulsor que sostiene el empleo y el consumo. En un escenario de desarrollo normal, el turismo, el comercio y la construcción poseen un vigoroso efecto multiplicador. Una inversión en hotelería o infraestructura atrae capital fresco, genera puestos de trabajo directos e indirectos, y activa encadenamientos productivos con proveedores locales de alimentos, transporte, artesanía y servicios.

Sin embargo, al congelarse la inversión y desacelerarse la actividad, ese círculo virtuoso se rompe: la contratación laboral se paraliza, la informalidad absorbe a los trabajadores y los pequeños comerciantes insulares pierden su mercado. Con restricciones al crédito bancario y precaria confianza jurídica para atraer grandes proyectos, Nueva Esparta ve limitada su capacidad competitiva frente al resto del Caribe.

A este freno en la economía real se le suma un entorno macroeconómico profundamente inestable. La tasa de inflación interanual se ha mantenido en lo que va de año en niveles asfixiantes, oscilando entre el 524% y el 649,5% (alcanzado en marzo), con un cierre proyectado que difícilmente baje del 550%. La experiencia venezolana demuestra la insuficiente capacidad de la contención cambiaria como único mecanismo de control de precios. Depender coyunturalmente de la oferta de divisas e ignorar los desequilibrios fiscales y monetarios de fondo mantiene a Venezuela como la economía con mayor inflación del planeta.

Asimismo, la falta de acceso a los mercados internacionales de capitales se refleja en un riesgo-país (medido por el índice EMBI de JPMorgan) que sigue siendo el más alto del mundo, clausurando las posibilidades de financiamiento externo para la reconstrucción de la infraestructura nacional y regional.

La realidad es inocultable: sin estabilidad política ni una reconstrucción institucional profunda, no habrá crecimiento económico sostenido ni atracción de inversiones. Continuar administrando el estancamiento no hace más que prolongar la agonía. Se impone un cambio de rumbo urgente y radical que devuelva el crédito, la confianza y la capacidad productiva al país. De lo contrario, lo que se presenta en titulares como crecimiento económico continuará traduciéndose en la vida diaria de los neoespartanos en severas restricciones al consumo, pérdida de empleo digno y el paulatino empobrecimiento de la familia venezolana.




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