Porlamar
19 de junio de 2018





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Mi experiencia en salud
Hace algo más de 3 meses fui operado en una clínica (fuera de Nueva Esparta) arrastrando desde entonces inconvenientes que hablan del bochinche funcional de nuestra sociedad. Después de la intervención – por casualidad, el día de la Virgen del Valle- estuve a punto de pasar el páramo como consecuencia de una solución que me aplicaron, y que luego supe es de origen chino y había causado reacciones similares en diez pacientes más.
Mélido Estaba Rojas

6 Ene, 2017 | Nos explicaron alguna vez que las lecciones del hogar marcan el comportamiento familiar, y que la formación de los muchachos es directamente proporcional a enseñanzas y buenos ejemplos paternales. Es de suponer que algo similar ocurre en los países: frente a un gobierno respetuoso, procurador de accionar honorable y preocupado por la eficiente conducción de las políticas de Estado, es muy probable que sus ciudadanos sientan en rigor la necesidad de afiliarse al respeto de las normas. Si –por el contrario- desbarajuste, inestabilidad, anarquía, despelote, insultos y otros males, avanzan campantes alentados por la incompetencia gubernamental, no es difícil que los gobernados imiten esa actitud, bajo la convicción de que nada vale tomar el buen rumbo y -por tanto- resulte más provechoso subsistir con el “sálvese quien pueda” o el “agarrando aunque sea fallo”.

Hace algo más de 3 meses fui operado en una clínica (fuera de Nueva Esparta) arrastrando desde entonces inconvenientes que hablan del bochinche funcional de nuestra sociedad. Después de la intervención – por casualidad, el día de la Virgen del Valle- estuve a punto de pasar el páramo como consecuencia de una solución que me aplicaron, y que luego supe es de origen chino y había causado reacciones similares en diez pacientes más. Requerí de 2 transfusiones y aunque llevé mis donantes de sangre, estuve obligado a pagar en el Banco respectivo de la clínica a 41 mil bolívares la bolsa. Cuando me libraron de la sonda, comprobé que estaba peor que antes de la operación, con ardor y dolor intenso al orinar; un antibiograma señaló que presentaba pseudomona, una bacteria hospitalaria, es decir, que se adquiere en el quirófano. Si ésta no es combatida, el proceso de recuperación se detiene porque nada debe hacerse hasta que ella desaparezca; así que consulté a un Infectólogo, quien prescribió “Meropenem” en dosis de un gramo intravenoso cada 8 horas durante diez días.

Estuve cerca de 15 tras el medicamento, hasta que lo conseguí a 22 mil bolívares la dosis (calculen); y otros buscando quién me prestara el dinero para comprarlo. Pagué mi penitencia con el tratamiento a base de una guía en la vena pero tengo mi deuda pendiente, en un país donde no hay crisis de alimentos ni de medicinas, y la Ministra de salud –sin chispa de vergüenza- haciéndole coro a Maduro y su cúpula gobiernera, se regodea con los triunfos de la revolución. Hay cosas que no se compran en la botica.




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