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Porlamar
24 de noviembre de 2017





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Dos voces femeninas insulares: Emilia Marcano Quijada y Dalal El Laden
La historia del siglo XX y del que corre está llena de ejemplos. Lo interesante es que, ante cualquier teatrillo populista del Estado, resulta inútil posicionar al más milagroso de sus artistas o escritores, mientras la vendimia crece en los extramuros, al margen del más estruendoso acto oficial. La poesía es llama viva y de las cenizas del poder no se levanta un fénix, sino un buitre. Pero sobran palomas, ángeles que debemos propiciar para la más vasta creación y así frenar el ala irracional y la ceguera de quienes nos dirigen.
Ramón Ordaz | rordazq@hotmail.com

11 Nov, 2017 | La poesía siempre ha sido enemiga de todo control y propósito de alienación; su ámbito no congenia con las orgiásticas estafetas del poder. Siempre fue la poesía un contrapoder. Un poeta en el poder carece de voz; su credibilidad es nula.

La historia del siglo XX y del que corre está llena de ejemplos. Lo interesante es que, ante cualquier teatrillo populista del Estado, resulta inútil posicionar al más milagroso de sus artistas o escritores, mientras la vendimia crece en los extramuros, al margen del más estruendoso acto oficial. La poesía es llama viva y de las cenizas del poder no se levanta un fénix, sino un buitre. Pero sobran palomas, ángeles que debemos propiciar para la más vasta creación y así frenar el ala irracional y la ceguera de quienes nos dirigen.

En nuestro frente, dos puertas se abren. Escoger una de ellas no garantiza salvación, pero sí un punto de inflexión para pensar nuestro lugar en esas horas locas que quisiéramos detener. Emilia es reverberación y transfiguración; guerrera desde subterráneos arcanos; espíritu combatiente que enfrenta montañas de asperezas, atraviesa la laguna Estigia, le clava dardos a la muerte e, incólume, vuelve a la superficie para sobreponerse y emprender nueva odisea en el universo del caos, esa deteriorada identidad nuestra. Amazona, reina de esos espacios vírgenes a los que pocos se atreven a llegar, Emilia Marcano no secretea, no concilia con el establishment, sino que estalla en protesta, dispersa a los cuatro vientos su discordia, su desavenencia con lo más feroz de lo cotidiano, la política, sin contubernio con la falsa felicidad de lo estatuido; lo que no niega raptos de ternura en su poesía.

Dalal, en cambio, vierte su sangre poética con aparente serenidad, con cierta mesura que llega a confundirnos; pero que una lectura más detenida de su poesía propiciatoria como laudatoria del amor, de esa fiesta íntima con el otro ausente, nos indica que asume con un centrado juego lingüístico esa noche de las pasiones en la que la soledad mueve el péndulo de las palabras, mientras en el espejo está el otro en franca correspondencia con la cotidianidad de lo irreal, de la misma manera que la sutileza de su lenguaje pone en evidencia situaciones inverosímiles, exposiciones de un proceso existencial que rebasa el más elemental argumento de permanencia. Dalal es insinuación, finta, brizna de lo fugaz, filigrana de seductores espejismos. Emilia es batalla contra la molicie, lucha con el inencontrable amor, arrojo permanente ante las adversidades, agón existencial. Ambas residen en la Isla de Margarita. Dalal es margariteña de padres libaneses; Emilia es zuliana de padres margariteños.




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