Porlamar
22 de enero de 2018





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El malquerido
Viejo especulador que me obligaste a bachaquear para poder conseguir el pan para mis hijos, viejo guarimbero que tantas veces me dejaste encerrada y estuve a punto de perder mi empleo.
Fredy Salazar | salazarfug@gmail.com

6 Ene, 2018 | A mi casa no vuelvas mas nunca viejo pichirre, le escuché decir a mi vecina justo después del cañonazo, y me extrañó mucho porque ni tiene viejo ni la casa es de ella, pero paré la oreja para seguir escuchando, como buen margariteño de allá de la Tacarigua. Y no es tanto por lo bueno que no me diste sino lo malo que me dejaste, que ya es decir lo mucho para quien se conforma con lo poco, volvió a comentar y siguió por toda la calle del medio dando y dando sin que se oyera ni un quejido, ni un lamento.

Aunque aquel escándalo se escuchaba a leguas, yo rodé un poco la cava con las cervezas hacia su lindero como buscando la excusa para sintonizar mejor aquel episodio y no perderme ni las propagandas, que no las hubo porque aquello parecía una función de cine continuado. Ahí dijo y maldijo todo lo que pasó por su juicio, mientras zapateaba, lanzaba trastos al suelo, y para ponerle mas emoción, yo mismo imaginaba forcejeos, empujones y sangre, mucha sangre.

Empezaste mal y mal acabaste y me alegro que haya sido así, viejo zángano que todo lo acaparaste o lo escondiste para que yo no lo viera, viejo tacaño, que aún teniendo plata en el banco tuve que comprar el efectivo a los turcos porque aún siendo mía la cuenta solo podía sacar de a poquito.

Viejo especulador que me obligaste a bachaquear para poder conseguir el pan para mis hijos, viejo guarimbero que tantas veces me dejaste encerrada y estuve a punto de perder mi empleo.

Adiós, que te vaya como quieras porque ni buen viaje te deseo y ojalá no encuentres nunca la forma de volver para que solo seas un mal recuerdo, porque ya sé que tampoco yo te olvidaré aunque no has dejado cosas muy buenas. Ya nada te pido, que bastante lo hice. Ya nada te agradezco porque sería infame conmigo misma. En fin, con nada me quedo, porque viniendo de ti sería desgraciado. Así que sola estoy y sola seguiré porque ni siquiera la buena suegra tengo esta vez. De pronto empecé a asociar refranes, música vieja y tradiciones findeañeras.

Ahí fue cuando caí en cuenta que el viejito tan maltratado no era otro que aquel que todos los años antes de irse no se le ocurre más nada sino dejar por ahí un poco de cosas insoportables e incómodas como una chiva, una burra negra, y no sé qué otra pila de regalitos, además del anterior. Y hay quienes se lo quedan.




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