Porlamar
24 de marzo de 2019





EL TIEMPO EN MARGARITA 25°C






Dios nunca llega tarde
En las casas resucitaban los rosarios, y las velas sustituían a los tizones fogoneros; se suspendían los pleitos y se congelaban los instintos de procreación porque –por fin- recalaba Dios. Nos enseñaron, y aun se mantiene, que diciembre es tiempo de paz, reconciliación y amor (¿solo en diciembre?)...
Mélido Estaba Rojas /melidoestaba@gmail.com

27 Dic, 2018 | Una mata de almendrón -en la esquina estratégica de la plaza- que paría irresponsablemente irrespetando las estaciones, como pretexto para distraer a los muchachos del pueblo en su tiradera de piedras; un transitar de gente que no sabía hacia dónde iba ni cuál era la hora de los tiempos; y una esperanza irreal en lo que no se ve ni se toca pero se sueña, delimitaron el centro de nuestro pueblo en su canción de existencia. El mundo, con la misma historia de todos los años por estos días, daba su vuelta correspondiente sin aparente cansancio de repetición y llegaba la Navidad, como si nunca la hubiéramos vivido, porque –además- se anunciaba floreciente, niña, a regalarnos lo que nadie nos daba, y a meter en fiaos a nuestros viejos, que fueron precisamente los inventadores de esa alegría, que es la llegada de Dios.
En las casas resucitaban los rosarios, y las velas sustituían a los tizones fogoneros; se suspendían los pleitos y se congelaban los instintos de procreación porque –por fin- recalaba Dios. Nos enseñaron, y aun se mantiene, que diciembre es tiempo de paz, reconciliación y amor (¿solo en diciembre?) y Jesús el de “Chico Goya”, mi amigo de infancia se aprovechaba y me reclamaba, cuando yo lo retaba “deja que pase diciembre, verjago, pa´que tu veas” . Mamá, igual que Ramona Real, Sósima, Mello, la señora Próspera, y tantas mujeres del pueblo, sembraron tradición de rezanderas en busca del Todopoderoso. Aquí en confianza les voy a comentar que papá, refiriéndose a las oraciones de mi vieja, decía entre risas burlonas: “y ésta de aquí, de tanto rezar, se irá a volver santa jajaja”. Lo bueno es que por sobre todos los travesaños de la vida, a mi pueblo –Altagracia- que muchos mientan los Hatos, siempre ha llegado la gracia del Señor, aunque sea un poquito tarde.
No hace mucho, cuando abundaban los pasajes y los aviones de “La Taca” esperaban a los pasajeros, y apareció la “parte de Margarita que navega en el mar” por obra de un emprendedor llamado Fucho Tovar, mi madre rezaba su rosario aislada de la vida pensando que Dios era de tierra firme. Ella creía que la Isla estaba abandonada por la voluntad divina, pero nunca ha sido así; solo que el presupuesto del gobierno daba únicamente para mantener dos sacerdotes que cubrieran las necesidades cristianas de sus devotos. Del portachuelo pa´bajo le tocaba al Padre Heredia, meter las ovejas en el carril, pero como en mi casa éramos cerca de veinte, mamá tenía miedo que no entráramos todos por aquel hueco, que ella no conocía pero que imaginaba muy pequeño para tanto diablo. Altagracia entera se acomodaba el 24 alrededor de la ceiba frente a la iglesia, en espera del ministro del Señor para confirmar el Nacimiento del Niño Jesús. Para llenar la ausencia del sacerdocio y mantener el sendero religioso, el Padre Heredia tenía la santa encomienda en todos los pueblos de esta región margariteña. En tan meritoria tarea, llegaba a nuestro pueblo como a las siete de la mañana del día 25, después de haber presenciado el advenimiento en la mitad de las poblaciones isleñas.
Luis Ñea, amigo y acomodador de los implementos de la iglesia, aseguraba que el Padre, con los ojos rebrotados y a media cabeza, le pedía ayuda para mantenerse en pie, porque había estado desde las doce de la noche repitiendo lo mismo en su sermón viajero, acompañado de su respectivos langanazos de vino de consagrar, por lo que un cansancio justificable, un desequilibrio sospechoso al caminar, y un tartamudeo poco prudente en su homilía, se confundían en su actuación. Con la sotana algo marchita, los espejuelos a media nariz y el solideo tipo ranchero, el sacerdote repartía generosamente sus bendiciones seguramente agradeciendo al Santísimo que –por fin- había llegado al último pueblo. Por esa sencillísima razón nuestro Creador nacía allá como a las ocho de la mañana. Un poeta popular aseguraba que hasta en eso Altagracia es especial, tanto que se afirma que allá se escribió la canta “El niño Jesús nació caminando con su maraquita pidiendo aguinaldo”. ¡Feliz Año!




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