Porlamar
25 de junio de 2019





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La enemiga del miedo
Preferimos ver el desgraciado pulso de lo concreto, reposar en el sótano de la indiferencia, sumergirnos en la máscara de la impaciencia. De esta manera, arremetemos negativamente contra todo.
Ángel Marino Ramírez V. @profesormarino

15 Mar, 2019 | Soy la enemiga del miedo y ando con mis tres elementos: el sueño, el impulso y el horizonte. Estos tres mundos componen mi alma. Soy quien conoció la muerte de tus antepasados y vio el afán de tu nacimiento. Soy quien te acompaña aunque no lo notes y además quien puede darte la mirada del ansia infinita. Si hay que luchar contra el miedo, acepta la propuesta que te hago. He viajado con el ser humano a través de los siglos. Dice un viejo proverbio japonés: “Es mejor viajar lleno de mí que llegar”. Puedo estar en la nada y puedo ser todo lo que tienes. ¡Esto no es una adivinanza! Es el latido vivo de mi grito desnudo en la hoja de este cuaderno. Siempre actúo de manera artística pues animo conciencias cuando las conciencias se amoldan a mí. Todavía no te diré mi nombre, por el momento solo quiero que te dispongas a jugar con mi primer mundo: el sueño.

En efecto, soñar es mi primer elemento. Allí aparezco sin principios utópicos, sin empíricos decires, sin limitantes conceptos y sin preguntas inquietantes. En el sueño, el oxímoron de la vida es real; la tensa calma puede ser admitida y los altibajos simplemente se aceptan. Sin embargo, uno de los problemas es que nos negamos a soñar. Preferimos ver el desgraciado pulso de lo concreto, reposar en el sótano de la indiferencia, sumergirnos en la máscara de la impaciencia. De esta manera, arremetemos negativamente contra todo. Mucho más si nuestras ilusiones han sido reducidas a restos de humo. Como enemiga del miedo, mi primera condición para que puedas tener mi nombre, es soñar. Desde allí, podrás ascender a mi segundo peldaño: el impulso.

Al hablar de impulso, recuerdo al escritor inglés y director de teatro Peter Brook que decía: “Una palabra no comienza como palabra, sino que es un producto final que se inicia como impulso”. En este sentido, si estudiamos bien nuestro andar vemos que las palabras que componen el contexto fueron producto de un impulso que trató de cumplir con un sueño. Ese impulso no está en la persona indecisa, en el mediocre o en el desesperado. Ese impulso solo se encuentra en el decidido, el preparado y el apasionado. Quiero decir, decidido para luchar con lo extraño y oculto; preparado para enfrentar la ignorancia y el descaro; apasionado para convertir el sueño en un hecho. No obstante, la brújula necesita orientarse hacia un objetivo y es allí donde mi lucha contra el miedo me hace buscar mi tercera extremidad: el horizonte.

En lo que concierne al horizonte, imagino que te has dado cuenta del recorrido de los planetas como un milagro de la ciencia cósmica. Ellos se mueven flanqueando obstáculos sin apartarse de su orbital misión. Claro, tienen un horizonte, tienen un impulso y hasta tienen noches para soñar. Desde luego, el impulso nos puede hacer andar, pero si no hay horizonte iremos de punto en punto vagando por el amplio mar del desconcierto. Ahora, que llego al fin de este cuaderno, confiaré en que soñarás un plan, impulsarás tu idea y fijarás un horizonte. Todo esto te llevará a reconocer que te ha hablado la esperanza, la enemiga del miedo, la inagotable utopía de tu alma. Hasta el próximo cuaderno.

¡Estudiante echa pa’lante!




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