Porlamar
22 de septiembre de 2019





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Sastres, costureras y escuelas de corte, costura y labores de la isla de Margarita
Para los años de 1531 y 1532, ejercían el oficio de sastre en la ciudad de Nueva Cádiz los señores Juan de Jadraque y Alonso de Herrera, este último pariente de Pedro de Herrera quien había sido alcalde mayor de Cubagua entre los años de 1528 y 1529 y para el mencionado período de 1531 y 1532, fungía como tesorero real de la urbe neogaditana.
Francisco E. Castañeda M. /fran.caman@hotmail.com

CORTESIA

(Tomado de: Fotografías y Videos (antiguos y viejos) de las islas de Margarita, Coche y Cubagua). / CORTESIA

1 Sep, 2019 | ANTECEDENTES
El vestido es y ha sido una prenda absolutamente necesaria utilizada fundamentalmente para cubrir y proteger al cuerpo humano, tradicionalmente vinculado con el pudor, es decir, con esa manera de resguardar la intimidad de las personas en función de las creencias y principios representativos de una determinada sociedad así como también con el sexo de los individuos pues, entre uno y otro, se establecen marcadas diferencias en lo que respecta al uso de ciertas indumentarias tal cual como sucede también con las actividades laborales, religiosas y personales.
El ropaje primario con el cual el hombre comenzó a cubrir su cuerpo fue elaborado básicamente con materiales adaptables, blandos, flexibles, no rígidos, de tal manera que pudiesen ser unidos o sujetados entrelazando un hilo a través de ellos mediante el uso de una aguja. Ninguno de esos elementos fue usado en su estado natural, tuvieron que ser modificados y transformados a través de varios procedimientos hasta llegar a convertirse en la materia prima de naturaleza textil componente principal para la confección de las variadas vestimentas. Es el caso, por ejemplo de las telas, elaboradas con hilos hechos de fibras diversas tanto de origen vegetal tales como: el algodón, el cáñamo y el lino e igualmente de procedencia animal, v. gr., el cuero, la lana y la seda. Actualmente, se elaboran diferentes tipos de telas artificiales con fibras sintéticas tales como la licra y el poliéster.
El tratamiento del tema que nos ocupa en esta oportunidad amerita de una revisión de sus antecedentes en esta entidad geohistórica desde una doble perspectiva: en primer término, sobre los comienzos del ejercicio, lato sensu, relacionado con este oficio y, en segundo lugar, respecto a la capacitación y adiestramiento institucionalmente reconocidos para preparar a las personas con la finalidad de lograr un mejor desempeño en este quehacer.


Una de las primeras referencias sobre la presencia de los individuos dedicados a esta actividad laboral en el actual territorio neoespartano la encontramos en el texto de la Ordenanza Real de fecha 30 de diciembre de 1532, cuyo contenido es como sigue:
“Ante la solicitud presentada por Pedro Ortiz de Matienzo, en la cual expone que, debido al envío de ropas hechas de paño y de lienzo ya confeccionadas hacia la isla de Cubagua, lo cual ha sido causa que los sastres y costureras que allí residen no ganarán de comer e no ternán con que se sustentar, por medio de la presente, mandamos e defendemos que agora ni de aquí adelante ninguna ni algunas personas de cualquier estado o condición que sea no sean osados de llevar ni lleven destos nuestros reinos ni de las nuestras Indias, islas e Tierra Firme del mar Océano a la dicha çibdad e isla de las perlas las dichas ropas hechas de lienço ni de paño para las ventas en ellas, so pena que el que lo contrario hiziere aya perdido e pierda las tales ropas e sean aplicadas e las aplicamos para nuestra Cámara e fisco”. Dada en la Villa de Madrid a 30 días del mes de diciembre año de mil e quinientos e treinta e dos años. Yo, la Reina (Ortografía original. Ordenanza Nº 147. Cedulario de la Monarquía Española relativo a la Isla de Cubagua, 1523-1550. Tomo I, págs..: 199-200).
Para los años de 1531 y 1532, ejercían el oficio de sastre en la ciudad de Nueva Cádiz los señores Juan de Jadraque y Alonso de Herrera, este último pariente de Pedro de Herrera quien había sido alcalde mayor de Cubagua entre los años de 1528 y 1529 y para el mencionado período de 1531 y 1532, fungía como tesorero real de la urbe neogaditana. Ambos sastres, participaron en las llamadas “armadas de rescate de Cubagua” cuya finalidad era la captura de los indios de la Tierra Firme para posteriormente venderlos como esclavos (Otte, E., 1977: 212, 213, 348, 500).


Es importante señalar, como referencia de especial significación, el hecho de que el indígena Juan Díaz, natural de la isla de Cubagua (negrillas del Autor), para el año de 1540 vivía en el Sector Puerta de Jerez de Sevilla donde “tenía instalado su propio taller de sastrería” (AGI, Justicia 908, N.1, citado en, Mira Caballos, E., 1996: 948). Al respecto, resulta válido preguntar ¿dónde aprendió ese oficio el cubagüés Juan Díaz? En principio, suponemos que haya sido en la propia Nueva Cádiz, previo obligatorio cumplimiento de las etapas siguientes: inicialmente, como aprendiz para luego ascender a la categoría de oficial y por último, alcanzar el reconocimiento como sastre. Ocho años es la diferencia de tiempo transcurrido entre la fecha de vigencia de la Ordenanza y la de su presencia en Sevilla por lo cual es muy probable que en ese lapso de tiempo haya podido adquirir las habilidades y destrezas necesarias para desempeñarse como alfayate (antigua denominación castellana de la palabra sastre). Asimismo, ¿Cómo llegó a esa ciudad andaluza y logró establecerse pocos años antes de haber sido abandonada la Nueva Ciudad de Cádiz de Cubagua? Resulta difícil dar una respuesta satisfactoria cuando son muy pocas las referencias documentales fehacientes que poseemos relacionadas con este caso, no obstante, es muy posible que hubiese sido a través de alguna de las tres posibilidades siguientes: como esclavo lo cual, desde nuestro punto de vista, no parece ser para este hecho específico una opción pertinente por cuanto eran muchos los trámites que debían ser resueltos tanto para obtener la libertad como para establecer un taller artesanal y poder ejercer el correspondiente oficio. Más bien, quizás pudo haber llegado como acompañante, ayudante o asistente de uno de los personajes importantes de la elite neogaditana o también, su presencia en esas tierras fue resultado de causas fundamentalmente afectivas como por ejemplo, el haber sido hijo natural de condición socioétnica mestiza reconocido por su padre de origen hispano . Sea como fuere, el hecho es que para mediados del siglo XVI había en la ciudad de Sevilla un poblador originario de estas tierras insulares ejerciendo su oficio de sastre.

Cortesia

(Tomado del Video: “Margarita. Corto Turismo Margarita”. Realizado por: Hamilton Wright Organization Inc. N.Y., 1940. Producción: Gobierno de Venezuela) / Cortesia

Una vez despoblada la Nueva Ciudad de Cádiz de Cubagua, la práctica de este oficio se continuó realizando pero ahora en la isla de Margarita. Así, según los resultados del Censo efectuado por del Gobernador Alonso de Río y Castro durante el año de de 1757, solo cuatro jefes de familia fueron empadronados como sastres, a saber: el mulato José Salazar en el Partido de La Asunción; el mulato forastero Antonio Acuso, quien vivía en el Partido del Puerto de Pampatar; el pardo Andrés José Hemríquez, residenciado en el Valle del Espíritu Santo y el pardo Pedro Barbatán, vecino del Partido de Santa Ana de El Norte (Gómez Rodríguez, A.F., 2004: 181-182).
Como se aprecia en la referencia anteriormente citada todos los individuos dedicados a la práctica de esta actividad laboral eran, desde el punto de vista socioétnico, mulatos y pardos, es decir, gente de color, pues dicho oficio al igual que el de los barberos, carpinteros, herreros, zapateros, etc., eran considerados como viles y mecánicos por tanto no podían ser desempeñados por los individuos pertenecientes a la nobleza incluyendo los hidalgos. Sin embargo, veintiséis años más tarde, en 1783, el rey Carlos III promulgó una Real Cédula mediante la cual se dignificaba socialmente a los oficios arriba mencionados.
En lo que respecta a las personas del sexo femenino censadas en el Padrón elaborado por el gobernador Río y Castro, se registraron un total de sesenta y dos mujeres que ejercían el oficio de costureras cuyas características socioétnicas abarcaban toda la gama colorida epitelial propia de la época. Así, vemos que había blancas nobles, blancas de segunda categoría, plebeyas, mulatas y pardas quienes estuvieron residenciadas en las localidades siguientes:
En La Asunción: veintiuna costureras de las cuales doce eran mulatas y nueve plebeyas.
En Pampatar: cinco costureras de las cuales una mulata, dos mestizas y dos blancas.
En Los Robles: trece costureras de las cuales dos nobles y once plebeyas
En El Valle del Espíritu Santo: nueve costureras de las cuales cuatro eran pardas, cuatro blancas y una mestiza.
En Guaraguao: diez costureras de las cuales siete blancas y tres mestizas.
En Conejeros: una costurera fenotípicamente parda.
En San Juan Bautista: tres costureras de piel blanca
(Ibídem, 83-84).


Cabe destacar que este oficio, en el caso específico de las mujeres y debido a la falta de escuelas especializadas, se enseñaba fundamentalmente en el seno familiar. Allí, se aprendían las nociones básicas relacionadas con este quehacer el cual iba mejorando gradualmente gracias a los frecuentes intercambios de información con vecinas al igual que con otras personas de mayor experiencia en el ejercicio de dicha actividad. El caso de los hombres era distinto pues se iniciaban como aprendices en un taller de sastrería donde adquirían las destrezas pertinentes de tal manera que, progresivamente y durante algunos años, iban superando distintas etapas hasta llegar a ser reconocidos como personas destacadas en ese oficio y a partir de ese momento se independizaban.


Durante el resto del período colonial y hasta bien entrado el siglo XIX, la elaboración de trajes y vestidos tanto para mujeres como para hombres se hacía de forma manual básicamente con aguja, hilo y dedal, siguiendo los patrones o lineamientos tradicionales en lo que respecta al diseño de las indumentarias, prácticamente sin ninguna innovación. A fines del mencionado período se introdujeron en el mercado nacional y regional las primeras máquinas de coser hechas de madera y de metal. Había dos tipos: inicialmente, “las de mano” las cuales tenían una manilla o manivela que se giraba con la mano derecha y con la izquierda se sujetaba la tela que se cosía a un ritmo más o menos acompasado (Colina, R., 1998: 235). Posteriormente, se usaron “las de pedal” o pieza accionada con el pie en vez de una manilla para controlar el movimiento vertical hacia arriba y hacia abajo de la aguja facilitando sobremanera el proceso de elaboración de los diversos tipos de ropas permitiéndole además a las costureras una posibilidad de poder generar mayores ingresos para atender el sustento familiar así como también, adecuar y actualizar sus confecciones sobre la base de los dictados establecidos por la moda internacional correspondiente a ese momento histórico cuando lo usual era, en el caso específico de las tradiciones y costumbres margariteñas, por ejemplo, tratar de que el poco ropaje de uso personal durase la mayor cantidad de tiempo posible tal como se evidencia en el fragmento del texto elaborado por el reconocido hombre de letras y político venezolano, Andrés Aurelio Level de Goda, relacionado con la Festividades de Nuestra Señora de El Valle en el año de 1881 y que a la letra dice lo siguiente: “Los vestidos que se estrenaron por 1870, son los mismos que usan hoy ¿Y por qué habrían de desecharlos, si están flamantes, como solo lo usan una vez al año? (Level de Goda, A.A., 1986: 14).
Cabe destacar que las máquinas de pedal de coser eran las preferidas de los niños porque en los momentos de descanso de las madres, aprovechaban para “pedalear” a gusto cual si fuera un juguete.

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(Tomado del Video: “Margarita. Corto Turismo Margarita”. Realizado por: Hamilton Wright Organization Inc. N.Y., 1940. Producción: Gobierno de Venezuela) / CORTESIA

Asimismo, es importante mencionar que en el territorio insular las máquinas de coser no se utilizaban únicamente para la confección de vestidos y demás indumentarias, también se usaban en la elaboración de otros productos artesanales como por ejemplo los derivados de las crinejas hechas a su vez con las tiras del cogollo de la palma datilera (Phoenix dactylifera). Así, vemos como, “expertas mujeres, auxiliándose de máquinas de coser a pedal o a mano, reducen las crinejas a sombreros con ala corta (pericos), sombreros especiales para hembras (pavas) y algunos otros objetos” (José M. Boadas, “La industria de los cogollos del datilero en San Juan Bautista”. Revista Margarita, Nº1, marzo de 1957, citado en Vila, M.A., 1958: 318).
Durante el año de 1883, en el período de gobierno de Antonio Guzmán Blanco denominado el Quinquenio (entre 1879 y 1884), se llevó a cabo en la ciudad de Caracas la Primera Gran Exposición Nacional de Venezuela cuyo propósito fue el de presentar “de la manera más exacta posible el estado actual de Venezuela y de su adelanto progresivo en la producción industrial, agrícola, científica, histórica y artística en sus distintas épocas, desde el siglo pasado a la fecha” (Ernst, A., 1986: 5, T.II).
En la Sección Segunda de dicha Exposición, en lo relacionado con el área de Máquinas y Utensilios, se incluyeron “las máquinas de coser, de bordar y demás aspectos relativos a los vestidos y objetos de adornos” (Ibídem, p.34, T.II). A continuación, presentamos un listado de las máquinas de coser expuestas en el citado Evento:
Ocho Máquinas de Coser: 4 de pie y 4 de mano, presentadas por la New Home Sewing Machine Co. Representante: E. Valiente.
Seis Máquinas de Coser a la mano y 8 Id. grandes de pie, enviadas por la Domestic Sewing Machine Co., representada por: E. Valiente.
Una Máquina de Coser, llamada Th Davis Sewing Machine. Representante: E. Valiente.
Ocho Máquinas de Coser, enviadas por The Singer Manufacturing Co., representada por E. Heny, agente de fábrica en Caracas (Ibídem, pág.: 523).
De acuerdo con el Jurado Evaluador, el premio establecido para el Área de Sección de Máquinas y Utensilios, le correspondió a la empresa The Singer Manufacturing Co.

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(Tomado de Gonzalez C., Milagros: “Una Vitrina para la Nación. La Exposición Nacional de Venezuela en 1883”. Caracas: El Desafío de la Historia. Año 1, Nº3, Pág.: 47). / CORTESIA

Según Adolf Ernst (1832-1899), profesor universitario, naturalista e investigador venezolano-alemán, responsable y curador principal de la mencionada Exposición, en lo que respecta a la importancia de las máquinas de coser, destacaba lo siguiente:
La máquina de coser es sin duda una de las invenciones más útiles de nuestro siglo y que más que ninguna otra ha contribuido a aumentar el confort de nuestras esposas, hermanas e hijas y a hacer menos penosa la suerte de millones de mujeres que deben coser para ganarse la vida […] Deseamos que venga pronto el día que no haya casa en Venezuela sin su máquina de coser. Ganarían así por cierto los fabricantes y sus agentes, pero mucho más ganarían las mujeres en tiempo, salud y comodidad de vida (Ibídem, págs..: 523-524, T.III).
Para mediados del siglo XX, la máquina de coser marca Singer era la más reconocida en todo el territorio nacional caracterizándose además por ser una de las primeras empresas establecidas en el país que inició la política promocional de ventas por cuotas lo cual le permitió alcanzar altos niveles de rendimiento económico tanto para la Agencia principal establecida en Caracas, el Almacén Americano, de Williams H. Phelps, así como también, para las comercializadoras regionales.
Uno de los distribuidores más importante de esa marca industrial en la isla de Margarita fue el establecimiento comercial denominado La Mercantil Porlamar. Sobre el particular, veamos el siguiente Aviso publicado en la prensa regional:

AVISO
LA MERCANTIL PORLAMAR
DE
VICENTE ORDAZ
Ofrece:
MÁQUINAS DE COSER “SINGER” A PRECIOS DE CONTADO Y POR CUOTAS.
PORLAMAR, CALLE EL COMERCIO
(El Margariteño. La Asunción, 15 de octubre de 1955 citado en Quijada de González, E., 1998: 263)


Durante la primera mitad de la centuria pasada en razón de la poca existencia de tiendas que vendiesen ropa previamente confeccionadas industrialmente tanto para damas como para caballeros, en la mayoría de los pueblos y ciudades del territorio insular muchas mujeres ejercieron el oficio de costureras. Así, por ejemplo, de acuerdo con los resultados del VII Censo Nacional de Población realizado en el año de 1941 encontramos que en el estado Nueva Esparta, 2.229 mujeres estaban dedicadas “a las actividades de la modistería que eran realizadas en el propio hogar” (Vila, M.A., 1958: 312-313).
En la ciudad de Porlamar era reconocida como una de las maestras en el ejercicio de este oficio la señora Belén Sánchez de Mata quien, además, tenía la honrosa responsabilidad de vestir y elaborar los trajes que anualmente luciría Nuestra Señora de El Valle en los distintos actos que se acostumbraban celebrar durante la realización de sus santas festividades (Gómez Rodríguez, A.F., 2004: 167) e igualmente, en lo relacionado con la ornamentación del Santo Cristo del Buen Viaje de Pampatar. Sobre el particular, el historiador insular José Rosa Acosta, refiere lo siguiente: “Manos de Belén Sánchez, Penélope entre pétalos, tejiendo lazos, descubriendo formas para el adorno anual sobre el mesón eterno” (Rosa Acosta, J., 1992: 12).
Destacaban también en el arte de la confección las costureras porlamarenses Lola y Carmen Salazar así como también la señora Luisa Faneite, residenciada esta última en la localidad de Punda quien era una de las preferidas por la mayoría de los sastres de esta ciudad para realizar las respectivas labores de costura a los diferentes trajes para caballeros diseñados por cada uno de esos artífices “del metro y la tijera”.


En cuanto a los sastres, para el año de 1896, ejercían ese oficio en la ciudad de Juan Griego los señores Rómulo Bor y Vicente Taborda, quienes tenían sus respectivos talleres en la Calle de la Iglesia. Asimismo, había varios comercios dedicados a las ventas de telas. La mayoría estaban ubicados en Calle La Marina (Gómez Rodríguez, A.F., 1988: 215).
Durante el año de 1930, en la Calle de La Marina, frente a la Plaza Arismendi de la mencionada ciudad de Juan Griego, los señores Domingo Ortiz Baptista (primer cortador) y Pedro Ortiz Rodríguez (segundo cortador), tenían su taller denominado “Mi Sastrería”, el cual era promocionado por la Difusora “Antena”, establecida en esa localidad con el siguiente mensaje publicitario: “Mi Sastrería” de Domingo Ortiz B., donde le confeccionarán un traje que no hay pa’nadie” (Ibídem, págs.: 291 y 317). De tiempos más recientes: Cruz Eugenio Bonive con su Sastrería “La Preferida”, Armando Bor y Evaristo Ortiz (Gómez Rodríguez, A.F., 2004: 182).
Para el año de 1895 ejercía el oficio de sastre en la ciudad de La Asunción el señor Balbino Mosquera de veinticuatro años de edad, quien complementaba esa actividad sirviendo como funcionario de las Fuerzas Armadas de Margarita con el grado de Alférez (Navarro, N., 1994. 49).


Refiere el historiador José Marcano Rosas, que en la ciudad de La Asunción estuvo residenciado en la casa natal del general Juan Bautista Arismendi un sastre de origen trinitario de nombre Charles Ferrow, apodado “Feroz”. Se trataba de una persona fenotípicamente de piel negra, “feo, apacible y gentil” a quien el poeta Miguel Ángel Rojas, le dedicó el verso siguiente:
Si Arismendi a su tierra volviera/ y a “Feroz” en su casa encontrara,/ de una sola patá que le diera/ más allá de San Pedro lo enviara/” (Marcano Rosas, J., 1979: 135).
En épocas más recientes, en la capital neoespartana, fueron reconocidos como especialistas en el arte de la creación y confección de las prendas de vestir masculinas los señores Héctor Quijada y Jesús “Chiquito” Suniaga
(Gómez Rodríguez, A.F., 2004: 168).
Para el año de 1898, funcionaban en la ciudad de Porlamar dos sastrerías: La Primavera, de José J. Aristimuño y la de Luis D´León (Rosa Acosta, R., 2010: 105). Años después, durante las décadas de 1940 y 1950, ejercían el oficio de sastre los señores: Teódulo Alfonzo, Jesús Aristimuño Mata, Alfonso “Pañón” Cadremí, Victor Freites, Cruz Indriago, Juan de Mata, Luis “Mabita” Ordaz y Pedro Sanabria. Igualmente se desempeñaron en ese oficio los inmigrantes de origen italiano: Francisco Arcuri, Giuseppe Coppola, Jacinto Cantagalio (“cantagallo”en el lenguaje coloquial) y Francisco Fortino (Colina, R., 1998: 207).


Las telas para la confección de trajes, pantalones, camisas, y otras prendas de vestir masculinas generalmente se adquirían en el almacén de Manuel Vicente Rodríguez o también en la tienda de Víctor Julio Torcat, donde se encontraban “las mejores telas para satisfacer el gusto más exigente” (Zona Libre, 7-VII-1945.Véase también, Gómez Rodríguez, A.F., 1978: 13). Menciona el escritor margariteño Rubén Colina que también se podían comprar los distintos cortes de tela a las “jateras”, es decir, a las señoras procedentes de la población de Los Hatos quienes vendían diversos y variados tipos tales como: casimir, linos y gabardinas inglesas. Para demostrar la calidad de tales textiles le pasaban un “un fósforo encendido y no se quemaban”. Asimismo, solían remojar las telas antes de coserlas pues de esa manera comprobaban que no se encogerían una vez confeccionada la prenda de vestir (Colina, R., op. cit.: 207).
Según los bienintencionados y jocosos comentarios populares del Porlamar de la época, más ficción que otra cosa, referían, por ejemplo, que al señor Cantagalio o mejor dicho Cantagallo, “había que darle una fecha adelantada, porque se corría el riesgo de no contar con el flux para la hora solicitada. De todos ellos, el especial era Teódulo Alfonzo: ‘¡Que el pantalón va por encima del maruto! Pero yo no uso los pantalones tan altos, respondía el cliente. ¡Ah! Ud. es de esos afeminados que los usan en las caderas. ¿Seguro que quiere los pantalones pegaditos? Preguntaba Teódulo. Respondía el joven: Pero…es que así es la moda. ¡Qué moda, ni que moda! ¡No parecen hombres! Retrucaba el sastre”. Los pantalones de los hombres deben ser de bota recta y con ruedos. ¡Estos carajos de hoy van a parar en mariscos!” (Ibídem).


Ahora bien, desde fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el país vive un momento de transformación económica y social por demás interesante lo cual se refleja en los nuevos roles que comienzan a desempeñar las mujeres. En términos generales, hay un mayor reconocimiento hacia ellas lo cual se evidencia en el interés por contribuir a mejorar su proceso formativo. Así, en el año de 1893, se creó la Escuela Nacional de Mujeres cuyo plan de estudios contemplaba la asignatura “Costura y demás labores mujeriles”. Posteriormente, según el Decreto Nº 11.312 de fecha 28 de octubre de 1912, se creó la Escuela de Artes Y Oficios de Mujeres, cuyo objetivo fundamental era la enseñanza y formación de profesiones propias de naturaleza femenil. Entre los cursos ofrecidos estaba el de “Costura, labores de mano y tejidos de sombreros” (Uzcátegui Pacheco, R.A., 2018: 169-170).
Durante el año de 1918, el Ministerio de Instrucción Pública estableció que en la Escuela Normal Primaria de Mujeres se dictase una clase semanal de Corte y Confección de Vestidos (Peñalver Bermúdez, L. R., 2014: 30). No obstante, desde el 10 de septiembre de 1916, funcionaba en la ciudad de Porlamar una Escuela de Corte y Costura, cuya preceptora era la señora Celia M. de Hernández (Carrasquero, D., comunicación personal suministrada vía correo electrónico el día sábado 20 de julio de 2019, incluido el ANEXO al final del texto).


Resulta importante mencionar, en lo que respecta al estado Nueva Esparta, que el funcionamiento académico de tales Institutos Educacionales se encontraba bajo la supervisión del Ejecutivo Regional tal como se evidencia en el Diploma con el cual hemos ilustrado el presente Artículo/Crónica y asimismo, con la referencia que presenta el periodista Pedro Claver Cedeño en su columna “Margarita en la Historia” respecto al día 18 de julio de 1942 y cuyo texto es como sigue: “se realizó el examen de la Escuela de Corte, Costura y Confección, Nº6, dirigida por la señora Francisca Antonia Millán estando integrado el Jurado Examinador designado por el Ejecutivo Regional por los señores: Pedro Sanabria, Luis Francisco Frontado y Luis María Frontado” (Diario El Caribazo, 18 de julio de 2014).
Como resultado de la revisión realizada personalmente en la documentación que reposa en el Archivo de la Gobernación del estado Nueva Esparta respecto a las mencionadas Escuelas de Corte, Costura y Labores estatales durante el año de 1943, a continuación presentamos la información siguiente:
RESUELTO
El ciudadano Presidente del Estado ha tenido a bien disponer que los Exámenes Generales de las Escuelas de Corte y Costura y Labores de esta Entidad Federal, se verifiquen en el presente año de 1943 con los Jurados y en los días que se expresan a continuación:
ESCUELA Nº 1. Porlamar. Directora: Belén Sánchez de Mata. Jurado Examinador: Ezequiela de Salazar, Carmen Salazar y Pedro Sanabria. Día: 4 de julio.
ESCUELA Nº 2. Porlamar. Directora: Emilia García Chafardette. Jurado Examinador: Belén de Mata, Pedro Sanabria y Cruz Indriago. Día: 11 de julio.
ESCUELA Nº 3. La Asunción. Directora: Consuelo González Ávila. Jurado Examinador: Pastora Marcano, Honorina Guevara y María J. Navarro. Día: 15 de julio.
ESCUELA Nº 4. Juan Griego. Directora: Ana Justa Velásquez. Jurado Examinador: Mercedes de Romero, Matilde González y Domingo Ortiz. Día: 10 de julio.
ESCUELA Nº5. San Juan Bautista. Directora: Juana de León. Jurado Examinador: Patricia Millán, Carmen Susana Herrera y Francisco Boadas. Día: 15 de julio.
ESCUELA Nº 6. Pampatar. Directora: Francisca Antonia Millán. Jurado Examinador: María Luisa Frontado, Pedro Sanabria y Cruz Indriago. Día: 18 de julio.
ESCUELA Nº 7. Punta de Piedras. Directora: Dolores Sánchez Pérez. Jurado Examinador: Belén de Mata, Carmen de González y Pedro Sanabria. Día: 24 de julio.
ESCUELA Nº 8. Santa Ana. Directora: Gloria Rodríguez. Jurado Examinador: Isabel María Pérez, Juana Hernández y Pedro Sanabria. Día: 25 de julio.

(Fuente: Poder Ejecutivo del Estado Nueva Esparta: Gaceta Oficial del Estado Nueva Esparta, Año XXXIV, Mes XI, Nº 718, 30 de julio de 1943).
Sobre el particular es interesante señalar que de acuerdo con el contenido de la Ley de Educación Nacional promulgada el 24 de julio de 1940, le correspondía al Estado Venezolano velar por el desarrollo del aspecto educacional en todos sus órdenes tanto a nivel regional como nacional (Peña Rosales, L., 2001: 170). De allí pues que haya sido el Ejecutivo Regional, tal como hemos visto en este caso, el ente responsable del nombramiento de los jurados y fechas de exámenes de las mencionadas Escuelas de Corte, Costura y Labores de la región insular.
La asignación establecida por el Gobierno estatal durante el año de 1943 para el funcionamiento de las mencionadas Escuelas, fue la siguiente:
2 Escuelas de Corte y Costura en Porlamar a Bs. 110 cada una, inclusive el pago del local: Bs.220.
1 Escuela de Corte y Costura en La Asunción, incluyendo el alquiler del local: Bs. 110.
1 Escuela de Corte y Costura en Juan Griego, incluyendo el alquiler del local: Bs. 110.
1 Escuela de Corte y Costura en San Juan Bautista, incluyendo el alquiler del local: Bs. 100.
1 Escuela de Corte y Costura en Santa Ana del Norte, incluyendo el alquiler del local: Bs. 100.
1 Escuela de Corte y Costura en Pampatar: Bs. 80.
1 Escuela de Corte y Costura en Punta de Piedras: Bs. 80.

(Fuente: Tesorería General. Gaceta Oficial del Estado Nueva Esparta, Nº 718, 30-VII-1943).
Es importante mencionar que para ese año había una persona estudiando en la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad de Caracas becada por el Gobierno insular con un monto asignado de cincuenta bolívares mensuales (Ibídem).


A continuación leamos la siguiente reseña periodística relacionada con la realización de los exámenes finales en la Escuela de Corte y Costura de Porlamar:
LUCIDO EXAMEN DE LA ESCUELA DE CORTE Y COSTURA DE PORLAMAR
El día 5 de julio de 1945 se llevó a efecto el examen de Corte, Costura y Labores que en esta ciudad de Porlamar dirige la competente profesora Sra. Belén Sánchez de Mata. El número de alumnas que se presentaron todas salieron con notas sobresalientes por lo cual tanto las referidas alumnas como la Directora del plantel recibieron muchas felicitaciones. Luego de terminado el acto de pruebas se organizó una simpática fiesta en donde la buena música hizo posible varias horas de baile. Felicitaciones a la señora profesora Belén de Mata y a sus aprovechadas alumnas (Zona Libre: Porlamar, sábado 7 de julio de 1945. Año 7, Nº 706).
ADENDA
Como parte de las políticas dirigidas a lograr una mejor capacitación de la población juvenil insular llevadas a cabo por los organismos oficiales tal como hemos visto con las Escuelas de Corte, Costura y Labores durante la década correspondiente a los años de 1940 del siglo próximo pasado, el Concejo Municipal del Distrito Mariño, también durante ese período de tiempo, tuvo bajo su responsabilidad la ejecución y desarrollo de una importante alternativa académica orientada hacia la formación para el trabajo de los jóvenes del municipio: La Escuela de Contabilidad y Mecanografía. Sobre el particular, leamos el comentario publicado en el periódico Zona Libre de la ciudad de Porlamar:
RINDEN EXAMEN LOS ALUMNOS DE CONTABILIDAD
El día primero del presente mes se efectuó en el local donde funciona la Escuela Federal Maneiro de esta ciudad el examen de los alumnos de la Escuela Municipal de Contabilidad y Mecanografía que dirige la señorita Lourdes Rodríguez Ávila. Los exámenes dieron un magnífico resultado al extremo que los doce alumnos que presentaron alcanzaron las calificaciones de sobresalientes con 20 puntos.
Egresados: Dina Salazar, Ligia Mata, Luis Ramón García, Ramón Rodríguez Caraballo, Jesús Rojas, Luis Borjas, Juan José Guilarte, José Rafael Narváez, Moisés Marcano Tenías, Ángel Caraballo, Virgilio Laborí y Aurelio Marcano.
Jurado: Señoritas Solange Hernández y Alicia Moraos, Presidenta y Secretaria respectivamente y los señores Manuel Subero y Julián Sánchez Pérez, Vocales (Zona Libre: Porlamar, miércoles 4 de julio de 1945).

ANEXO

Cortesia

Escuelas de corte y costura en Nueva Esparta / Cortesia

FUENTES CONSULTADAS
FUENTES PRIMARIAS AUDIOVISUALES
GOBIERNO DE VENEZUELA (producción): Margarita. Corto Turismo Margarita. Realizado por: Hamilton Wright Organization Inc. New York, 1940.
FUENTES PRIMARIAS IMPRESAS
Cedulario de la Monarquía Española relativa a la isla de Cubagua, 1523-1550. Caracas: Biblioteca de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales. Serie: Los Siglos Provinciales, Nº3, 1984, Tomo I.
EJECUTIVO DEL ESTADO NUEVA ESPARTA: Gaceta Oficial del estado Nueva Esparta. Año XXXIV, Mes XI, Nº 718, 30-VII-1943.
ZONA LIBRE (Periódico): Porlamar, sábado 7 de julio de 1945, Año 7, Nº 706.
FUENTES BIBLIOHEMEROGRÁFICAS
CEDEÑO, Pedro Claver: “Margarita en la Historia”. Diario Caribazo. Porlamar, 18 de julio de 2014.
COLINA, Rubén (1998): Margarita la de Ayer. Tras el Rastro de una Identidad Extraviada. La Vecindad, Isla de Margarita: Editorial Raidis.
ERNST, Adolf ([1884] 1986): La Exposición Nacional de Venezuela en 1883 (Compilador. Blas Bruni Celli). Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República. Obras Completas, T. II y T. III.
GIL-BERMEJO GARCÍA, Juana (1983): “Indígenas Americanos en Andalucía”. Andalucía y América en el siglo XVI. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos. Págs.: 535-555.
GÓMEZ RODRÍGUEZ, Ángel Félix (1978): Pueblo de la Mar. Porlamar, 1940-1950. Su Gente y sus Oficios. Juan Griego, Isla de Margarita: Artes Gráficas ARPÓN.
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